Entrevista. Nikkö presenta “Frikidadidou” junto a Mariana Enriquez

La cantautora presentó su nuevo single junto a la escritora en Casa Temple. Una canción que abre la puerta a un disco que llega en agosto cargado de garaje, pesadez y pérdidas.

30 de abril de 2026 a las 04:00 p. m.
Nikkö presenta “Frikidadidou” junto a Mariana Enriquez
Mariana Enriquez junto a Nikkö el día que grabaron "Frikidadidou".

Nicole Mugneco entra al espacio y lo primero que impacta es la coherencia. El pantalón estampado, el blazer rojo vibrante, la corbata haciendo juego, la camisa negra. El pelo platinado perfectamente desalineado. El maquillaje gótico que no pide permiso. Todo en ella comunica algo antes de que abra la boca. Cuando lo hace, habla rápido, con convicción y con una honestidad que no tiene filtro.

Es Nikkö, y en Casa Temple, en la Ciudad de Buenos Aires, presenta Frikidadidou: su nuevo adelanto, una colaboración con Mariana Enriquez y la promesa de que agosto va a venir con mucho ruido.

Antes de subirse frente a los presentes para agradecer a todos los que hicieron posible la canción y el videoclip, la artista se sienta a charlar con La Voz. Y en esa charla hay de todo: cementerios, Taylor Swift, caca, tenis y un cuaderno abierto frente a una de las escritoras más importantes del país.

"Voy a estrenar un nuevo adelanto de mi disco que se llama Aquel lugar donde perdí la inocencia, título largo, y el tema que vamos a presentar hoy es Frikidadidou, más complejo aún. Palabra inventada. Es un feat con Mariana Enriquez. Escritora, para quienes no la conocen. Una gran escritora de terror argentina. También vamos a presentar el video que fue hecho por Alfie (Vázquez)", comienza relatando.

Un cementerio, un cuaderno y el tenis como rompehielo

La historia de cómo Frikidadidou terminó siendo una colaboración con Enriquez empieza, literalmente, entre tumbas. Hace dos años, Nikkö tocó en el Cementerio Británico. Invitó a la escritora, quien en ese momento estaba en otra parte del mundo y, por eso, mandó en su nombre a Lala Toutonian, su mánager y mejor amiga. Ahí algo hizo clic.

"Me da mucha gracia porque todo empezó por un cementerio", dice Nikkö. "Yo estaba leyendo justo Alguien camina sobre tu tumba, uno de sus libros, porque dije 'tengo que estar leyendo esto mientras preparo esta fecha'. Invitamos a Mariana y no pudo venir pero envió en su nombre a su mánager, asistente, mejor amiga, periodista también, que es Lala Toutonian. Es una capa total, le gustó mucho lo que hago y pegamos muy buena onda", recuerda.

En ese tiempo, Nicole ya estaba componiendo el disco que ahora viene. Había un instrumental que sentía incompleto. No quería cantarlo: quería que alguien recitara. Escribió algo pensando en Enriquez y empezaron las gestiones. La escritora hoy vive en Australia —"ahora está en Tasmania escribiendo una novela nueva", aclara la cantante— pero finalmente se dio.

"La pasé a buscar por la casa. Iba manejando y transpiraba. Ella es una de mis ídolas", destaca y se le llenan los ojos de brillo.

El momento de romper el hielo llegó de la manera más inesperada. "Se subió al auto y lo primero que pensé es 'a mí me gusta el tenis' y a ella también, y encima nos gusta mucho Andrey Rublev, el pecoso trastornado. Empezamos a hablar de tenis y nunca más paramos de hablar. Hablamos de canguros, hablamos de heces porque le pregunté si con tanto viaje no se constipaba, hablamos de que odio a Taylor Swift y ella la ama, y que yo soy más del clan Charli XCX y The 1975, hablamos de Lana del Rey...", relata.

Después llegó el momento que más nervios le generó: abrir el cuaderno.

Mariana Enriquez junto a Nikkö.
Mariana Enriquez junto a Nikkö. (Ph. Laurita Church)

“De repente se sienta frente a mí y me dice ‘Bueno Nikkö, contame del disco’. Le dije lo que sentía: el disco habla de la pérdida de la inocencia ante la muerte, la muerte física de las personas, la muerte de relaciones, de trabajos, de etapas. Le conté que le escribí algo, abrí mi cuaderno y le dije: ‘Veamos si te gusta o no. Si no te gusta, me encierro en el baño a escribirlo de vuelta’”, narra.

