A favor: Toda la carne al asador
Nicolás Lencinas
Todos los años, el comentario es el mismo: no voy a ver esa mier… Sin embargo, aquí estamos todos hablando de Gran Hermano.
El regreso en formato “Generación Dorada” dio que hablar desde que Andrea del Boca puso un pie en la casa más famosa del país. La reconocida actriz rompió el molde de su carrera y se metió en el barro para comandar el ingreso de diversas personalidades.
Detrás de ella, entraron famosos como la exvedete Divina Gloria, el exfutbolista Brian Sarmiento, el confidente de Wanda Nara, Kennys Palacios; los ex Gran Hermano Emanuel, Solange y Eduardo; y caras conocidas del mundo influencer como Gabriel Lucero, Lola Poggio y Danielik. Por si faltara algo, Pincoya, Carmiña y Mavinga fueron las extranjeras elegidas para convivir.
El resultado, hasta ahora, fue positivo. Andrea mostró sus dotes actorales en varias oportunidades, Pincoya es la encargada de meter el dedo en la llaga cuando nota a alguien picante que le pueda competir y Sarmiento intenta llevar la voz cantante en el amplio grupo de participantes.
El chimichurri viene casi por decantación: Divina Gloria abandonó la casa por problemas de salud y Daniela de Lucía salió por el fallecimiento de su padre. De todos modos, volvió al juego.
Tal vez faltó algún peso pesado más, del estilo de Del Boca, para equilibrar esa balanza que se lleva puesto el protagonismo de la actriz. Sin embargo, como suele suceder en cada inicio de edición, la olla a presión todavía no estalló y el darwinismo, antes que el juego propio, ya tuvo en el dueño de Gente Rota al primer eliminado.
Siempre se renueva la atracción. Ya sin tanta fuerza como el de 2002 o el de la aparición de Furia, el reality se mantiene en boca de todos por la escasez de programas que tiene hoy la televisión argentina. Tal vez perdamos el entusiasmo, pero no se puede negar que Santiago del Moro y los suyos tiraron toda la carne al asador.
En contra: Lo de siempre y un caño
Javier Colomer
Gran Hermano Generación Dorada es el nuevo título que le pusieron a la cuarta edición conducida por Santiago del Moro. Le dimos una última chance y, resumido en pocas palabras, es como las anteriores, pero con más gente que no es argentina, algunos influencers de TikTok y Andrea del Boca. Todos acomodados.
No fueron tan valientes para copiar a El Hotel de los Famosos, porque famosos en esta edición no hay –sacando a Del Boca–. El casting se basó en ser "hermanos de, amigos de, pareja de" y algún que otro exhermanito.
La nueva edición confirma algo que ya no sorprende: el formato sigue funcionando, pero cada vez dice menos.
Lo que alguna vez fue un experimento social –a lo Truman Show o el mismísimo 1984 que le da el nombre al reality– hoy parece una maquinaria repetitiva que recicla conflictos guionados, personajes forzados y una narrativa cada vez más predecible.
Para el segundo día, ya dos participantes se dieron de baja. No los culpo. La primera prueba del líder, a la cual fueron preparados con su ropa deportiva, fue explotar globos... acaso ¿se quedaron sin presupuesto?
Tal vez la plata fue a otro lado. Como a la "gran remodelación" de la casa, es decir, cambiar de lugar las puestas de las habitaciones, pintar de dorado las paredes para hacerle justicia al nombre y esos sillones tan cuestionables.
Y como si fuera poco, un caño en el medio de la casa y del Moro insistiendo a los participantes para que tengan relaciones sexuales, porque "si se duermen, hay miles esperando".
En definitiva, Gran Hermano 2026 no es un fracaso porque sigue generando rating, pero sí es un síntoma: el de una televisión que apuesta a lo seguro, aunque eso implique volverse irrelevante en contenido. Se ve, se comenta, pero cada vez se recuerda menos, como la última edición...

