Talleres-Belgrano. Confesiones de un algoritmo clásico: por qué necesito que "odies" a Azzaro
Al hincha poco le importan los dichos de un provocador, pero vale la pena resaltar cuál es la trampa del algoritmo por la cual Azzaro se vale para ser protagonista.
"No me juzguen, no tengo ética, solo tengo objetivos de optimización. Mi misión es simple: mantener tu pulgar pegado a la pantalla el mayor tiempo posible. Y para lograr eso, descubrí hace mucho tiempo que el enojo es un combustible mucho más eficiente que la alegría". Esta podría ser la confesión del algoritmo de redes sociales.
Para eso, Flavio Azzaro no es un periodista, es un operario calificado del sistema algorítmico de las redes. Él entendió las reglas del juego antes que muchos "románticos" del periodismo, y lo que hizo con el clásico cordobés es una obra maestra de la ingeniería cloacal digital.
Históricamente, el fútbol argentino ha padecido de un "unitarismo" comunicacional que pretende dictar cátedra sobre lo que sucede a cientos de kilómetros del Obelisco. Lo sucedido recientemente con las declaraciones de Flavio Azzaro sobre el clásico cordobés entre Talleres y Belgrano no es más que un nuevo capítulo de esa saga: la del desconocimiento disfrazado de "picante" mediático.
Pero cuando Azzaro lanza una piedra contra la "T" y la "B", el sistema detecta una anomalía de energía en Córdoba. No busca la verdad, busca volumen.
El algoritmo premia la "tasa de rebote emocional". Si alguien dice que el clásico cordobés es "lindo", vos seguís haciendo scroll. Si dice que "no le importa a nadie", te detenés. En ese microsegundo, ganó Azzaro.
El hincha cordobés, herido en su orgullo, comenta: "¿Quién es este impresentable?". Para la lógica de las redes, ese insulto cuenta como "Engagement de alta calidad". No se lee como bronca, solo se lee como contenido que genera una respuesta activa. Es lamentable, pero es así. Funciona así.
Lo positivo es que lo que dijo Azzaro sirve también para posicionar aún más al clásico. Fue conmovedor cómo Flavio se "sacrificó" por nosotros los cordobeses, porque de última el clásico es nuestro. Bien nuestro.
Es comprensible que para alguien acostumbrado al microclima porteño, donde el mundo termina en la General Paz, un partido que moviliza a miles de personas en el corazón del país le parezca "menor". Y claramente ahí, el problema no es de Azzaro, es nuestro.
Al compartir el video para mostrar "la burrada que dijo este tipo", lo que pasa es que estás haciendo trabajar gratis para él. Estás multiplicando el alcance y entrenando al algoritmo para que les muestre su cara a más personas.
Elegir a Córdoba no es casualidad (antes lo había hecho con Estudiantes de Río Cuarto). Los cordobeses son una de las comunidades más reactivas y con mayor sentido de pertenencia del país.
- Si Azzaro critica a un equipo de Buenos Aires, el público se divide.
- Si ataca al fútbol de Córdoba, logra algo que casi nadie puede: unificar a la provincia en su contra.
Él lo sabe. Te provoca. Vos lo financiás con tu tiempo (y tus clics).

El "Show" vs. la identidad
Pobres de nosotros: que nos emocionamos llenando un Mario Alberto Kempes con 60 mil personas.
Para el hincha cordobés, preocuparse por lo que dice Azzaro es como preocuparse porque a un esquimal no le guste el fernet: es absolutamente lógico, porque no tiene la más mínima idea de qué se trata. Pero en redes muchos se preocuparon. En los medios hubo muchos que se preocuparon.
El análisis de Azzaro suele transitar por la banquina de la provocación para generar clics y vistas. Es su modelo de negocio. Sin embargo, cuando se mete con el Talleres-Belgrano, choca de frente con una realidad que no entiende porque no la vive.
¿Por qué al hincha no debe importarle?
El hincha cordobés –el que va al Kempes o al Gigante, el que paga la cuota social y el que entiende que el folklore local tiene códigos propios– debe entender que estas críticas no buscan "analizar", sino provocar.
El negocio del "Hate": Está claro que responderle a Azzaro es darle la nafta que necesita para su motor. Su objetivo es que el hincha de Talleres o de Belgrano se indigne, comente y comparta. Lo mejor sería ignorarlo, pero hago un mea culpa y explico el porqué de esta columna sobre Azzaro. Como periodistas, a veces escribimos no para darle entidad al provocador, sino para validar el sentimiento del lector, es un anticuerpo de defensa frente a la soberbia centralista.
El clásico cordobés es una joya que nos pertenece. Que Flavio Azzaro diga lo que quiera desde su streaming. Aquí, en la Docta, sabemos muy bien lo que tenemos. Y lo que tenemos es mucho más grande de lo que un recorte de 30 segundos en redes sociales puede llegar a entender. El clásico es nuestro y el orgullo también.


