Entrevista. Tobika, sobre ser o no ser disruptivo en la escena urbana nacional: No me interesa reinventar nada

El cantante aboga por la fusión de ritmos y por el uso de líricas chispeantes que no pierdan altura literaria. ¿Qué vínculo tiene con Córdoba?

01 de junio de 2026 a las 09:42 p. m.
Tobika, sobre ser o no ser disruptivo en la escena urbana nacional: No me interesa reinventar nada
Tobika, durante su show en el Lollapalooza Argentina 2026. (Gentileza Agustín Dusserre)

A los 19 años, Tobías Nahuel Sielicki, conocido artísticamente como Tobika, se mueve en una sintonía diferente a la de la mayoría de sus contemporáneos en la vasta vía láctea de la escena urbana argentina. Mientras el género suele orbitar alrededor del alarde material y el éxito inmediato, este joven de Villa Urquiza (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) propone una vuelta a las raíces y a algo tan elemental como el amor.

Su propuesta es un híbrido magnético: parte del folklore (chacareras y zambas) para colisionar con el pulso callejero del presente. Influenciado tanto por la profundidad de Luis Alberto Spinetta (cuyo estudio, La Diosa Salvaje, está cerca de su casa) como por la reinvención de Rosalía y C. Tangana, Tobika es también un lector voraz que encuentra en Borges, César González y Selva Almada el combustible para sus letras.

En su reciente single, Sabor tropical, el artista despliega una narrativa donde el carisma y la picardía le ganan la pulseada al lujo.

Pero hay un secreto mejor guardado en su identidad que explica esa chispa, ese “chamuyo” efectivo y ese humor punzante: su padre es de Villa María, Córdoba.

“En general soy curioso con los géneros, también he escuchado música de distintos lados por mi viejo y mi familia. Entonces, probablemente sea por esto que en música hay diversidad en cuanto a ritmos”, cuente en el arranque de su encuentro con La Voz.

−Decís que “Sabor tropical”, tu nuevo simple, reivindica el amor por sobre la obsesión por lo material. ¿Es una crítica a tu generación en general y a los colegas de tu generación en particular?

−Sí, y siento que no solo están obsesionados por la plata, sino en general por todos aquellos elementos que impliquen poder, ¿no? Venimos de un discurso musical de muchos años basado no en la “falta”, por así decirlo, sino básicamente en la posesión de cosas, en tener. Cuanto más tenés, mejor sos. Sabor tropical quiere deconstruir ese discurso. Es más genuino de lo que le pasa al ser humano, que es básicamente vivir en la falta de cosas, más allá de lo material o no material. Va por ahí.

−En Córdoba tenemos buen humor, somos picantes o nos autopercibimos así...

−(Interrumpe) ¡Sí! Mi viejo es cordobés. Tengo familia en Córdoba que no la conozco, pero mi viejo es de allá y mi tía también.

−No me digas. ¿Y no sabés de dónde es? ¿Si es capitalino o de qué barrio?

−De Villa María.

−Eso lo tenés que poner en los comunicados de prensa, te va a sumar un montón ser “mitad cordobés”. Y ya con este dato te pregunto: ¿Cómo te afloró la cuestión de la picardía y el humor? ¿Eso lo exponés únicamente en tu música o tu personalidad es así?

−Me gusta hacer reír genuinamente, me divierte. Siempre fue mi forma de relacionarme con las personas. Trato de hacerlas reír como para que, más allá de que después se hablen de ciertos temas u otros, sea una forma de comunicarme. Mi viejo siempre fue muy del chiste rápido y de estar buscando constantemente esas cositas que causen risa. Hay algo en los cordobeses que los hace muy sueltos en ese sentido.

−La escena urbana argentina es una galaxia, una vía láctea inabarcable. En ese contexto, ¿cuáles son tus artistas afines? ¿A quién admirás o respetás como interlocutor válido?

−Los artistas argentinos que me representan y que siento que van a envejecer bien por su discurso musical son Milo J y Nathy Peluso, me gustan mucho ellos. Y después de España, la Rosalía y C. Tangana. Siento que son artistas que apuestan por proyectos a largo plazo más que por fenómenos momentáneos.

−¿Tenés esa pretensión de trascender el hecho de ser un artista de una movida específica?

−Mi idea es tratar de diversificarme lo máximo posible en cuanto a géneros, rango etario de las personas que me escuchen y demás. Ese es mi plan.

−Te quería preguntar sobre Spinetta y tu condición de vecino de Villa Urquiza. ¿Alguna vez te lo cruzaste al Flaco? Aunque murió hace varios años y quizás eras muy niño.

−Claro, no. Yo me mudé hace diez años a Villa Urquiza. No me acuerdo en qué año falleció el Flaco, pero no. A Dante (Spinetta) me lo crucé alguna vez. Entiendo que también es de por acá y que el estudio familiar está cerca de casa.

−Ya que me revelaste que tu viejo es cordobés, ¿qué onda con el cuarteto? ¿Vas a hacer algo con ese ritmo? ¿Te interesa incorporarlo a tu obra?

−Sinceramente no lo sé. No me gustaría hacer un cuarteto tradicional, si es que llevo adelante eso. El cuarteto está muy alineado a la bachata y a ritmos centroamericanos. Capaz lo encararía desde un lado más “bachatoso”, por así decir. Pero nunca estoy cerrado a géneros ni a ritmos. Mezclaré, diré lo que siento en cada momento y después cada uno le dará el significado que quiera.

−Además está esa lógica de que a lo mejor vos posicionás un tema pop y te lo toma un grupo de cuarteto y lo lleva para el género.

−Sí, libertad para todos los grupos de usar mis canciones. En eso, estaré de acuerdo siempre.

−¿Cómo te ves en el mediano plazo? ¿Haciendo un disco disruptivo o yendo a los Gardel el año que viene?

−Haré un disco, en principio. Quizás sea el año que viene, aunque no sé si disruptivo en el sentido que se suele conocer, porque tampoco me interesa reinventar cosas, siento que es un lugar muy pretencioso. Pero sí intentar cambiar cosas y tener un sonido nuevo.