Gente Picante. Sol Pereyra, con voz propia: Hoy parece que todo es estadio o nada

Radicada en México desde hace más de una década, la compositora y multiinstrumentista reflexiona sobre la transformación de la música, el éxito, la soledad de los escenarios y la búsqueda de una voz propia.

01 de marzo de 2026 a las 08:01 a. m.
Sol Pereyra, con voz propia: Hoy parece que todo es estadio o nada
Sol Pereyra, cantante cordobesa.

–¿Quién era Sol antes de subirse al escenario?

–Bueno, me empecé a subir desde muy chica. Entonces siento que, más bien, siempre fui una persona bastante inquieta, muy curiosa, muy preguntona. Esa persona que está todo el tiempo preguntando, siempre buscando a alguien que me cuente algo, algo que me sorprenda. Después llevé todo eso al terreno que encontré como propio, que fue la música y el teatro.

–¿Qué de todo eso te gusta más?

–Me gusta mucho todo… me cuesta muchísimo elegir. Generalmente, estoy más abocada a la música desde hace ya muchos años, pero el teatro me apasiona. Me ha pasado de estar en salas y sentir que son espacios medio anacrónicos, que no los pudieron vencer. Con todo el tema de la tecnología, la rapidez y todo eso. Son lugares donde me siento a salvo. Supongo que como la gente que tiene distintas religiones siente eso en sus templos. A mí me pasa eso en el teatro: siento que son espacios sagrados donde me siento a salvo.

–¿Y qué hacés de teatro?

–Hice teatro independiente durante mucho tiempo. Empecé a hacer teatro a los 10 años. Y me encantó porque encontré no solo el teatro en sí, sino el lenguaje del humor dentro del teatro, que a mí me encantaba para elaborar cosas que me costaba entender, que me resultaban raras o que no me gustaban. Siempre había una vuelta de tuerca con el humor. Después, a los 16 años, armamos el primer grupo de teatro. Éramos cuatro chicas que veníamos de un taller de teatro, compañeras, algunas de la escuela y otras no. Me acuerdo de que nos habíamos puesto Las Sirenas del Suquía. Después nos llamamos La Negra, y con La Negra estuvimos un montón de años. La primera vez que fui a México, fui con dos obras que hicimos con el grupo La Negra. Ahí escribíamos juntas, era una escritura colectiva: dirigíamos, actuábamos. Luego cada quien empezó a abrir sus caminos. Empecé también con Los Cocineros, con Mara. La idea inicial era Las Cocineras, y perfilaba para hacer algo de teatro, pero para ablandar un poco la cosa empezamos a cantar y a tocar, y se nos transformó en un proyecto de música.

Sol Pereyra con su grupo de teatro La Negra. Comenzaron en el ’94 y en 1997 llevaron dos obras de teatro a México. (Gentileza)
Sol Pereyra con su grupo de teatro La Negra. Comenzaron en el ’94 y en 1997 llevaron dos obras de teatro a México. (Gentileza) (Gentileza )

–¿Ya te habías descubierto como cantante?

–Sí… bueno, no como cantante. Yo me sentía más actriz. Me gustaba cantar, pero no me veía como una cantante. En esas épocas, si me preguntaban qué era, yo iba a decir actriz. Hoy, si me preguntás, digo que canto, toco y escribo. Como que siempre pongo las acciones. Ahora no estoy actuando, pero muchas veces me sigo sintiendo identificada con el rol de la actuación, porque de alguna manera también está en la música. Entonces siento que todo eso me conforma.

–En tu escenario hay mucha actuación.

–Sí, la actriz aparece. Porque han ido muy en paralelo las dos cosas. La música llegó también como a los 10 años. Empecé con teatro, con música, con danza.

Sol Pereyra.
Sol Pereyra. (Gentileza)

–¿Y qué llegó primero?

–La guitarra. Empecé con la guitarra. Vivíamos en Mendoza en ese entonces. Iba a una escuela municipal y no me querían recibir porque era muy chiquita. Mi mamá les dijo: “Hágale una prueba, déjela, por favor”. Entré con un músico muy reconocido, un guitarrista mendocino que se llama Daniel Talquenca, y empecé con él. Mi mamá estaba feliz porque ese año terminé haciendo una muestra a fin de año y yo era la solista. Fue así: el lenguaje de la música y el teatro estuvieron siempre en paralelo.

–Y después, muy instrumentista. ¿Qué tocás?

