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Espectáculos - Música

Polémica. Mundial 2026: canciones sin alma y shows de medio tiempo como el fútbol americano

El Mundial 2026 apunta a un espectáculo global, pero el aumento de eventos ajenos al fútbol tradicional genera divisiones. La esencia del deporte enfrenta desafíos ante la espectacularización.

21 de mayo de 2026, 09:28
Mundial 2026: canciones sin alma y shows de medio tiempo como el fútbol americano
Shakira es una de las protagonistas del Mundial 2026.

Se viene la Copa del Mundo de la Fifa 2026 y, en la previa, ya comenzó la maquinaria para llenar de expectativas al público futbolero alrededor del mundo.

Hay sensaciones encontradas por distintas cuestiones que fueron atentando contra el espectáculo netamente deportivo que es un partido de fútbol. En primer lugar, un formato ampliado para que convivan más selecciones. Luego, un calendario apretadísimo entre competencias de las principales confederaciones, que tendrá a muchos jugadores jugando hasta apenas 10 días antes del inicio de la cita mundialista.

A eso se suman implementaciones absurdas impulsadas por la necesidad de vender publicidad: pausas de hidratación eternas, segmentos comerciales incrustados en las transmisiones y hasta un formato de entretiempo pensado para parecerse al de los grandes eventos deportivos de Estados Unidos, especialmente al fútbol americano.

Nada más ajeno al espíritu del fútbol que convertir el descanso de un partido en un show de medio tiempo. Sí, claro que siempre hubo espectáculos y números musicales alrededor de los mundiales; muchos también recordamos algún show memorable en finales de la Uefa Champions League y la inolvidable presencia de Los Palmeras en una Copa Sudamericana. Pero el centro sigue estando en la pelota. En el partido y en la gente. El espectáculo musical, en estos casos, pasa a un segundo y hasta tercer plano.

Sucede que ahora lo quieren llevar al frente. La intención de equiparar la máxima cita del fútbol mundial con el mayor espectáculo deportivo estadounidense no hace más que copiar aquello que no encaja con este deporte. Y, en el camino, aleja a muchos hinchas de una competencia que cada vez parece más pensada para el negocio que para el juego.

La espectacularización del fútbol

El fútbol, y mucho más un Mundial, no necesita absolutamente nada para atraer. Si nacés en una patria futbolera, durante ese mes todo gira alrededor de la competencia. Verás la mayor cantidad de partidos posible y hasta te engancharás con un Costa de Marfil vs. Ecuador por el Grupo E, simplemente porque es un Mundial y porque el fútbol alcanza por sí solo.

Pero aquí estamos: lanzando canciones estratégicamente diseñadas para pegar en distintas regiones del planeta. Todo atravesado por estudios de mercado, algoritmos y campañas globales. Mucho marketing, poca autenticidad.

Por eso las canciones de mundiales anteriores dejaron huella y las de los últimos años apenas sobreviven unas semanas en redes sociales.

En los últimos meses, la Fifa fue presentando una por una las canciones oficiales que musicalizarán el torneo. Ya apareció una versión cumbiera de Los Ángeles Azules, otra canción de Shakira (que acumula participaciones mundialistas desde Sudáfrica 2010) y un tema apuntado al público sudamericano interpretado por Carlos Vives, Wisin, Emilia y Xavi, entre otras producciones sin alma.

Todas suenan intercambiables. Todas serán olvidadas. Por eso incluso termina destacándose la de Shakira: al menos allí todavía hay una identidad reconocible.

Pero lejos está de impregnarse en el corazón de los futboleros. Atrás quedaron himnos memorables como Un’estate italiana o La Copa de la vida, canciones que trascendían el torneo y lograban condensar una emoción colectiva. No parecían creadas para acompañar una campaña publicitaria, sino para quedar asociadas a un recuerdo.

En el Mundial de Clubes pasado, la estrategia fue por otro lado: trajeron a colación un hit de los '90 como Freed from Desire, de Gala Rizzatto. Y funcionó. No hubo ninguna receta más que recuperar un tema que ya sonaba en estadios e hinchadas. Tal vez se podría haber apuntado ahí.

Pero fueron por Shakira y en Dai Dai parece que no hubo mucho esfuerzo. Un ritmo chato que seguramente sonará en los entretiempos.

La pelota no se mancha

Lo peor del Mundial que se viene ya lo conocimos hace unos días: el espectáculo de medio tiempo que durará ¡30 minutos!

Y si todavía quedaban dudas sobre hacia dónde apunta la Fifa, alcanza con mirar el despliegue artístico preparado para la apertura y el cierre del torneo.

La fase inaugural estará repartida en distintas sedes anfitrionas y combinará artistas locales con figuras globales de la industria musical. En Ciudad de México, el 11 de junio, actuarán Maná, Los Ángeles Azules, Alejandro Fernández, Belinda, J Balvin, Lila Downs y la sudafricana Tyla.

Mientras tanto, en distintas ciudades de Estados Unidos y Canadá también fueron anunciados shows de Katy Perry, Anitta, LISA, Michael Bublé y Alanis Morissette.

Pero el punto máximo llegará el 19 de julio, en Nueva Jersey, donde la final estrenará oficialmente el formato de “Halftime Show”, una tradición importada directamente del Super Bowl. Allí estarán Madonna, Shakira y BTS, además de la participación especial de Chris Martin.

La pregunta inevitable es si el Mundial realmente necesita todo esto.

Porque el riesgo de convertir al fútbol en una plataforma infinita de entretenimiento es que el deporte termine funcionando apenas como una excusa. Como si un partido ya no pudiera sostener por sí solo la atención del público global.

Y, sin embargo, la historia demuestra lo contrario. Nadie recuerda un Mundial por el show del entretiempo. Los recuerdos que sobreviven son otros: el gol del siglo, el relato de Víctor Hugo, la atajada del Dibu a Kolo Muani, el gol de Caniggia a Brasil. Roger Milla, Costa Rica en Brasil 2014, Zidane en Alemania 2006 y podemos seguir hasta mañana. El fútbol ya era el espectáculo más grande del planeta antes de querer parecerse al Super Bowl. Tal vez ahí esté el verdadero error.

El problema no es que haya canciones, shows o fuegos artificiales alrededor de un Mundial. El problema aparece cuando el fútbol deja de ser suficiente para quienes organizan el negocio. Lo que queda, saldrá siempre de las tribunas y del campo de juego.