
La lección de Hungría para Trump y Milei
Por
Redacción La Voz
El dirigente centroderecha y proeuropeo Péter Magyar juró este sábado como nuevo primer ministro de Hungría y marcó oficialmente el final de los 16 años de gobierno de Viktor Orbán, una de las figuras más influyentes del nacionalismo conservador europeo.
La ceremonia se realizó en el Parlamento de Budapest, un mes después de que el partido opositor Tisza lograra una amplia victoria en las elecciones legislativas. El nuevo oficialismo obtuvo 141 de los 199 escaños parlamentarios, consolidando una mayoría que le permitirá impulsar profundas reformas institucionales.

Durante su discurso de asunción, Magyar convocó a los húngaros a “escribir juntos la historia” y a “cruzar la puerta del cambio de régimen”. “Hoy, toda persona amante de la libertad en el mundo quiere ser un poco húngara”, afirmó ante miles de simpatizantes reunidos frente al Parlamento.
La salida de Orbán representa uno de los cambios políticos más significativos en Europa Central de los últimos años. El ex primer ministro gobernó Hungría desde 2010 y construyó un modelo político nacionalista y conservador que fue cuestionado por la Unión Europea por temas vinculados al estado de derecho, la independencia judicial y la libertad de prensa.
Magyar, de 45 años, había formado parte del entorno político de Fidesz, el partido de Orbán, hasta su ruptura pública en 2024. Desde entonces, se convirtió en la principal figura opositora y basó su campaña en denuncias de corrupción y promesas de renovación democrática.
En su intervención ante el Parlamento, aseguró que los ciudadanos otorgaron a Tisza un mandato “no solo para cambiar el gobierno, sino también el sistema”. “Hungría se convirtió en el país más corrupto de la Unión Europea”, sostuvo. Además, prometió investigar a funcionarios y empresarios ligados al anterior gobierno.

El nuevo primer ministro también pidió la renuncia de funcionarios designados durante la gestión de Orbán y reclamó la salida del presidente Tamás Sulyok antes de fin de mes.
La jornada estuvo marcada por un clima de festejo en las calles de Budapest. Miles de personas siguieron la sesión parlamentaria desde pantallas gigantes instaladas frente al edificio legislativo.

Cada aparición de Magyar fue recibida con aplausos y cánticos, mientras que legisladores de Fidesz y del partido ultraderechista Nuestra Patria fueron abucheados por parte del público.
Uno de los gestos simbólicos más celebrados fue el regreso de la bandera de la Unión Europea al Parlamento húngaro, después de que el gobierno de Fidesz la retirara en 2014.
El nuevo gobierno busca recomponer la relación con Bruselas y destrabar miles de millones de euros en fondos europeos que permanecen congelados debido a conflictos institucionales con el anterior gobierno.
La futura canciller, Anita Orbán —sin parentesco con el ex primer ministro— aseguró que la fecha de la asunción no fue casual, ya que coincidió con el Día de Europa. “El mensaje es claro: Hungría pertenece a Europa”, escribió en redes sociales.
Magyar ya mantuvo reuniones con funcionarios europeos y anunció medidas para despolitizar medios estatales y revisar estructuras administrativas creadas durante la gestión de Orbán.
A pesar de la euforia inicial, el nuevo oficialismo enfrenta importantes desafíos económicos y políticos. Hungría atraviesa un período de estancamiento económico y mantiene un elevado déficit fiscal, mientras que áreas clave como salud y educación presentan problemas estructurales.
Además, Orbán dejó una fuerte red de influencia en el Poder Judicial, los medios de comunicación y organismos estatales, lo que podría dificultar la implementación de reformas rápidas.
El nuevo Parlamento también marca un cambio histórico en términos de representación: más de una cuarta parte de los legisladores serán mujeres, el porcentaje más alto desde la caída del comunismo en 1990.
Entre las nuevas figuras del gabinete se destaca el abogado Vilmos Kátai-Németh, quien será el primer ministro con discapacidad visual en integrar un gobierno húngaro, al asumir el área de asuntos sociales y familiares.
La llegada de Magyar al poder también supone un reordenamiento político interno. Por primera vez desde la democratización de Hungría, Orbán no ocupará un escaño parlamentario.
El exmandatario, de 62 años, anunció recientemente que se enfocará en reorganizar su movimiento político tras la derrota electoral. Mientras tanto, en las calles de Budapest continuaban este sábado los festejos de simpatizantes de Tisza, que celebraban el fin de un ciclo político que dominó Hungría durante más de una década y media.
“El sistema finalmente terminó”, escribió el alcalde liberal de Budapest, Gergely Karácsony, en redes sociales. “Ahora es momento de agradecer a quienes resistieron durante todos estos años”.