Entrevista. Richard Coleman, sobre su faceta eventual de trovador acústico: Me encontré con un proyecto paralelo

El músico habla sobre sus shows sin banda, como el que este fin de semana ofrecerá en La Cumbre. Dice que en ellos puede convertir al público en un “confidente”.

19 de abril de 2026 a las 08:45 p. m.
Richard Coleman, sobre su faceta eventual de trovador acústico: Me encontré con un proyecto paralelo
Richard Coleman con su poderosa arma de conmoción: su acústica. (Instagram @richardcolemanrock)

A pocos días de actuar con su Trans-Siberian Express (TSE) en Plaza de la Música, Richard Coleman volverá a Córdoba en otra de las versiones que se conocen de su presente artístico. Puntualmente, el artista conocido por cultivar dark sugerente – seductor (con Fricción), noise explosivo - texturado (con Los 7 Delfines) y una visión exuberante de rock canción (con su etapa solista), siempre con la guitarra eléctrica como instrumento transformador, se mostrará el próximo viernes y en la sala Buddhi de La Cumbre en el marco de un concierto acústico – íntimo.

Como un trovador, podría decirse, ya que esa es la figura que elige para referirse a sí mismo cuando tiene que actuar sin el respaldo de su banda (bandón) de acompañamiento. “Lo del trovador fue un ejercicio que empecé hace varios años, justo cuando terminé con Los 7 Delfines. La historia es esta: decidí que tenía que reinventarme y me parecía que tenía que hacerme de abajo y empezar un recorrido solo, en soledad”, dice Coleman en contacto con La Voz.

“Porque al empezar un camino solista, sentí que debía reencontrarme conmigo, con mis canciones, y llevar mi música a lugares donde no pude ir con Los 7 Delfines por lo costoso y complicado de la logística. Eso fue un gran pretexto, ¿no? Algo que me impuse. Entonces, lo primero que hice fue una pequeña gira acústica por primera vez. Creo que eso fue en 2009. Nunca había tocado solo la guitarra frente al público”, añade.

A continuación, cuenta que armó un pequeño repertorio con el que se sintió cómodo para tocar en lugares de 80 a 100 personas de capacidad. “Quería pequeños bares y no tocar en capitales, sino en ciudades más pequeñas donde realmente no hubiera podido ir con más despliegue. Así fue que me encontré tocando en Bolívar, provincia de Buenos Aires, o en Casilda, provincia de Santa Fe. En esos shows fui perdiendo el temor a estar solo en el escenario y experimenté una cercanía con el público con la que hasta podía llegar a contar una confidencia. En concreto, me encontré con un proyecto paralelo”, completa.

–¿Cómo “llenás” con tus shows acústicos? ¿Con qué recursos tecnológicos contás para trascender la figura del “cansautor”?

–Fundamentalmente trato de tener una muy buena lista de temas. Lo que banca es el setlist, y elijo algunas canciones para intervenirlas un poco con un audio diferente, algo que también es clave. Y a la guitarra le pongo algún efecto, algún color, que la haga sonar distinto entre tema y tema. Algunos temas los toco con púa, otros con dedos, lo que cambia notablemente la interpretación y la dinámica. Y uso algunos efectos en el piso. Tengo alguna distorsión, alguna modulación, algún delay. Y una loopera muy simple, porque hago algunas cosas con loops, pero no demasiadas porque… porque no es un show de loops. Mi show acústico es de canciones. Trato de que se haga entretenido con esos recursos.

–En lo que respecta a la lista de temas, ¿hacés un recorte distinto al de las presentaciones del TSE?

–Es el repaso de un repertorio bastante amplio, que va de Fricción a Los Siete Delfines pasando por mi etapa solista. Puedo filtrar algún cover, una de las canciones que hice con Gustavo (Cerati) o algún tema en inglés. Canciones que suenen bien tocadas en la viola y con las que me encuentre en la interpretación. Esa es una decisión subjetiva, ¿no? Es que tengo que sentirme cómodo cantándola solo, evitar que quede sobreadaptada (sic). Trato de que sean las canciones más valiosas en el sentido de que no necesiten el sonido original o el arreglo original para para sonar bien, para comunicar.

Coleman precisa que elige aquellas canciones que tienen linda dinámica y linda estructura, a las que a veces modifica: “Es que lo bueno de este show es que, por cada temporada que inicio, a las canciones les encuentro una vuelta, una manera diferente de tocarlas. Pensar que hay canciones que tienen 40 años y les sigo encontrando algo nuevo para ofrecer a partir de mi desnudez con la guitarra”.

–A propósito de la pregunta anterior: en los shows del TSE no se están tocando los temas de Los 7 Delfines. ¿Por qué? Y ya que estamos en esto: días atrás vi una storie con tu interpretación en acústico de “Es tan celosa”… Te leo.

