Entrevista. Ojos Locos vuelve a Córdoba para conmemorar su primer disco: El público del rock aprendió a respetarse y cuidarse
La banda se encuentra girando por los 20 años de "Guerra de Nada", el álbum que nació después de Cromañón y se convirtió en un refugio para seguir adelante. Martín Martines habla de memoria, del presente del rock y de la nueva etapa del grupo.
Hablar con Ojos Locos inevitablemente implica volver sobre una de las noches más oscuras de la historia del rock argentino. La banda de Villa Real fue la encargada de abrir el show de Callejeros el 30 de diciembre de 2004 en República Cromañón, una tragedia que dejó una marca imposible de borrar tanto en su historia artística como en sus vidas personales.
Lejos de haber sido simples testigos, los integrantes del grupo atravesaron el horror en carne propia. Martín Martines, cantante de la banda, y buena parte de sus compañeros sobrevivieron al incendio mientras sufrían la pérdida de 11 familiares y amigos cercanos. Con el paso de los años, Ojos Locos transformó ese dolor en memoria, reconstrucción y también en una postura crítica frente a la desidia institucional que derivó en la tragedia.
Nacida en el oeste bonaerense a comienzos de los 2000, lograron sostenerse activa pese al peso emocional de aquella noche. Entre canciones, escenarios y una historia atravesada por la resistencia, Ojos Locos sigue adelante con la música como refugio y forma de expresión.
Por estos días, el grupo se encuentra girando para celebrar los 20 años de Guerra de Nada, el disco debut que terminó de tomar forma luego de Cromañón y que hoy adquiere nuevos sentidos. El tour los traerá nuevamente a Córdoba, en medio de una etapa marcada por cambios de formación y la preparación de un nuevo álbum de estudio.
“No estamos haciendo un festival de la nostalgia, sino tratando de volver a poner en valor todas esas situaciones, todo ese contexto y esas ideas en este presente, que me parece bastante extraño a nivel social y cultural, como también lo eran aquellos años”, dice Martines al comienzo de la charla con La Voz.
“Sentimos que el disco tiene mucha vigencia. Después, obviamente, se grabó con los recursos que teníamos, que no eran muchos. Fue hecho en una computadora muy rudimentaria y en un estudio acorde a nuestras posibilidades. Pero llegamos a buen puerto”, agrega.
Cromañón y memoria
–El disco se publica tiempo después de la tragedia. Entiendo que, en el medio, tuvieron que recuperarse física y psicológicamente. ¿Cómo hicieron?
–Sobrevivimos a Cromañón y nuestra primera reacción fue recuperarnos como personas. Ayudarnos entre nosotros y ayudar a familiares de víctimas y sobrevivientes, como lo éramos nosotros también. En ese sentido, la música y la banda nos permitieron volver a aferrarnos a algo. Cuando atravesás situaciones tan trágicas, se desarma la idea de futuro, se desarma la esperanza. Guerra de Nada fue nuestro norte, nuestro punto de encuentro para seguir adelante. Tampoco queríamos hacer una bandera y colgarnos de la tragedia para publicitar la banda. Queríamos continuar con nuestra música. Hay referencias menores en las canciones, salvo No la vas a creer, que sí está enfocada en Cromañón.
El tema sigue siendo sensible dentro de la escena del rock. El fin de semana pasado, durante el show de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en Jesús María, se encendieron bengalas de humo en el público. La situación volvió a abrir el debate sobre la memoria y los códigos que dejó la tragedia.
–¿Por qué creés que sigue pasando?
–Hay una cuestión generacional y también mucha desinformación. Hoy hay un montón de chicos que tenían 3 años cuando pasó Cromañón o directamente no habían nacido. Entonces muchas veces no entienden el peso simbólico que tiene eso.
Martines recuerda una situación similar ocurrida en un festival solidario en Buenos Aires.
“Se prendió una bengala y algunos se pusieron a putear. Pero cuando subimos al escenario, me pareció más importante explicarles a los pibes por qué eso genera dolor. Algunos pueden pensar: ‘¿Por qué no puedo prender una bengala si no le hago mal a nadie?’. Pero el tema no pasa solamente por el riesgo físico. Hay una simbología detrás de eso”.
Para el cantante, el rock aprendió mucho después de 2004.
