Mundial 2026. Pablo Lisotto presenta El gran libro de los mundiales: Argentina debería tener una estrella más
El periodista y escritor publicó una obra ilustrada que recorre las historias de todas las Copas del Mundo. En diálogo con La Voz, habló de la Selección, los cambios en el fútbol moderno y las apuestas deportivas.
La fiebre mundialista volvió a instalarse en la vida cotidiana de los argentinos. Mientras transcurre el Mundial 2026, millones de personas siguen los partidos de la selección argentina, pero también se interesan por las historias que surgen alrededor del torneo.
No sólo nos apasionamos con los encuentros de la Scaloneta. También celebramos las sorpresas, seguimos a selecciones emergentes, compartimos memes, debatimos decisiones arbitrales y descubrimos historias inesperadas. El Mundial sigue siendo uno de los pocos eventos capaces de detener al planeta durante un mes.
A la pregunta de por qué una Copa del Mundo genera semejante impacto puede responderse, en parte, con libros como el último de Pablo Lisotto: El gran libro de los mundiales. Su trabajo propone un recorrido cronológico por la historia de estas competiciones, con un lenguaje accesible y acompañado por ilustraciones que funcionan como puerta de entrada para los más jóvenes.
En diálogo con La Voz, el periodista y escritor repasó el origen del proyecto y reflexionó sobre los cambios que atravesó el fútbol a lo largo de las décadas. “A mí siempre me gustó la historia de los mundiales, desde que tengo uso de razón. Tanto lo que viví como todo lo que pasó antes de mi nacimiento. Sobre todo porque desde el primer Mundial hasta hoy cambió absolutamente todo”, explica.
Para Lisotto, gran parte del atractivo de la historia de los mundiales radica en observar cómo cambió el deporte.
“El ejemplo más claro es la Mano de Dios. Hoy no valdría bajo ningún concepto y, sin embargo, tiene un peso histórico enorme. Lo mismo ocurre con la final de 1966 entre Inglaterra y Alemania, que se resolvió con un gol en el que nunca quedó claro si la pelota había entrado o no. Hoy la tecnología lo definiría en segundos”.
También rescata historias que parecen imposibles de imaginar desde la actualidad. “Los primeros mundiales tenían selecciones que cruzaban el océano en barco para competir. Son historias fascinantes que ayudan a entender cómo evolucionó el fútbol”. Según cuenta, el desafío fue condensar toda esa información en una propuesta accesible.
“La idea fue unir todas esas historias en un recorrido cronológico. Quise hacerlo con un lenguaje cercano para los chicos, utilizando al Mundial como excusa para acercarlos a los libros. De alguna manera, es como un álbum de figuritas, pero con contenido e historia detrás”.
–También me llamó mucho la atención algo que desconocía: una Argentina enfrentada con la Fifa y bajándose de algunos mundiales. Hoy las selecciones se matan por clasificar, así que ese tipo de situaciones resultan muy llamativas...
–Sí, claro. En 1938, Argentina se ofende porque, supuestamente, le habían prometido la sede del Mundial y finalmente no se la otorgaron. Entonces decide no participar. Después ocurre algo similar en 1950 y en 1954, pero a nivel de confederaciones. La relación con Brasil estaba muy deteriorada y los enfrentamientos entre ambas selecciones eran cada vez más violentos. En ese contexto, Argentina decide ausentarse del Mundial de Brasil 1950. Siempre me pareció una contradicción interesante. Porque durante el gobierno de Perón hubo una fuerte política de impulso al deporte: los Juegos Panamericanos de 1951, el Mundial de Básquet de 1950 y muchas otras iniciativas. Entonces resulta llamativo que, en ese mismo contexto, Argentina no participara en dos Copas del Mundo. La explicación pasa por cuestiones internas. Además de los conflictos con otras federaciones, Argentina tomó la decisión de que los futbolistas que emigraban al exterior no podían ser convocados a la selección. Una serie de circunstancias desafortunadas hizo que una generación muy talentosa de jugadores terminara perdiéndose dos mundiales.

–Hay dos cuestiones que están generando bastante debate actualmente. Por un lado, la ampliación de la cantidad de selecciones participantes. Y, por otro, las pausas de hidratación durante los partidos.
–No, para mí son dos cosas distintas. Lo primero forma parte de una tendencia en la que el fútbol es cada vez más un negocio y cada vez menos un deporte. Entonces importa menos la calidad de los seleccionados y más la expansión comercial. Más allá de las historias pintorescas que generan algunos equipos, todos sabíamos que selecciones como Curazao podían sufrir goleadas muy amplias frente a las grandes potencias. Después, por supuesto, aparecen resultados inesperados porque el fútbol tiene esa magia, pero no me parece serio que con 48 equipos todavía puedan faltar campeones del mundo. Italia no puede quedar afuera de un Mundial con 48 selecciones. Es más negocio tener a Curazao o a Cabo Verde porque eso le permite a la Fifa expandirse a nuevos mercados. Espero que no sigan aumentando la cantidad de participantes porque empieza a perder seriedad y también profesionalismo. Con respecto a las pausas de hidratación, también fueron un retroceso. En este Mundial se justificaron por las altas temperaturas y ojalá no se repitan en futuras ediciones. Pero ya vemos pausas similares incluso en partidos de Copa Libertadores disputados con clima frío. Están llevando al fútbol hacia un formato de cuatro cuartos con el único objetivo de generar un espacio publicitario en medio del primer tiempo.
