Famosos. Así quedó la cocina de Rocío Marengo y Eduardo Fort tras su cambio de estilo
La pareja renovó su cocina y se sumó a una de las corrientes más fuertes del diseño actual: reemplazar las alacenas tradicionales por estantes abiertos.
Las cocinas dejaron de ser ambientes puramente funcionales para convertirse en uno de los espacios centrales del hogar, tanto en términos sociales como estéticos. En esa línea, Rocío Marengo y Eduardo Fort decidieron actualizar el diseño de su casa y adoptar una tendencia que gana terreno en el interiorismo contemporáneo: el fin de las alacenas cerradas y la incorporación de estantes abiertos.
Cómo quedó la cocina de Rocío Marengo y Eduardo Fort tras su transformación
La elección modifica de manera significativa la percepción del ambiente. Al eliminar los tradicionales módulos superiores con puertas, la cocina adquiere mayor liviandad visual y permite que las paredes respiren. El resultado es un espacio más luminoso, donde la circulación de la luz natural no encuentra obstáculos y la sensación de amplitud se potencia.
En la vivienda de la pareja, los estantes abiertos se integran a una paleta de colores neutros que combina blancos, tonos crudos y madera clara. Las mesadas de granito aportan solidez y contraste, mientras que los detalles en madera equilibran el conjunto con calidez. La propuesta evita la sobrecarga visual y se apoya en líneas simples y ordenadas.

Este recurso, que se popularizó a partir de la influencia del estilo escandinavo y el diseño industrial, responde a una lógica clara: funcionalidad y estética en partes iguales. En lugar de ocultar vajilla, frascos o utensilios, los objetos pasan a formar parte activa de la decoración. La organización deja de ser invisible y se convierte en un elemento protagónico.
Además de lo visual, la practicidad es uno de los argumentos centrales de esta tendencia. Tener los elementos cotidianos a la vista facilita el acceso y agiliza las tareas diarias. Sin embargo, el sistema exige mantener un orden constante, ya que todo queda expuesto.

Por eso, la selección de piezas, vajilla blanca, recipientes de vidrio o cerámicas artesanales, responde a un criterio estético definido.
El resultado es una cocina que combina minimalismo y calidez sin recurrir a excesos. La ausencia de alacenas voluminosas contribuye a un entorno más despejado, alineado con la idea de que la cocina es hoy un espacio social y compartido.
La decisión de Rocío Marengo y Eduardo Fort refleja una transformación más amplia en el diseño de interiores: dejar atrás lo cerrado y apostar por ambientes abiertos, funcionales y visualmente ligeros, donde cada elemento cumple un rol práctico y decorativo al mismo tiempo.



