Cine. Miradas opuestas a "Obsesión": ¿realmente asusta o tuvo una buena campaña de marketing?
Dos opiniones encontradas respecto a la nueva película escrita, dirigida y editada por el cineasta estadounidense Curry Barker, quien también debuta en el cine con este filme. Contiene spoilers.
A favor: El terror en la cotidianidad
por Martina Bär
Desde que estrenó y habiendo costado aproximadamente sólo un millón de dólares, Obsesión no para de recaudar. Con actores casi desconocidos y sin contar con un gran despliegue de efectos, la película de Curry Barker generó un hype impensado.
El fuerte de la película es generar terror con situaciones cotidianas, como una pelea con una pareja, una salida con amigos o incluso un día común en el trabajo. El contexto se va poniendo cada vez más tétrico, sin terminar de comprender lo que está pasando.

Ni siquiera Bear (Michael Johnston) termina de comprender que es lo que está sucediendo, aunque es consciente de que todo es su culpa, desde el momento en el que desea, con un objeto mágico, que Nikki (Inde Navarrette) lo ame más que a nada en el mundo.
La pieza que mantiene la tensión durante las casi dos horas que dura, porque eso es justamente lo que pretende; no asusta, pero incomoda mucho. Incluso genera risas, propias de la incomodidad que no sabe cómo ser expresada (o contenida).
Uno de los elementos más extraños es la falta de explicaciones. Nunca se termina de entender su paradero, si está viva o no, si está sola o acompañada, incluso si sus apariciones sonoras corresponden a este plano o al del “más allá”.

Sin embargo, no parece una carencia del guion, sino que es a propósito: Bear no sabe qué pasó con la esencia de Nikki (porque parece ser una persona diferente a la que solía ser), por ende, el público tampoco.
Todo sale mal por el siniestro manejo de la magia, usada para alterar la voluntad de las personas. La angustia y el sentimiento de que no hay escapatoria son dos constantes en Obsesión, y el verdadero terror radica en saber que existe la posibilidad de cruzarse a alguien como Bear.
En contra: Mucho ruido y pocos sustos
por Giuliana Luchetti
Obsesión llegó con el hype por los cielos. Altas calificaciones, redes saturadas de recomendaciones y la promesa de un terror fresco y con algo para decir. El problema es que la película no siempre está a la altura de lo que se dice de ella.

La premisa tiene potencia: un hombre cuyo deseo egoísta secuestra el cuerpo de una compañera de trabajo, dejándola prisionera de sí misma mientras él aprovecha la situación. El paralelo con Get Out de Jordan Peele es inevitable, y varios críticos ya lo señalaron. La diferencia es que Peele construyó un comentario social afilado y sostenido. Acá hay intención, pero la ejecución se queda a mitad de camino.
Bear arranca como el típico chico tímido con quien uno podría tener algo de simpatía inicial. Eso dura poco. A medida que avanza el relato, queda cada vez más claro que no es un buen tipo en una situación difícil: es alguien para quien importa más ser querido que salvar a su amiga. Hay una escena que lo desnuda por completo: Nikki, en un momento de lucidez, le pide que la mate. Él, en lugar de procesar el horror de lo que está escuchando, se hunde en las sombras murmurando algo así como "¿tan difícil es quererme?". Ahí la película termina de mostrar sus cartas, y son feas. El problema no es que Bear sea horrible persona, lo que funciona dramáticamente, sino que el guion no siempre sabe qué hacer con eso.

Lo que sí funciona, y con creces, es la actuación de Inde Navarrette. Su Nikki, antes y después del deseo, es el corazón del film. Los episodios maníacos que se quiebran de golpe en una sonrisa fija son genuinamente perturbadores. Una lástima que la cámara casi nunca elija quedarse con ella.
Los jump scares son predecibles, el humor no encuentra su tono y el final aplana todo lo que venía construyendo. Obsesión tiene un director con futuro, pero esta vez, el bombo le ganó a la película.

