Cumbres, abismos y desencuentros
Quizá el presidente conservador español habría estado más certero que nunca si hubiera rematado su discurso en la cumbre con su frase más celebrada: “Fin de la cita”.
Basta mirar sólo la lista de asistentes de aquella primera cita, entre el 18 y 19 de julio de 1991 en Guadalajara, y compararla con la de preponderantes ausencias, en el fallido encuentro programado para el 18 y 19 de octubre pasados en Ciudad de Panamá, para comprender que los tiempos han cambiado para todos, o casi todos. La primera convocatoria, en suelo mejicano, contó con la presencia de 22 jefes de Estado y de gobierno, entre los que emergían como figuras convocantes el Rey Juan Carlos I de Borbón y el entonces presidente del gobierno español, Felipe González, junto a los portugueses Aníbal Cavaco Silva y Mario Soares. Por el lado de esa entidad llamada Iberoamérica, ningún mandatario quiso faltar ni quedar fuera de una foto que, hay que decirlo, bien podría haber servido años después para muestrario de gobernantes que, una vez lejos del poder (o incluso antes), recibieron procesamientos o condenas por hechos diversos.Ese listado incluía a Carlos Menem, Fernando Collor de Mello, Carlos Andrés Pérez, Alberto Fujimori, o el anfitrión Carlos Salinas de Gortari, entre otros. Pero más allá de sus ocasionales participantes, las cumbres iberoamericanas que comenzaron a celebrarse 22 años atrás tenían condimentos que las hacían singulares y las convertían en cita obligada de quienes guiaban los destinos de una América que buscaba su espacio en el mundo y una Península Ibérica que no se resignaba a ser la hermana pobre de la incipiente nueva Europa. Detrás de la escena Más allá de los infaltables cruces de posiciones entre los postulados neoliberales de Menem frente a la prédica antiimperialista que traía desde Cuba Fidel Castro (aunque fuera de las discusiones se asegura que intercambiaban habanos con buenos vinos), y aparte de la idea originaria de Madrid de liderar un espacio al que Estados Unidos siempre desdeñó como desordenado patio trasero, las cumbres tropezaban casi siempre con la futilidad o la falta de concreción de objetivos demasiado ambiciosos. Con el correr de los años, cada encuentro dejó imágenes que tienen que ver con lo simbólico o folclórico más que con proyectos compartidos que llegaban a término. Incluso en ese plano, serán muchos más los que recuerden el "¡¿Por qué no te callas?!" que Juan Carlos le espetó a Hugo Chávez en noviembre de 2007 en Chile, que los conocedores de las razones que llevaron a la intempestiva frase del hoy menguado monarca. Chávez, afianzado por entonces en el Palacio de Miraflores, recordaba la injerencia del expresidente español José María Aznar en el fallido golpe que lo había apartado del poder por un par de días en abril de 2002, superponiendo su queja a una defensa que de su antecesor hacía el entonces jefe de la Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero.Ya no gobiernan Aznar, ni Chávez, ni Zapatero; y al rey cazador, los recurrentes problemas de salud y las oscuras operaciones de su yerno exdeportista parecen invitarlo a ceder una corona cada vez más decorativa e incómoda en una Europa en crisis. Como contrapartida, los procesos de integración en las que fueran colonias de España y Portugal conformaron nuevos bloques como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) o la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac), cuya génesis tuvo entre otros, un aspecto contestatario hacia quienes desde afuera se beneficiaron de las riquezas naturales del continente. Ausentes con aviso En ese contexto, no sorprendió el paulatino desinterés y los faltazos notables en las cumbres iberoamericanas, cuya repetición anual sonaba hace mucho exagerada y estéril. Aunque quizá nadie imaginó tantas ausencias como las de Panamá, donde sólo fueron 12 de los 22 invitados. Ni el Mercosur, representado sólo por el flamante mandatario paraguayo Horacio Cartes, ni la Alianza del Pacífico, por la que estuvieron el colombiano Juan Manuel Santos y el mejicano Enrique Peña Nieto, pero no Sebastián Piñera ni Ollanta Humala apostaron al evento. Otras ausencias notables por diferentes razones, como las de Dilma Rousseff, Cristina Fernández, José Mujica, Evo Morales, Rafael Correa o Nicolás Maduro, entre otros, parecieron dejar solo en el escenario a Mariano Rajoy. Pese a que para 2014 se confirmó el encuentro en Veracruz y se anunció que –tras ella– las cumbres serán cada dos años, quizá el presidente conservador español hubiera estado más certero que nunca si remataba su discurso con su frase más celebrada por imitadores y redes sociales: "Fin de la cita".