–Toco muchos instrumentos, pero no soy una música virtuosa de todos. Siempre fui curiosa. Toco la guitarra, el cuatro venezolano, un poco de teclado, un poco de trombón, la trompeta, el flugel, un poco de percusión, aunque la percusión la abandoné bastante. Pero en su época estaba más metida en ese mundo. Un poco de todo.

Sol Pereyra en acción. Canta, compone y toca varios instrumentos. Y además es actriz. (Gentileza)
Sol Pereyra en acción. Canta, compone y toca varios instrumentos. Y además es actriz. (Gentileza) (Gentileza)

–Volvamos a Los Cocineros. La música las terminó llevando. Fueron durante muchos años un gran éxito.

–Sí, fue muy bonito. Fue muy lindo porque, así como nos pasó con Mara, que pensábamos que íbamos a hacer una obra de teatro y terminamos siendo un grupo de música, en Los Cocineros pasaba todo el tiempo eso: hacíamos cosas y las cosas superaban nuestras expectativas. Me acuerdo de que tocábamos en la peatonal, en un lugar que se llamaba Mandarina, en un ciclo los jueves. Veníamos los tres muy chicos. Me acuerdo hasta de lo que salía el remis que nos tomábamos para ir: dos pesos, 2,30, una cosa así. Me daba mucha ternura. De ahí pasamos al Cineclub Municipal y se llenó. Después el sindicato de canillitas, y también se llenó. Era pasar de un barcito a que de golpe vaya muchísima gente a vernos. En el Cineclub pasamos de 200 personas a mil, y decíamos: “¿Cómo pasó esto? ¿Por qué?”.

–¿Y qué creías? ¿Por qué pasaba?

–Creo que estábamos muy conectados con algo que era muy irreverente, algo que no aparecía en la escena, algo fresco. Y que tocaba la fibra de muchas personas, porque hacíamos cosas que tenían que ver con nuestra identidad. Desde hacer boleros o tangos, música que se escucha en las casas de familia, que tiene que ver con padres y abuelos, y después mezclado con rock y pop. Esa mezcla hacía que mucha gente se sintiera identificada. Y se unió el público. Eso me encantaba y me encantaría que siguiera pasando con los proyectos artísticos. Me gusta cuando hay música que junta gente diferente. Siento que ahora la música está muy segmentada. Y digo: qué lástima que no podamos conectar más personas distintas.

Año 2001. Inicio de Los Cocineros. “Nos encontramos con Mara y Alfonso y le dimos identidad y vida al grupo”, cuenta Sol Pereyra. (Gentileza)
Año 2001. Inicio de Los Cocineros. “Nos encontramos con Mara y Alfonso y le dimos identidad y vida al grupo”, cuenta Sol Pereyra. (Gentileza) (Gentileza)

Te abriste luego de Los Cocineros... ¿Qué pasó? ¿Qué te atravesó?

–Ahí fue muy loco, porque coincidieron varias cosas al mismo tiempo. Esas cosas donde uno no está planificando, pero se juntan acontecimientos que te marcan que el camino va a cambiar. Por un lado, empezamos a tener distintas inquietudes musicales dentro de Los Cocineros. Eso generaba una tensión, porque yo tenía un montón de canciones que ya no entraban en el proyecto. A mí me gustaba mucho componer pensando en Mara, como la cantante-actriz. Yo componía pensando casi como si fueran miniobras de teatro, las letras y la música. Pero después empecé a tener canciones que no eran para esa actriz. Me preguntaba qué iba a hacer con esas canciones, que necesitaban otra voz, otro traje. Empecé a juntar muchas canciones y otras búsquedas musicales. Por otro lado, me llama Julieta Venegas para ir a tocar al Unplugged de MTV. Eso, en principio, iba a ser una experiencia de dos semanas nada más. Pero entre esas dos cosas y algunas situaciones personales, algo se quiebra. Voy a tocar con Julieta y se me abre un panorama que nunca había visto. Era como pasar de jugar a una liga muy grande. Me dejó tambaleando. Y lo más loco es que después yo me vuelvo pensando que ya estaba, que habían sido esos 15 días, y Julieta me llama para irme de gira, para seguir tocando lo que se grabó en el Unplugged: seis meses de gira. Yo no estaba tan segura, pero hablé con Los Cocineros y les dije: “¿Qué onda si me voy seis meses? ¿Me bancan? ¿Buscamos un reemplazo?”. Quería hacer esa experiencia. La hice, y después la vida misma se encargó de empujarme hacia otros caminos. Todas esas canciones que yo tenía empezaron a tomar forma. Apareció un productor mejicano que empezó a trabajar conmigo. Y entré en una dinámica donde estaba con Julieta, pero también ya había grabado un disco mío. Sacaba mi disco y a la vez estaba con Los Cocineros. Lo sostuve un tiempo, pero llegó un punto en que era imposible. Entonces tomé la decisión de decir: "Bueno, me bajo de acá, sigo con mi proyecto". Apareció ese otro proyecto, empecé a cantar mis canciones y decidí irme a vivir a México.

