Opinión. La originalidad de las copias: por qué Mirtha Legrand rechaza su escultura
El rechazo de una escultura genera una reflexión sobre la importancia de las copias en la cultura. ¿Puede un error artístico convertirse en un ícono popular?
“¿Por qué son tan famosas algunas esculturas?” es una pregunta robada que resulta especialmente movilizante en los casos de homenajes fallidos. Tal vez sea parte de lo que reflexiona Mirtha Legrand cuando recuerda la escultura que la homenajea en su pueblo natal, Villa Cañas, obra que recientemente volvió a criticar por su falta de parecido. Pero en su rechazo hay algo que la homenajeada no logra advertir.
La instalación en 2023 de la escultura en el pueblo santafesino no trascendió por ensalzar los rasgos distintivos de Mirtha, por vivificar el frío metal con su sonrisa de diva eterna, ni por recrear una silueta humana tan acertada que sugiere un movimiento latente. Todo lo contrario.
La escultura fue noticia por su errada representación y por el juicio inmediato de la homenajeada que la consideraba sencillamente fea. Fue retirada y retocada por su autor, Daniel Melero, quien no escondió su dolor. En 2024 fue nuevamente instalada, gracias al reclamo de vecinos y de turistas que viajaban expresamente a ver el fallido reconocimiento.
La semana pasada, Mirtha reavivó el tema y ratificó su sentencia: “Yo soy linda, y eso es horrible”. Sin embargo, su versión en metal es la escultura más comentada desde su creación en 2023. ¿Por qué la homenajeada no se reconcilia con su copia?
Sincera imitación
La pregunta del comienzo le fue robada a Milena Gallipoli, autora de La victoria de las copias (Ampersand, 2025), un ensayo que analiza el recorrido de los calcos en yeso que reproducen esculturas en orden a instalar un canon en el arte. Es un trabajo que se despliega alrededor de la Victoria de Samotracia, una de las más reproducidas y prestas a la polémica de la posesión.
Gallipoli elabora una suerte de puesta en valor de esas copias en la transición del siglo XIX al siglo 20, que posibilitaron un acercamiento de apreciadores del arte de distintas partes del mundo. No solo cumplían la función de exhibición, sino que fueron claves pedagógicamente en la formación de artistas y hasta resultaron determinantes en los programas de Estado que perseguían la consolidación de la cultura nacional.
El ensayo da un paso más y propone que es gracias a los calcos y no a la obra original en sí misma que es posible conformar un canon, en tanto son las copias las que pueblan los museos del mundo, en compañía de otras copias igualmente legitimadas en su estatus. Original y calco, entonces, están en pie de igualdad cuando el objetivo es que una obra se consagre en la sala del canon.
Gallipoli realiza varias operaciones muy complejas en su ensayo. Además de ser académicamente rigurosa con un registro sencillo y atractivo, presenta las fuerzas que intervienen en la construcción de un canon sin obturar las críticas que surgen de la consideración misma de ese canon. Es un asunto artístico, claro, no menos que geopolítico.
¿Qué se defiende cuando se critican las copias? ¿Qué se ensalza del original al decir que un calco es malo? ¿Cuáles son los objetivos políticos y sociales que determinan la reproducción de una escultura en lugar de otra?
Ser es ser copiado
El trabajo de Gallipoli es una demostración de cómo los calcos devienen objetos canónicos. Logra que las copias no se reduzcan al campo semántico de la falsedad, el equívoco, la mentira y el disvalor para que sean discutidas a partir de variables como la circulación y la puesta en valor.
No sería justo afirmar que gracias a su escultura Mirtha es reivindicada, pero sí es preciso señalar el reconocimiento cercano a la canonización que supone. Mirtha admite ser la Victoria de Samotracia, pero rechaza las copias que precisamente la enaltecen y reafirman en ese lugar.
Gracias a una escultura que ya ha logrado el estatus de lo paradigmático, la Mirtha que habita en el barrio de Palermo agiganta su estelaridad cuando al mismo tiempo cualquier mortal puede encontrarse con su versión en Villa Cañas. No se tratará de una réplica exacta, ni tendrá los rasgos que la diva considera dignos de ser destacados, pero la imperfección de una copia no excluye, sino más bien evoca la trascendencia.
