Un orgullo. Esteban Fernández dirigirá la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos
Fue convocado como maestro invitado para dirigir este organismo musical, que es único en el mundo. Cómo se guía a personas no videntes durante un concierto.
Lo primero que se le viene a la cabeza a cualquier persona cuando se le pregunta por un director de orquesta es el estereotipo de un hombre parado frente a un atril moviendo una batuta.
Según las explicaciones básicas, las manos sirven para marcar el pulso, el ritmo y las entradas de los instrumentos, entre otras indicaciones. Pero ¿cómo se dirige una orquesta de ciegos?
El desafío es doble porque a la técnica de dirección tradicional hay que agregarle otras informaciones: ¿qué marcar?, ¿en qué lugar? Se usa el ruido en el atril, o el ruido con la boca, con la respiración.
Argentina es el único país en el mundo que cuenta con una sinfónica de carácter nacional compuesta de músicos ciegos. Se llama Banda Sinfónica Nacional de Ciegos Pascual Grisolía y está compuesta por unos 65 músicos, de los cuales el 80% tiene discapacidad visual. El 20% fue cubierto por personas que ven debido a la falta de músicos para cubrir esas vacantes. Es decir que para formar parte de la banda hay que ser ciego y rendir un concurso, pero, si el puesto queda vacante, se lo puede suplir con alguien sin esta discapacidad.
Esta agrupación, pionera a nivel global, comenzó su trayectoria en 1939 como una escuela técnica y se formalizó como parte del Estado nacional en 1947. Desde entonces, es un orgullo que no ha logrado replicarse en otra parte del mundo.
Sus presentaciones cuentan con la colaboración de solistas y de directores destacados que han consolidado su relevancia en escenarios tanto locales como internacionales.
Durante julio, la banda tendrá una serie de presentaciones para las familias (en el marco de la temporada de vacaciones) con la obra Las aventuras del Principito y contará con el cordobés Esteban Fernández como director invitado.
Fernández nació en realidad en Santa Fe, pero vive en Córdoba desde hace 35 años, cuando eligió esta ciudad para formarse como compositor musical en la Universidad Nacional de Córdoba. Luego siguió su formación como director en diferentes partes del mundo.
Actualmente, se define como cordobés, dirige la banda de la ciudad de Rafaela y es capacitador de varios directores de bandas de la provincia de Córdoba, donde ha trabajado para el Teatro del Libertador San Martín y como archivista y copista de la Orquesta Provincial de Música Ciudadana.

Las particularidades del caso
Consultado sobre cómo le llegó la invitación, Fernández cuenta que ya pasó por la experiencia hace 10 años, cuando el maestro José Luis Cladera, uno de los que más le dieron impulso al proyecto, lo invitó a participar en un concierto.
Hoy, Fernández confiesa sentirse particularmente atraído por los desafíos de este concierto y, pese a que se trata de una invitación, valora que fueron los mismos músicos quienes dieron su nombre.
“Si me preguntás si quisiera seguir con el proyecto, yo te diría que es un sueño. Porque estamos hablando de la Banda Sinfónica Nacional, la que representa a todo un país y después de eso ya no hay más nada (…). Estoy muy agradecido de la invitación de ellos y me siento privilegiado, ya que tuve la suerte de ser el primer director del interior del país invitado a este organismo”, dice orgulloso.
−¿Cómo se dirige a una banda de personas que no ven? ¿Cuál es la gestualidad que comparten?
−La gestualidad de un director normal es marcar todo a través de los gestos, todas las indicaciones, no solamente el tempo, hay un montón de información para proveer sin hacer ruidos, con diferentes tipos de gestos, pero en este caso la información que nosotros le vamos a proveer a la banda es a través de diferentes ruidos y diferentes intensidades de ruidos. Creo que este tipo de organismos es el mejor ejemplo de comunicación entre pares y entre personas de afuera, como es el caso del director. Están muy bien comunicados entre sí. ¿Qué está pasando alrededor mío? ¿Qué tengo que escuchar? ¿Cómo tengo que escuchar? Entonces, muchas veces, técnicamente esa gestualidad se transforma en un clic, con la batuta en el atril. Muchas veces es una respiración, si la música es muy piano, muy tenue, entonces con la respiración, y la forma de respirar, la intensidad de respirar, les marca cómo ellos tienen que entrar. También, si hay un ritardando, se hace un clic en el atril. Todos esos detalles en la partitura están escritos, uno entonces los marca con diferentes intensidades de golpes, o con diferentes intensidades de respiración, a veces hasta se pueden hacer chasquidos con los dedos, de acuerdo a lo que la partitura necesita.
−Al ser un caso único en el mundo, imagino que no se aprende académicamente cómo dirigir a ciegos entonces. ¿Ese lenguaje común fue creado entre músicos de Argentina?
−Sí, porque no hay escuela de dirección, y así como tampoco hay escuelas específicas de instrumentistas ciegos. Las personas ciegas van a un conservatorio tradicional al que vamos todos, lo que me parece excelente, y con el paso del tiempo uno va adquiriendo esas técnicas. En el caso de la dirección, como no hay escuela, entonces tal vez el concertino o los músicos más representativos te dicen “necesitamos esto” o “esto se hace así” (…). Se va aprendiendo con un traslado oral, si se quiere. Algunos directores lo pueden sacar más fácil, y otros directores no lo pueden lograr, y, bueno, se van rotando directores porque la banda en algún momento no se siente cómoda con algunos directores que no logran captar el tipo de técnica.

Músicos de primera
−¿Cómo hacen para leer música? ¿Se utiliza el braile? ¿El repertorio es especial?
−Todas las partituras se las pasan a braille, pero, a diferencia de otros concertistas, ellos tienen días de memorización antes de ir al ensayo. Recién ahí se hace la puesta en común. Se estudian o se memorizan compases (…). Si un organismo normal como la Orquesta Sinfónica del Teatro Libertador prepara el repertorio en una semana, acá, ese repertorio se prepara en un mes. Porque hay que memorizarlo antes de ensayarlo. Pero eso no implica que la calidad y la cantidad de repertorio disminuyan (...). No hay un repertorio especial para ciegos. La obra que estamos ensayando es de carácter sinfónico y de nivel cinco, es decir, del nivel que son las obras más complicadas.
−¿Por qué creés que no hay otras bandas de ciegos en el mundo, sobre todo en países con fuerte tradición de música clásica?
−Es una pregunta que no te podría responder porque yo también me la hago. De hecho, cuando compré la partitura, le conté al compositor y me dijo: "¿Cómo que hay una banda de ciegos?". Tal vez sea un error argentino no publicitarla tanto. Mis maestros, cuando les conté, me dijeron: "¿Cómo que hay una banda?". Es que no la conocen a nivel mundial. Tranquilamente la podría tener cualquier país del mundo. Incluso en la provincia de Córdoba, yo lo he propuesto. He ido a golpear puertas y todavía no he tenido respuestas. Hay mucha gente ciega que tiene una capacidad terrible para tocar instrumentos (...). Una de las mejores percusionistas del mundo que forma parte de la Filarmónica de Londres es sorda, ¡y puede hacer música!
Para ver Las aventuras del Principito
Presentaciones: el ciclo comenzará el miércoles 22 de julio a las 18, en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad (Sarmiento 151, Caba). Viernes 31 de julio a las 17 en el Museo Nacional de Arte Decorativo (avenida Del Libertador 1902, Caba). Sábado 1º de agosto a las 20 en el 16º Ciclo Florida Cultura (Estanislao del Campo 1546, Florida Oeste, provincia de Buenos Aires).