–Hiciste el gran salto, México, aunque llegabas con Julieta.

–Sí. Si bien no era tan chica, sentía que estaba con los ojos abiertos como platos. Todo me sorprendía. Tenía nuevos amigos, nuevos colegas, nueva comida, nuevos sabores. Yo ya había ido a México muchos años antes, haciendo teatro, pero había sido un mes. Esta vez era vivir ahí, habitar otro país. Fue maravilloso. México fue otra gran escuela de vida. Empecé a ver otros modos de vivir lo cotidiano.

Con Julieta Venegas. La invitó a der parte del unplugged de MTV en el 2008 y la vida de Sol Pereyra giró por completo. (Gentileza)
Con Julieta Venegas. La invitó a der parte del unplugged de MTV en el 2008 y la vida de Sol Pereyra giró por completo. (Gentileza) (Gentileza)

–¿Qué te gusta de México?

–Me gusta la amabilidad del día a día. Eso lo adoro. Creo que eso fue lo que hizo que no me asustara pasar de Córdoba a Ciudad de México. No había vivido en Buenos Aires, no tenía la experiencia de una gran capital. Pero no me abrumaba, porque la gente es muy cálida. Entrás a una tienda y te saludan, te sonríen, te agradecen. Ese detalle me hacía sentir tranquila. Me sentía como en casa. Después me acuerdo de que cuando volvía a Argentina sentía el contraste. Nosotros somos más frontales, más al choque. Eso también tiene cosas buenas, pero pensaba qué lindo sería encontrar un punto medio entre las dos cosas.

–¿Y de acá qué extrañaste?

A mis afectos, sobre todo. Muchísimo a mis amigas, a mis amigos, a mi familia. Extrañaba mucho a Los Cocineros, porque era mi proyecto, mi familia. Yo siempre lo explico así: estaba con Julieta en un barco muy grande, donde yo era marinera. Y al mismo tiempo tenía mi barco chiquito, donde yo era capitana. Pero ambas posiciones también tenían algo de soledad. Igual se armó una red enorme en México: amigos, familia elegida. Me cuidaron, me enseñaron, me guiaron. Llegué en un momento muy particular, donde estaban creciendo las carreras de muchos artistas que hoy son grandes amigos. Ver esos recorridos en paralelo fue muy fuerte.

“Tuve una época muy monera”, dice Sol Pereyra. Iba a ver la Mona al Estadio del Centro de jueves a domingo. Y una noche, él la invitó al escenario. (Gentileza)
“Tuve una época muy monera”, dice Sol Pereyra. Iba a ver la Mona al Estadio del Centro de jueves a domingo. Y una noche, él la invitó al escenario. (Gentileza) (Gentileza)

–Desde allá, ¿cómo observás la Argentina?

–He tenido distintas miradas, dependiendo del momento. Hubo épocas en que la veía muy luminosa, con una movida cultural muy fuerte. Argentina tiene algo muy especial, es una referencia cultural. Pero también hubo momentos en que sentí que se había perdido un poco la alegría, que estaba más hostil. Esa sensación de que el otro es un enemigo. Y ahí valoré mucho esa amabilidad cotidiana que existe en México. Ese pequeño gesto de saludar, de tratar bien al otro. Parece menor, pero cambia todo.

–¿Qué lugar ocupa el amor en tu vida?

–El amor es fundamental. En todo. No solo el amor de pareja. Soy una persona muy amorosa, me encanta sentirme querida. Estoy absolutamente enamorada de lo que hago. Amo la música. Me emociona escuchar, tocar, conectar con alguien, que alguien me diga que con una canción le pasa algo. Eso es todo.

Sol Pereyra, la cantante y multiinstrumentista que de los bares de Córdoba construyó una carrera universal.
Sol Pereyra, la cantante y multiinstrumentista que de los bares de Córdoba construyó una carrera universal. (Gentileza)

–¿Cómo construiste tu identidad musical? ¿Tuviste que despojarte de lo que traías?

