Entrevista. Sofía de Ciervo: "Le vine a arrebatar al tango su carácter de museo"
A sus 25 años, con formación lírica y una mezcla de sintetizadores, beats urbanos y arrabal porteño, lanzó Punga: un disco que la llevó a los Premios Gardel y que propone un tango que incomoda, seduce y no pide permiso.
Sofía de Ciervo sonríe casi todo el tiempo. Su pelo bicolor y su manera de hablar en plural ("nosotros", "el equipo", "lo que construimos") dicen algo sobre ella antes de que empiece la entrevista. El proyecto lleva su nombre, pero ella es la primera en aclarar que sola no es. "Un artista solo no existe, en ningún tipo de dimensión. Ir sola es un horror", sentenció con la misma convicción con la que después hablará de tango, de feminismo y de dos años de hacer y deshacer hasta que algo finalmente sonó como tenía que sonar.
Tiene 25, estudió canto lírico y terminó haciendo algo que los puristas del género preferirían no escuchar: un tango que perrea, que molesta, que podría ir al boliche.
Punga, su primer disco, salió en 2025 bajo el sello Elefante en la habitación, con producción de Tatu Estela y colaboraciones de MARTTEIN y Tomi Lago. La nominación a los Premios Gardel como mejor nueva artista llegó casi antes de que el proyecto terminara de definir qué era.
Del canto lírico al arrabal
Sofía no viene de una familia tanguera. No tuvo un abuelo que le pusiera Troilo a las siete de la mañana. Llegó al tango por la calle, literalmente.
"Me mudé a Buenos Aires y de repente me encontraba con el Boliche de Roberto, un tanguero que te hace llorar o un tanguero en la calle. Al ver ese tipo de tango dije 'eso es Buenos Aires'", recordó.
"El tango viene de la noche, la prostitución. Había algo de esa cosa urbana que nace en Buenos Aires que me interpeló", agregó.

En ese momento, la escena del soul y el neo-soul porteño estaba en pleno boom. Sofía cantaba en ese registro, pero algo no terminaba de cerrar. "No sentía que era lo que tenía que hacer."
La referencia que la orientó fue la salteña Feli Colina, precursora del folklore moderno. "Dije, bueno, hagamos con el tango una nueva forma de escucharlo y producirlo. Fue una decisión de exploración, de ese arrabal, y de la fórmula tanguera, más que del tango como género formal", señaló.
La formación lírica le dejó algo concreto: el conocimiento profundo de su voz. "Estar explorando de esa manera te lleva a conocer muy bien tu instrumento, a cuidarlo. Usé todas las voces que aprendí a hacer para llevarlas a mi música", rememoró sobre sus años en el conservatorio.
"Hay que seguir muchas reglas. Es un camino muy cerrado y siempre me faltaba cinco para el peso. Por más que estudie y sea la mejor alumna, siempre me va a faltar algo porque no puedo poner eso propio", añadió respecto a la rigidez académica que descartó para poder seguir su propio camino.
Hacer, deshacer, volver a hacer
Punga no salió a la primera. Tampoco a la segunda. El disco se hizo tres veces. "Sonaba a algo que ya había sonado, caíamos en lugares comunes. No encontraba al productor para trabajar", explicó Sofía sobre las adversidades que enfrentó con su equipo.
Finalmente, la clave fue dar con Tatu Estela, alguien que no tuvo miedo de romper estructuras. "Le dije 'quiero que en el disco no haya guitarras ni bandoneón. Hagamos con piano y contrabajo cosas que no caigan en lugares comunes'. Fue ver cómo creamos eso, que la voz esté siempre adelante, que el tempo esté roto, hagamos algo súper raro y atrevámonos a irnos al choto para después volver", dijo.
La imagen también se rehízo desde cero. "Dijimos 'no, vamos a dar vuelta todo. No está sosteniendo la imagen al sonido que estamos creando'", recordó Sofía. El proceso fue agotador y fructífero al mismo tiempo.
