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Espectáculos - Mirá

Opinión. Oriana Sabatini y Dante Gebel: el rechazo a los "outsiders"

Una columna de opinión que analiza las reacciones de la sociedad ante el surgimiento, en la literatura y en la política, de dos personajes ajenos a esos universos.

24 de abril de 2026, 14:54
Oriana Sabatini y Dante Gebel: el rechazo a los "outsiders"
Oriana Sabatini y Dante Gebel, dos outsiders a su manera y en rubros distintos.

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Tautologías como estas no parecen decir nada, pero expresan afán de claridad, discriminación y discernimiento. Expresan, también, la reacción visceral del argentino ante figuras que cruzan el límite de su disciplina, como Oriana Sabatini hacia la literatura, Dante Gebel hacia la política.

Durante dos años, Oriana se abocó a escribir su debut literario, pulirlo en clínicas de obra y sumergirse en la psicología de sus personajes. El resultado es Podría quedarme acá, novela editada por Sudamericana que ya agotó la preventa y será presentada en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el 3 de mayo.

La incursión en literatura de una joven que se dedicó a la actuación, al modelaje, al canto y que hasta lanzó un pódcast ocasionó críticas tempranas para nada positivas, especialmente en redes sociales. Se asume de antemano que la novela carecerá de cualquier valor literario, que el sello editorial calculó las ventas sin reparar en el contenido, y que nada puede aportar al arte literario.

Tal vez el debut de Oriana sea un papelón. Tal vez no. Lo que hay es una resistencia a que deje de ser una figura pop y se convierta en una autora.

Sin etiquetas

En los últimos días, volvió a cobrar relevancia pública Dante Gebel, de profesión comunicador. Es señalado como “pastor evangélico” cuando lo hace un crítico, como “outsider” cuando lo hace un aliado. Por el momento, mientras coquetea con una candidatura presidencial, resulta una figura incómoda.

A la hora de definirse, Gebel emplea la vía negativa para esquivar compromisos. Su formación espiritual es cristiana evangélica y hasta fundó su iglesia en California, pero no se define pastor. Fue convocado por sectores pesados de la política y posó sonriente ante carteles de “Presidante”, pero no se define político. Conduce shows en estadios y La Divina Noche de Dante en televisión, pero no es conductor. Según sus palabras, es “algo más que eso”.

Al no ubicarse en un lugar, los demás lo hacen por él. Su relación con el cristianismo evangélico, su facilidad de palabra limpia de tecnicismos, la gestualidad calma y paternalista hacen que el sello de pastor sea indeleble. Es un extraño, un nativo de ningún lugar al que instintivamente se responde con desconfianza.

En el dominio de la política se aceptan con resignación errores si son cometidos por políticos, porque es lo que se espera de ellos. Al mismo tiempo, la mera aparición de figuras no-políticas suena a un despropósito.

Mientras tanto, la evidencia disponible no inclina la balanza a favor ni en contra del purismo político.

Actuación

Casi como parte de la naturaleza humana, existe una inclinación hacia procurar la pureza y el orden. Disgusta que las cosas sean y a la vez no sean, por eso nos importa tanto la etiqueta y la categoría.

Oriana Sabatini es ubicada en un reino que nada tiene que ver con la cultura literaria, aun cuando nadie sepa ya qué es la cultura literaria ni quiénes pueden entrar o salir de ella. Dante Gebel debería quedarse en su iglesia y no contaminar la política con intereses espurios, aun cuando la política gestiona el poder de acuerdo con inclinaciones de lo más variopintas. Tal vez todo se resuelva con un ejercicio performático: es necesario para verlos como escritora y como político que actúen y tengan la apariencia de tales.

El afán de mantener las aguas divididas, el anhelo de pureza, construye en negativo la fascinación por lo que se prohíbe: el exceso, la mezcla, el caos. De allí que la figura del outsider en política haya resultado en nuestro país psicológicamente cautivante, políticamente vergonzoso y moralmente cruel. Afortunadamente, en literatura se corren otros riesgos.