–Más que despojarme, fui incorporando. Nací en Mendoza, mi mamá es cordobesa, y siempre estuve entre Mendoza y Córdoba. En mi casa se escuchaba mucho rock nacional: Charly, Spinetta, Maná… también música latinoamericana que me llegaba desde Chile: Violeta Parra, Víctor Jara, Los Jaivas. Después descubrí el tango, el jazz, David Bowie, Madonna, los Beatles, Pink Floyd. La música clásica me fascinaba. Hoy mi pareja es de Argelia, y eso también me abrió a nuevas sonoridades. Empecé a incorporar también un montón de música del norte de África, cosas que me parecen increíbles, el norte de África trae otras sonoridades. Fue como, bueno, venga, venga y voy metiendo, todo va entrando y va quedando en algún rinconcito.

–¿Cómo es tu rutina de composición?

–Me gusta mucho escribir. A veces pienso la canción como una fórmula matemática. Es lo único en lo que puedo estar cercana a la matemática porque en esas cosas no me iba bien, pero para mí la canción es una fórmula. Busco que la ecuación sea perfecta. Escribo mucho. A veces salen cosas muy buenas, otras no, pero igual sirve como ejercicio. También me gusta componer con otros artistas. Es muy lindo cuando alguien te convoca para escribir juntos.

Sol Pereyra.
Sol Pereyra. (Gentileza)

–¿Qué buscás cuando componés?

–Busco provocar lo que a mí me pasa cuando escucho música. Ese momento en que la piel se eriza. Esa emoción. Eso es lo que quiero generar.

–¿Se extraña estando allá?

–Sí, muchísimo. Sobre todo cuando estoy lejos. Y más cuando nacieron mis sobrinos, que son gemelos. Cuando nacieron, eso también influyó en mi decisión de empezar a repartir más el tiempo entre México y Argentina. Todo el tiempo pienso en ellos, incluso cuando no estoy. Pienso qué estarán haciendo, qué dirían, qué les gustaría. Siempre están conmigo, de alguna manera.

Sol Pereyra.
Sol Pereyra. (Gentileza)

–¿Ser madre fue alguna vez un proyecto?

Fue muy loco, porque nunca me lo planteé. Nunca me planteé ni serlo ni no serlo. Eso es lo más raro, porque soy una persona muy mental. Pero no fue un tema fuerte en mi vida. No se dio con las parejas que tuve. También tuve parejas muy parecidas a mí, con otras búsquedas, otras prioridades. Muchas veces fueron compañeros de mi propio proyecto. Esa era la forma de armar el combo y poder seguir en lo mío. No podría estar con una persona que no entienda lo que hago. Entonces, en ese contexto, la maternidad tampoco apareció como una prioridad. Pero no fue un conflicto. Simplemente no se dio. Y hoy siento que mi vida está bien así. Sí siento que soy una persona muy maternal, pero también pienso que hay tanta gente para amar… que el amor se puede ejercer de muchas maneras. No necesariamente siendo madre biológica.

–¿Notás en México el mismo apetito por asistir a recitales que hay acá?

–Sí, hay algo parecido. Se consume mucho lo masivo. Pero siento que los formatos más pequeños están perdiendo espacio. La gente va a vivir una experiencia: grandes shows, con pantallas, luces, toda una puesta. Pero hay muchísimos proyectos musicales que no están en ese nivel masivo y que también son muy valiosos, y que quizás no tienen la misma visibilidad. Antes había más espacio para esos formatos intermedios: shows para 300 o 500 personas. Hoy parece que todo es estadio o nada. Y eso es algo que me llama la atención, tanto en México como en Argentina.

En Suiza (2025) tocando en el Lakelive Festival. Este 2026, paraSol Pereyra también hay gira por Europa. (Gentileza)
En Suiza (2025) tocando en el Lakelive Festival. Este 2026, paraSol Pereyra también hay gira por Europa. (Gentileza) (Gentileza)

Ficha Picante

Sol Pereyra, cantante cordobesa.
Sol Pereyra, cantante cordobesa. (Nicolás Bravo)

Sol Pereyra (45). Es cantante, compositora y multiinstrumentista radicada entre Argentina y México. Comenzó en el teatro independiente a los 10 años y fue cofundadora del grupo cordobés Los Cocineros, referente de la fusión latinoamericana. Integró la banda de Julieta Venegas en el MTV Unplugged y realizó giras internacionales. Su música combina cumbia, bolero, pop y sonidos latinoamericanos con una impronta escénica fuerte.