Cultura. La memoria se hizo música en Río Cuarto: un cierre de gala para el Otoño Polifónico
Con el anfiteatro del parque Sarmiento a plena capacidad, León Gieco, Juan Carlos Baglietto, Julia Zenko y Ligia Piro, bajo la dirección de Lito Vitale, protagonizaron un cierre de gala que emocionó a una multitud en el marco de una edición que convocó a 20 mil personas durante las cuatro noches del festival.
Bajo un cielo despejado y con una temperatura ideal de 23 grados que invitaba al encuentro, el anfiteatro del parque Sarmiento, en el corazón del barrio Banda Norte, se convirtió en el epicentro de una noche que quedará grabada en la historia cultural de Río Cuarto. No era un cierre cualquiera; era la culminación de la 7ª edición del Otoño Polifónico, un festival que ya se consagró como un evento relevante en la provincia y que este año rindió un sentido homenaje a su impulsor, el fallecido Fernando Sasatelli.
Desde temprano, el movimiento en las inmediaciones del parque presagiaba una jornada excepcional. Mientras el anfiteatro alcanzaba su capacidad máxima, afuera, centenares de riocuartenses y vecinos de la región se acomodaban con sus reposeras y el mate para no perderse ni un acorde de lo que sucedía tras los muros. El ambiente era de una calidez familiar conmovedora: desde infancias correteando hasta adultos mayores que se abrían paso con sus bastones, todos unidos por la misma expectativa. En los ingresos, las escenas de vecinos y de amigos que se fundían en abrazos tras mucho tiempo de no verse le daban al evento un "color" de reencuentro comunitario.
La velada, conducida por María Paula Stecco y Ricardo Sánchez, inició formalmente a las 20.20 con la Orquesta Provincial de Música Ciudadana que estrenó “El Palacio de la Memoria. 50 años de una herida”, bajo la dirección del maestro Damián Torres y las interpretaciones de Mery Murúa y Claudio González, quienes deleitaron con un repertorio dedicado a recordar uno de los períodos más oscuros de la historia argentina reciente, a través de una obra original con textos de Dante Ascaíno.
Sin embargo, el aire ya estaba cargado de un simbolismo especial: en las gradas comenzaron a divisarse los primeros pañuelos blancos, un preludio del homenaje por Memoria, Verdad y Justicia que se realizaría en la antesala del 24 de marzo.
La magia de Vitale y el elogio de Gieco a Baglietto
A las 21.53, la magia terminó de apoderarse del ambiente cuando Lito Vitale se sentó al piano para dar la bienvenida a las voces que harían vibrar el recinto al aire libre: León Gieco, Juan Carlos Baglietto, Julia Zenko y Ligia Piro. La complicidad entre los artistas fue palpable desde el primer minuto. Un momento destacado ocurrió cerca de las 23, cuando Gieco, en un gesto de profunda admiración, elogió a su par Baglietto y lo calificó como “el mejor cantante de América”.

El repertorio fue una travesía por el cancionero popular argentino, pero con una vuelta de tuerca magistral gracias a los arreglos sinfónicos y la participación, en ciertos pasajes, del coro juvenil. Versiones exquisitas de Hombres de hierro, Los Salieris de Charly y Cinco siglos igual aportaron nuevas sonoridades que emocionaron hasta las lágrimas. El punto de máxima intensidad llegó cuando los acordes de La memoria erizaron la piel de los presentes, transformando el concierto en un ejercicio colectivo de reflexión a casi 50 años del golpe cívico-militar.


El clímax emocional no dio tregua con La colina de la vida, Pensar en nada y Como la cigarra, desembocando en el himno indiscutido: Sólo le pido a Dios. Ante una ovación de pie que parecía no tener fin, los artistas hicieron el cierre definitivo a las 23.20 con Todavía cantamos, un ícono de Víctor Heredia, sellando una noche perfecta bajo las estrellas.


Con la presencia de autoridades provinciales y municipales, el festival celebró no sólo su éxito de convocatoria –con un total de 20 mil personas a lo largo de todas sus jornadas–, sino también su reciente declaración como fiesta provincial por la Unicameral.

El Otoño Polifónico bajó el telón consolidado, dejando en Río Cuarto el eco de una gala en la que la música sinfónica y el compromiso cultural se abrazaron para siempre.