Cambia, todo cambia
En la Copa del Mundo 2026, un número histórico de 289 futbolistas compiten para una selección distinta a su país de nacimiento, lo que representa el 23,2% de los jugadores totales. Este fenómeno, impulsado por las migraciones, la doble nacionalidad y raíces familiares, afecta a 40 de las 48 selecciones participantes.
Sobre esta cuestión, Lisotto comenta: “Esto va a seguir aumentando. Es una consecuencia lógica de cómo evolucionaron las sociedades. Los países son cada vez más diversos culturalmente y eso es algo imposible de frenar. Va más allá de una cuestión de aprovechamiento deportivo. Hace muchos años, Carlos Bilardo decía que los africanos iban a ser los mejores en el fútbol. Y, en cierto modo, eso terminó ocurriendo, aunque no necesariamente desde África”.
Tras una pausa, continúa su análisis: “Muchísimas familias emigraron en busca de mejores oportunidades y sus hijos nacieron en Europa. Hoy vemos futbolistas con ascendencia africana jugando para selecciones europeas porque crecieron y se formaron allí. Ahí es donde se entremezclan las culturas. A veces resulta llamativo porque rompe con ciertas imágenes tradicionales. Por ejemplo, puede sorprender ver una selección alemana sin jugadores que encajen en el estereotipo histórico del alemán, o un arquero negro en la selección de Japón. Son cosas que hace algunas décadas hubieran parecido extrañas y que hoy empiezan a ser normales”.
–¿Y cuándo te parece que esta cuestión empezó a hacerse más visible en los mundiales?
–Puedo equivocarme, pero para mí uno de los primeros grandes casos fue la selección francesa campeona del mundo en 1998. Aquel equipo recibió muchísimas críticas dentro de Francia por la cantidad de jugadores con raíces extranjeras. Zinedine Zidane era hijo de inmigrantes argelinos; también había futbolistas de origen africano o caribeño como Lilian Thuram. Sin embargo, terminaron siendo campeones del mundo. Lo interesante es que muchas de esas críticas provenían de los propios franceses. Es un fenómeno que se repite en distintos países.
Tres estrellas
El libro es muy atractivo tanto por su contenido como por las ilustraciones y la invitación a jugar con la trivia y el fixture que contiene. Pablo y Fernando Martirena se lucieron en los dibujos y la diagramación de la obra.
La trivia invita a jugar y a repasar el sinfín de datos curiosos que contiene la historia de los mundiales.
–Actualmente, existe un fuerte arraigo de las apuestas deportivas. Hay aplicaciones, plataformas y grupos de amigos que juegan incluso por dinero. Se popularizó el Prode, ¿cómo ves este fenómeno?
–Sí. En realidad, yo nunca lo consideré una apuesta. Obviamente, el Prode formó parte durante muchos años del circuito de juego legal, pero para mí siempre fue algo más ligado a la diversión. Yo también estoy participando en uno. Me invitó un primo y lo único que quiero es terminar por encima de mis primos en la tabla. Ni siquiera hay premios. Todas las noches nos mandamos capturas de pantalla para cargarnos entre nosotros y ver quién va primero. Creo que ahí está la esencia del Prode: en el juego, la competencia amistosa y la diversión. No tanto en el dinero. Yo nunca aposté ni me interesaron las apuestas deportivas. Ni en fútbol ni en ningún otro deporte.
–Con esta pregunta te quería consultar también por la publicidad de Diego Maradona realizada con inteligencia artificial para promocionar apuestas. No sé si la viste.
–Me parece poco seria. Estoy convencido de que Diego no se habría prestado a una campaña de ese tipo. Lamento que quienes administran su imagen hayan aceptado hacerlo porque, además, está muy mal realizada. La voz no se parece a la de Maradona cuando hoy existen herramientas capaces de clonarla con mucha precisión. Me pareció una publicidad de bajo presupuesto y bastante desafortunada.
–¿Las tres estrellas que tiene Argentina reflejan justamente su trayectoria o podría haber ganado alguna más?
–El fútbol es uno de los deportes más injustos que existen porque no siempre gana el mejor. Tomemos el caso de Argentina en Italia '90. Fue una campaña heroica y muy emotiva, pero si uno la analiza fríamente, aquella selección jugó muy mal. Maradona estaba lesionado, Caniggia hizo un esfuerzo enorme y el equipo llegó a la final prácticamente de milagro. Hubiera sido una enorme historia, pero también una gran casualidad si terminaba levantando la Copa. En cambio, pienso en el Mundial de 2014 y me da la sensación opuesta. Argentina mereció ganar esa final. Hay momentos en los que simplemente te toca y otros en los que no. Por eso creo que Argentina perfectamente podría tener una estrella más. La de 2014 estuvo realmente cerca. Y si hablamos de selecciones que no fueron campeonas, para mí una de las mejores que vi fue la Argentina de 2006.

Para leer: La gran historia de los mundiales
Editorial: Penguin Random House
96 páginas
$ 27.999


