Sebastián Marroquín. El hijo de Pablo Escobar sobre su serie: Mi familia recién se está enterando de cosas que yo viví
El hijo del líder del cartel de Medellín detalla su vínculo con el narcotráfico, las advertencias de su padre sobre la droga y el rodaje de su nueva serie biográfica.
Sebastián Marroquín, hijo de Pablo Escobar, estuvo en Otro día perdido y habló de la serie sobre su vida: Dear Killer Nannies: Criado por sicarios, que se encuentra actualmente disponible en Disney+ y cuyo relato profundiza en las vivencias íntimas de su niñez y adolescencia junto a quien fue el narcotraficante más buscado del mundo.
Durante la entrevista, Marroquín explicó que el proceso de revelación de estas historias impactó incluso en su círculo más íntimo. Su esposa, con quien mantiene una relación desde hace 34 años, descubrió episodios desconocidos de su pasado a través de los guiones de la serie.
El autor señaló que, a pesar de llevar tres décadas de matrimonio, existían vivencias que nunca habían sido verbalizadas hasta ahora. Este ejercicio de memoria busca mostrar la realidad detrás del mito de Pablo Escobar, alejándose de las versiones que suelen circular en la ficción.
La elección de una mirada latinoamericana
Para llevar esta historia a la pantalla, Marroquín confió en la dirección de Sebastián Ortega, reconocido por su trabajo en la serie El Marginal. La decisión se basó en la capacidad del director para transmitir la violencia carcelaria y su fuerte arraigo en la cultura latinoamericana.
El proyecto se gestó bajo la premisa de que la serie permaneciera y se produjera en la región. Según Marroquín, existieron múltiples ofertas para comercializar su historia, pero priorizó a quienes respetaron sus derechos y la esencia de los hechos relatados.
A diferencia de otras producciones, el foco de esta obra está puesto exclusivamente en su infancia y adolescencia. Durante el rodaje en Colombia, se dispuso de un operativo de seguridad que incluyó vehículos blindados y personal armado para resguardar al equipo.
La paradoja de "el veneno"
Uno de los puntos más críticos del relato es la contradicción de Pablo Escobar respecto al negocio del narcotráfico. Según Marroquín, su padre le aseguraba explícitamente que la cocaína era un "veneno" que no debía consumir.
Esta advertencia resultaba paradójica, dado que el líder del cartel de Medellín era responsable de distribuir cerca del 80% de la droga a nivel mundial. Marroquín recordó haber enfrentado a su padre desde temprana edad, pidiéndole que detuviera los secuestros y los atentados con bombas.
El escritor aclaró que no se siente orgulloso de su historia, aunque enfatizó que no es responsable por las acciones de su progenitor. No obstante, denunció que todavía enfrenta prejuicios y persecuciones por el solo hecho de ser el hijo de Escobar.
Una infancia entre armas y fotos
Marroquín utiliza material de archivo, como las fotos de su primera comunión, para ilustrar la peligrosidad de aquellos años. En ese momento, su padre ya contaba con 10 órdenes de captura y había ordenado el asesinato del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla.
El autor relata que su exposición al riesgo era, en ocasiones, mayor que la de su propio padre. Los enemigos del cartel entendían que la forma más efectiva de dañar al líder era atacando a su hijo, lo que obligaba a una vigilancia constante por parte de sicarios.
Actualmente, Marroquín utiliza estas experiencias en conferencias dirigidas a jóvenes para desmitificar la vida criminal. Su objetivo es demostrar que los momentos de aparente disfrute eran efímeros y estaban marcados por la necesidad constante de escapar de la justicia.