–Al setlist de del TSE lo voy actualizando todos los años. Cada temporada está impregnada por alguna sonoridad, por el estilo que me sienta más cómodo en ese momento de todos los que he recorrido. Entonces, he tocado bastante tiempo temas de Los 7 Delfines con el TSE cuando sentí que el perfil debía ser un poquito más rockero en un sentido tradicional, si se quiere. Y en este momento, el perfil es un poquito más pop. Hace varios años que venía así, pero hoy estoy tocando entero al disco nuevo (El (in)correcto uso de la metáfora), que es muy postpunk y que me lleva a rescatar los temas de mi carrera solista que tienen que ver con eso para ser reinterpretados. Varios temas de Fricción, obviamente, están reinterpretados siempre en función del sonido de El (in)correcto uso de la metáfora. Sin embargo, en el show acústico hay varios temas de Los 7 Delfines porque, tal como te venía contando, siento que tienen un importante valor como canción. Entonces disfruto mucho de revisarlos y encontrar cosas nuevas. Y por otro lado, la situación íntima del acústico hace que uno quiera compartir cosas un poquito más más personales o más más privadas, cosas que podría estar tocando acá mi estudio.

–¿Cómo era tu relación con las violas acústicas hasta antes de la pandemia? Te situó temporalmente allí porque, si mal no recuerdo, la instancia “acústico” fue una alternativa de trabajo durante el aislamiento.

–No. Lo que cambió en la pandemia fue mi relación con la guitarra eléctrica. Básicamente, me encontré mucho más tiempo tocándola, poniéndole los dedos, algo que yo no hacía nunca. Empecé a desarrollar la técnica del arpegiado, con la que realmente nunca me sentí muy cómodo. Con la pandemia, eso se fue extendiendo; al principio por comodidad, por vagancia, por querer tocar más bajito, pero realmente me encontraba tocando la viola eléctrica conectada directamente al amplificador y con los dedos. Una situación minimalista que me cambió todo, me cambió muchísimo la interpretación. O en todo caso, me brindó una herramienta más para para para interpretar. Después eso lo pasé a la acústica, pero antes de la pandemia no tocaba con los dedos, prácticamente. La virtualidad es algo que está en segundo plano, no es lo verdaderamente importante. En cuanto a la conexión y a la comunicación, entonces voy a donde está la gente.

Desafiante de verdad

–Para un artista como vos, al que se le reconoce estatus de renacentista noise en nuestro rock, supongo que debe ser desafiante la situación de concierto íntimo – acústico. ¿Lo es?

–Claro que sí. Suelo estar más nervioso, más ansioso, antes de un concierto acústico que de un show con la banda. Es como un oficio nuevo. Primero está esa situación del tenista, ¿no? Como le pasaba a (Gastón) Gaudio, que mientras jugaba su mente se le iba a otro lugar. Eso es muy peligroso, pero a veces pasa. Te podés desconectar por un pifie o porque la gente come mientras tocás y te preguntás “¿Me estarán dando bola? ¿Para qué me metí en esto?” Todo eso te pasa por la cabeza a veces. Bueno, es un desafío superarlo, reconocerlo y patear esos pensamientos para reenfocarse en la canción. Por otro lado, también aprendí que, siendo un formato íntimo, un pifie o una desafinación, no es tan importante. Lo importante es estar ahí parado frente a la gente, exponerse y confiar en uno mismo.

Coleman señala que si estás tocando en una cervecería, no podés tocar más fuerte que el ruido del bar. Y suma que hay que elegir las batallas y saber cómo lucharlas. “Hay lugares como los auditorios que también te pueden poner una distancia –observa-. Es complicado, pero también muy divertido, porque te da una satisfacción bárbara terminar el show y sentir que lo hiciste bien. El último show que hice en Rosario, en un centro cultural, sentí que estaba muy conectado conmigo, con el instrumento y que pude mandar lo que lo que era necesario”.

Vinilo y una suite de dos movimientos

–Cambio de foco. ¿Qué generó en vos la edición en vinilo de “El (in)correcto uso de la metáfora”, tu último disco? ¿Es fetichismo o la certificación de que un clásico debe publicar en ese formato?

–La edición en vinilo de mi último disco es la concreción de la obra para mí. Y te explico por qué. El disco fue pensado y proyectado como un vinilo desde antes de su composición. Es uno de estos casos donde (Marshall) McLuhan tiene razón y el medio es el mensaje. En este caso, el soporte sería el mensaje. Cuando me puse a trabajar en el álbum, lo pensé como como un vinilo en este sentido, el de la duración, la cantidad de temas y la secuencia de escucha. Lo pensé como un álbum que se tenía que escuchar en dos sesiones, la cara A y la cara B, ¿entendés? Lo pensé como si fuera una suite en dos movimientos. Todo eso fortaleció el proyecto, lo fui armando, fui componiendo y produciendo en función de eso. Por eso, para los que escuchan en plataformas, siempre trato de aclarar que tienen que escuchar cuatro temas de una, parar un segundo y escuchar los otros cinco de otra de otra sesión de corrido. Qué sé yo, fue un estímulo. Y no fue fácil convencer a la compañía, eh…

En el desarrollo de este análisis, Coleman no quiere decir que el CD sea obsoleto, porque no le gusta decir eso), pero sí cree que “es un soporte que sigue siendo caro y no da tanta gratificación como el vinilo”.

“Lo que pasa con el soporte de la música, con la propiedad, te conecta tenerla en un formato sólido –refuerza-. Te conecta con la gente de otra manera. Desde mi punto de vista, una playlist no genera una pertenencia como la que genera el soporte”.

“Y el vinilo, bueno, es uno más lujoso, más caro. Genera esa cosa del coleccionismo con la cual no estoy tan de acuerdo, pero que tiene lo suyo y es un objeto más bello”, cierra.