El momento en que supo que habían llegado no vino de una decisión racional. "Lo sentimos cuando nació -contó-. Lo veníamos tocando en vivo y, cuando cambiamos toda la estética y terminamos de armar todo el concepto, empezó a llegar más gente al proyecto. Desde que empezó esa resonancia nos dimos cuenta que era por ahí".
El título del disco condensa todo el universo que construyeron. Punga, según lo describe la artista, es el arquetipo de la villana nocturna que va robando energías, alimentándose de los demás. "Es un personaje muy de Buenos Aires. Esto de ir pisando cabezas, comiendo cabezas. Eso es algo que al mudarme acá empecé a ver y cómo es un personaje que hay que tener por las dudas", señaló.
La historia que eligió contar es la de cómo ese personaje puede salvar a las mujeres de ser, en sus palabras, "corderitos de la noche".
Molestar como método
La etiqueta "tango reggaetón" genera reacciones. Les han dicho que Troilo se estaría revolcando en la tumba, pero Sofía lo recibe con una sonrisa. "Me encanta porque quiere decir que hay algo de esa molestia para romper el molde que se armó muchos años", declaró y, a la vez, dejó en claro que la provocación tiene un objetivo concreto: alcanzar. a las nuevas generaciones. "Si algún día estamos en el boliche, en un antro, y suena un tango perreo reggaetón, listo. Misión cumplida", sumó.

La discusión sobre el machismo en el tango la ubica en un contexto más amplio. "No solo existen esas estructuras en el tango, existen en la música. Las primeras caras de Argentina siempre son hombres, los 'disruptivos', cuando en realidad las mujeres venimos construyendo un camino disruptivo hace muchos años", destacó.
En ese sentido, explicó que son las letras del tango tradicional parte de lo que quiso intervenir. "Las melodías te hacen llorar, pero si uno se pone a escuchar las letras, es polémico. Me gusta esto del pinche del tango, el tango puntiagudo, molesto, que el tango vuelva a ser molesto en las letras, en la música, en cómo está armado", reveló.
Cuando aparece la comparación con Rosalía y el flamenco, Sofía la recibe y la amplía hacia algo más político. Es que ella, al igual que la española, llevan adelante procesos de renovación cultural. De hecho, no es la única. En Argentina se está generando un movimiento de "relectura" de las raíces con artistas como Feli Colina, Milo J, Cazzu, Trueno, etcétera. Sobre eso, opinó: "Se quiere borrar la identidad. Estamos viviendo un momento horrible en el país donde el poder que supuestamente nos tendría que representar, no nos representa. Creo que los argentinos volvemos a buscar nuestra casa cultural, quiero escuchar más un bandoneón, un bombo legüero, volver a que algo nos represente mucho más que quienes nos están gobernando".
La nominación a los Premios Gardel 2026
Sofía fue nominada a mejor artista nuevo en la última celebración de los Premios Gardel. Si bien no se llevó la estatuilla, habló de lo que singnificó para ella haber sido notada por la industria, incluso cuando el proyecto todavía era, en sus propias palabras, "muy bebé". "No me lo esperaba. Pero fue una sorpresa que viene a darle luz a un proceso que hicimos con todo el equipo durante mucho tiempo y con mucho esfuerzo", dijo, con honestidad.
Lo que viene es seguir construyendo ese espacio colectivo que Sofía describe como una deuda pendiente de la industria para con las mujeres. "Me gustaría que hubiera más red. Como pasó con el trap, que fue un fenómeno mundial. Todos eran una red y nadie estaba solo. Dejar de mirar al otro como competencia, sobre todo entre mujeres. Tiene que haber algo un poco más colectivo", reflexionó.
Quien vaya a verla en vivo por primera vez, se va a encontrar con algo difícil de clasificar, según su propia promesa. "Emocionante", repitió como si fuera la única palabra que alcanza. "Sorpresa, emoción y esperanza", remató. Con esas tres palabras, podrán encontrarse quienes vayan a verla el próximo 20 de junio en Mundo Feliz. La entrada es gratuita.