“Nosotros venimos de una cultura rockera donde las bengalas eran algo habitual y hasta se veía como parte del show. Pero después de Cromañón empezó a primar otra cosa: el público del rock empezó a cuidarse y respetarse entre todos. En más de 20 años, nosotros no volvimos a ver pirotecnia en la enorme mayoría de los recitales de rock”.
Nuevos rumbos
Ojos Locos también atraviesa una etapa de transformación interna. Luis Lamas, baterista histórico de la banda, dejó el grupo luego de años combinando el proyecto con Don Osvaldo, la banda liderada por Patricio Santos Fontanet.
“La cantidad de shows, las giras y los ensayos hicieron incompatible sostener las dos cosas al mismo tiempo. Llegó un momento en el que ya era demasiado para un solo cuerpo”, resume Martines.
La salida obligó a una reconfiguración. Hoy la banda está integrada por el propio Martines en voz, Juan Cabral en guitarra, Germán Leitman en armónica, Joaquín Cristalli en guitarra, "Tincho" Viva en bajo y el “Zurdo” Ruíz en batería.
“Los primeros meses de 2025, estuvimos ensayando muchísimo con el baterista nuevo. Sentíamos que no podíamos volver a tocar con una banda verde. Había que retomar desde donde habíamos dejado”, cuenta.
Después de varios meses de trabajo, Ojos Locos volvió a la ruta con una gira aniversario que ya suma cerca de 40 shows.
“Las bandas de rock terminan de cocinarse arriba del escenario. Y hoy sentimos que estamos en un gran momento”, asegura.
La gira finalizará el 10 de julio en Vórterix y luego el grupo entrará al estudio para grabar su próximo disco, el primero desde Tocando mañana (2017). El lanzamiento está previsto para octubre.
“Después del último disco, pasaron muchas cosas. Nosotros ya habíamos decidido bajar un cambio porque veníamos sin parar hacía años, y después llegó la pandemia. Fue una etapa bastante introspectiva para la banda”, explica.
Entre 2023 y 2024, publicaron adelantos como El futuro sin faro y Las sombras del sol, canciones que ya anticipaban el nuevo rumbo del grupo.
“El disco ya estaba bastante encaminado, pero con los cambios de integrantes decidimos esperar para que los músicos nuevos también fueran parte real de este proceso”, señala.
El rock en tiempos de algoritmos
–¿Cómo ves hoy la escena? Sobre todo para una banda representativa del rock barrial de los 2000 que sale a tocar en un contexto completamente distinto.
–La escena cambió siempre. En todas las décadas pasa lo mismo: termina siendo el reflejo de lo que ocurre social y culturalmente. Lo que pasó en estos años es que se agrandó muchísimo la cantidad de gente que consume música en vivo.
Martines cree que el acceso a los recitales se universalizó y que hoy conviven públicos y géneros muy distintos.
“Hace un par de décadas, la música en vivo parecía casi patrimonio exclusivo del rock. Hoy eso cambió completamente. Tenés artistas llenando estadios desde géneros totalmente diferentes, y eso está buenísimo. Hay público para todos los shows”.
En ese escenario, el rock dejó de ocupar el centro dominante que tuvo durante buena parte de los ‘90 y los 2000. Sin embargo, para Martines, eso no significa desaparición.
“Nosotros nunca nos fuimos de ningún lado. Seguimos tocando siempre y nuestra gente siguió estando ahí. Y eso también le pasó a muchas bandas del rock”.
El cantante reconoce el avance de otros géneros y menciona especialmente al pop, al trap y al crecimiento de escenas populares como el cuarteto o el folklore. Pero sostiene que el rock conserva algo difícil de reemplazar.
“Creo que el rock sigue sosteniendo una forma de ver la vida. Hay algo ahí que trasciende lo musical. Quizás hay otros géneros donde el vínculo pasa más por el entretenimiento, pero el rock tiene algo identitario que podés sostener desde los 15 hasta los 50 años. Y eso se transmite generacionalmente”.
Mientras prepara un nuevo disco y encara otra gira, Ojos Locos parece moverse entre dos tiempos: el peso inevitable del pasado y la necesidad de seguir construyendo futuro. En ese equilibrio, Martines insiste en que la banda no busca quedarse congelada en la memoria.
“No estamos celebrando solamente un aniversario. Estamos tratando de entender qué cosas de aquel momento siguen teniendo sentido hoy”, concluye.
Para ir
Ojos Locos se presenta este sábado 30 de mayo. a las 20. en Casa Babylon Club (Blvd. Las Heras 48). Entradas desde $ 25 mil en passline.com.