En ese momento, Nicole declara haber sentido "muchos nervios". La escena era de silencio total mientras Mariana leía. "Estábamos con Laurita, mi fotógrafa, con Lala y con Guli, que es el productor del disco. Por dentro pensaba 'No te puedo creer, no le gusta', y me dice 'perfecto, corregiría este verbo nada más'", cuenta, lanzando un suspiro, como si aún ahora alivianara el peso de ese momento.

Lo que menos tiempo llevó después fue la grabación. “Pasamos al estudio y después fue charlar todo el día sin apuro, comer una picadita que habíamos hecho ahí... le agradezco terriblemente a Mariana. Se tomó un día entero para estar conmigo”, dijo, con la humildad que la caracteriza.

La reflexión que hace Nikkö sobre ese encuentro tiene algo de circular y muy propio. "Me pareció súper loco que uno siempre vuelve a lo que fue. Cuando era chica escribía cuentos, novelas interminables. Y un día, a los doce, me di cuenta que podía cantar bien. Ahora, siendo grande, grabando un disco solista, estaba frente a una escritora, en vez de la otra cantante o músico para hacer un feat", destaca.

Una pesadilla de garage, un video casi imposible y un disco para agosto

Frikidadidou no es una canción fácil. Nicole lo sabe y lo reivindica sin ninguna disculpa. "Hablando en términos de industria, es cero comercial. Es muy garage, es muy 90's, no canto un carajo, o sea no paro de gritar. Creo que el tema lo necesitaba. Estoy en una pesadilla. Esa es la descripción de la canción".

La letra surgió de una imagen concreta: el encuentro en un funeral de gente que no se ve hace mucho tiempo y el saludo es de compromiso, ese afecto careta que se despliega en los peores momentos. "Las ganas de romper todo", resume.

La tapa de Frikidadidou de Nikkö.
La tapa de Frikidadidou de Nikkö. (Ph. Laurita Church)

La palabra que da título a la canción llegó antes que la letra. "Me gusta mucho zapar, compongo a veces desde ahí, y estaba 'friki, friki, frikidadidou'... empezó desde ahí. Me anoté la palabra. Es como mi palabra de Mary Poppins", dice entre risas.

El videoclip, dirigido por Alfie Vázquez, tiene algo de esa locura y espiral de desesperación y melancolía. "Hacer un videoclip sale muchísima guita y nadie nos provee. Entonces, lo que digo siempre es, si tenés una idea buena, simple y convencés a tus amigos de que te ayudan, listo, se hace". La locación, conseguida de manera independiente, fue la llave. "El video quedó en una paleta de colores que cuando lo terminé de ver dije 'che, esto es la locura'", señala.

El disco que viene en agosto se llama Aquel lugar donde perdí la inocencia y Nicole lo describe como un regreso deliberado a los orígenes. "Quise volver al principio. En vez de pensar en batas cuantizadas, que suene perfecto, sintes, coros... no. Quería la esencia de cuando te juntabas a tocar en garage y te encantaba lo que hacías. Volví a mis principios de los 90, Smashing Pumpkins, Hole. Hay mucha viola y mucha desprolijidad."

Tan en crudo quedó todo que las voces que van a aparecer en el disco son las de las maquetas. "No quise regrabar porque estaba muy natural y dije 'vamos así'."

El contenido también es pesado, en el mejor sentido: habla de salud mental, de pérdidas que no son necesariamente muertes físicas, de amigos que de un día para el otro desaparecieron en carreras y vidas diferentes. “Me absorbió bastante porque me deprimí un poco”, reconoce con una sonrisa que mezcla humor y honestidad.

Para anotar en el calendario

Antes de la presentación del disco, hay una fecha marcada en el calendario: el lunes 4 de mayo en la Feria del Libro de Buenos Aires, en el escenario central, donde comparte día con Corbata y su proyecto solista.

"Vamos a tocar largo y tendido, una hora. Está bueno, tengo entradas gratuitas para cuidar la billetera. Está todo muy complicado y asqueroso", dice, y en esa frase caben muchas cosas.

Arte de "Apaguen el fuego del bosque" de Nikkö.
Arte de "Apaguen el fuego del bosque" de Nikkö. (Ph. Laurita Church)

Nicole Mugneco lleva más de una década haciendo música en Argentina. Once años con Finnegans. Después, vino el parate en 2019 y la mutación: Nikkö, una identidad nueva construida sobre las mismas obsesiones de siempre. Dos discos solistas: El nuevo planeta y Maniki, que fueron trazando una línea estética muy propia, oscura y luminosa al mismo tiempo.

Ahora viene el tercero, y la sensación es que esta vez fue a buscar algo más adentro. Un lugar donde, según ella misma lo nombra, perdió la inocencia. Y lo encontró.