Crónica. Ricardo Montaner brilló en Córdoba: romántico y monumental
El cantante argentino-venezolano ofreció en Instituto un show emocionante y cargado de clásicos. Gran puesta, gran noche.
Este domingo, pasadas 48 horas del memorable show de Chayanne en Instituto, el estadio se volvió a vestir de gala para recibir a Ricardo Montaner.
El cantante argentino-venezolano pasó por Córdoba en el marco de “El Último Regreso World Tour 2026”, la gira internacional con la que decidió volver a los escenarios tras más de dos años y medio alejado por decisión propia.
Así, el artista retomó el contacto con el público cordobés en un show monumental, repasando 40 años de trayectoria con un repertorio cargado de clásicos.
La cálida noche de Alta Córdoba lo tuvo en plenitud, cantando de manera brillante y en sintonía con las más de 10 mil personas que llenaron los asientos desplegados en el campo.
Así cantó Montaner
Puntualmente a las 21.30, las luces bajaron y el estallido del público dio aviso de la salida de Ricardo Montaner. Luego de que las pantallas muestren un camino de puertas abriéndose, él de traje y con elegancia, se paró en el centro del escenario, respaldado por 12 músicos.
Sin decir una palabra, dio inicio a una noche que prometía recorrer una carrera de éxitos a lo largo de poco más de dos horas.
Inició con Yo que te amé, un hit inmortal. Luego, con una luna gigante en la espalda entonó Será, imprimiendo un palpable clima romántico en el ambiente.
Las pantallas volvieron a mostrar imágenes hogareñas antes de que suene A dónde va el amor. La prolijidad de la banda y el timbre de Montaner dieron la sensación de estar reproduciendo música en el living de esa casa, rozando la perfección en el sonido.

Al finalizar El poder de tu amor, llegó el saludo. El músico agradeció emotivamente el cariño de la gente.
"Esta noche lo primero que se me ocurre decirles es: ¡qué barbaridad de público!", dijo, conmovido. "Los quiero invitar a que estemos en el tiempo presente y que no miremos a través de la pantalla. Esperé como cuatro años para encontrármelos de frente, que me miren a los ojos y yo mirarlos a ustedes", expresó.
Tras sus palabras, su banda se dispuso a tocar una seguidilla de canciones que dejaron sin aliento al coro cordobés formado por el público, que cantaba apasionadamente cada tema. El último regreso, canción que le da nombre a la gira, y Volver fueron celebradas y coreadas.
Montaner se mostró complaciente y de buen humor, mirando fijamente a las primeras filas. Antes de continuar, contó una supuesta anécdota con una fanática que le hizo un reclamo y amenazó con demandar legalmente a un empresario de su concierto porque –según el cantante– no había interpretado las canciones que ella quería. "Para que eso no pase, haremos esta seguidilla de canciones que siempre quedan fuera del repertorio", avisó, antes de enlazar un medley con más clásicos.
El poder de su amor
Las baladas que interpretó conformaron la banda sonora de muchas parejas presentes: varios se cantaban mirándose a los ojos, otros bailaban algún lento pegados y también se filmaban para dejar en sus celulares un recuerdo imborrable.
Sin embargo, con la experiencia de años en el escenario, Montaner cambió el clima e Instituto se convirtió en una fiesta gigante de conga y baile.
Esto sucedió tras otro medley, esta vez rítmico, liderado por su guitarrista Marco Silva. Soy Feliz, Cachita y Conga fueron las pistas que hicieron volar por los aires las sillas del campo. La gente se acercó al borde del escenario para bailar y para armar algunos trencitos. "Vamos que la vida es una fiesta", arengaba el artista.
Bésame, Me va a extrañar y Déjame llorar volvieron a sacarle lágrimas a los asistentes y fueron el anticipando el cierre de una noche estupenda. Antes de cantar Gloria a Dios, Ricardo hizo una extraña analogía sobre la compra de un auto. El mensaje final aludía a dejar la vida en manos de Dios. "Antes de pisar este escenario, le pedí que entre a sus corazones así yo podía ser su vehículo", expresó.

El show terminó con Tan enamorados, con un público muy emocionado que lloró y gritó a los gritos la gran canción del artista. Una explosión de papelitos y Montaner repartiendo toallas fue la última imagen de la jornada.
Ricardo redondó una noche iluminada y eterna, con la certeza de que cada vez que decida regresar a los escenarios deberá pasar por esta ciudad.
Su gente lo esperará siempre.


