23 aniversario. Alejandro Arias Bazán: de repartir folletos en buzones a convertirse en un referente del maquillaje
Cuando Alejandro Arias Bazán abrió la primera escuela especializada en maquillaje en Córdoba, no tenía un plan B. A 23 años de aquel inicio, repasa sus comienzos y analiza la vigencia de los oficios en un contexto donde la inteligencia artificial redefine el mercado laboral.
“No había plan B. Tenía que funcionar”, sostiene Alejandro Arias Bazán en diálogo con La Voz. Este 2026 la escuela Arias Bazán cumple 23 años formando profesionales y participando en programas, eventos especiales, desfiles y demás encuentros donde la moda y el maquillaje tienen un lugar protagónico.
Su nombre es marca registrada, decirlo es evocar arte y profesionalismo, pero no siempre fue así. Detrás hay muchos años de trabajo y de tomar decisiones que no fueron fáciles, pero le marcaron el camino.

Alejandro sorprende porque no romantiza su trayectoria. No habla de un niño que desde pequeño supo que estaba destinado al mundo del estilismo, o de la moda, sino de un espíritu emprendedor que después de mucho trabajo, noches de insomnio, y de no dejar de reinventarse pudo concretar su propósito de ser referente indiscutible en su rubro.
Alejandro es publicista, y las herramientas adquiridas en su etapa universitaria lo ayudaron a construir su negocio. “Cuando armé la marca lo hice junto con una amiga que también era publicista, y ella no entendía a qué me refería cuando le decía que quería abrir una escuela exclusivamente de maquillaje. No entendía que sea solo eso, porque básicamente no había ejemplos así en Córdoba", contó.
"Así que en un momento me preguntó: ‘¿Vos qué pretendés con esta escuela?' Y yo le dije: ‘Yo quiero ser como Coca-Cola. Quiero que por más que haya otras colas, cuando vos digas cola, digas Coca-Cola’. Sabía que no estaba inventando ningún producto, porque era un formato que ya existía en Buenos Aires. Yo sabía que por más que fuera el primero con el tiempo seguramente iban a existir más escuelas de maquillaje en Córdoba, pero mi idea era que cuando alguien diga maquillaje, piense en la escuela Arias Bazán”, reconoce a continuación.
–Hoy podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que lo lograste
–Sí, y es muy loco recordar todo lo que pasé. En estos 23 años hubo momentos más difíciles que otros, más cansadores que otros. Y siento que mi trabajo, viviendo en este país, es un eterno empezar, sacudirse y volver a empezar. Hay gente que se me acerca y piensa que a esta altura yo no maquillo más, o que me retiré de los eventos, pero no. Yo sigo trabajando en esto.
Lo que no hace más, por ejemplo, es repartir folletos. Cuando arrancaron las redes no estaban de aliadas, y pautar en medios tradicionales estaba fuera de presupuesto para un emprendedor que daba sus primeros pasos. Así que imprimía folletos, los que también eran muy costosos como para entregarlos sin criterio claro.
“Semanas antes de comenzar con los cursos salí a recorrer Nueva Córdoba, pasaba por los edificios que quedaban cerca de mi departamento, tomaba el nombre de la calle, el número, me fijaba cuántos pisos tenía, cuántos departamentos y luego imprimía los folletos, los ponía en sobres, y se los llevaba al portero rogando que se los entregue a los propietarios", reconstruye.
Eso hice con varios edificios y el primer mes de esa forma conseguí las tres alumnas que me permitieron pagar el alquiler”, completa.
Adaptación como regla
En sus comienzos, la escuela Arias Bazán ofrecía exclusivamente formación en maquillaje pero, con el tiempo, la demanda de los propios alumnos empezó a modificar esa estructura.
“Nos pedían otros servicios, como peinados o manicuría. Al principio los derivamos, pero no quedaban conformes con otras escuelas y nos decían que iban a esperar que nosotros dictaramos esos cursos”, explica Bazán. Y reconoce que si bien esa lógica de expansión no responde a su planificación inicial, su costado emprendedor le permitió entender que es “clave” escuchar el mercado.
“El mercado te obliga a moverte”, apunta, al tiempo que asegura que hoy su escuela ofrece un total de 36 cursos y que la lista sigue creciendo. Reinventarse y "encontrarle la vuelta" a su propuesta es una constante en su trabajo.
–La aparición de las redes sociales, los tutoriales, el boom por el skin care deben generado un cimbronazo para quienes están en el rubro. ¿Cómo fue tu experiencia? ¿Sentís que esto revalorizó la profesión o todo lo contrario?
–A nivel empresarial, las redes fueron un alivio. Antes, para estar visible, había que pagar mucho dinero. Y las redes modificaron las condiciones de visibilidad del sector. Pero, como contracara, durante un tiempo se instaló la idea de que se podía aprender maquillaje viendo tutoriales de TikTok. Y esto, claramente, no es así.
–Ahora te llevo al plano presencial, al cara a cara, ¿Cómo resultaron para vos estos 23 años trabajando con la gente, no solo en el rol de docente sino también como parte de eventos de importancia relevante en su vida?
–Nunca, pero nunca, tuve una mala experiencia. Desde el momento en que la gente me contrata, yo sé que estoy al servicio de esa persona. No me pasó nunca una falta de respeto. A mí me gusta trabajar con gente, y uno entiende que está para facilitarle determinadas cuestiones, ya sea en un comercial, una boda o una producción de moda. Y esto es algo que hablo mucho también con mis alumnos. Busco que entiendan que somos parte de un producto para el cual fuimos contratados. No me creo el personaje.
–Entiendo la idea, pero si hablamos de personajes en Córdoba, especialmente en este rubro, vos sos uno de ellos. ¿Cómo se siente ser un referente en tu ciudad, que tu nombre sea una marca registrada?
–A ver… me gusta. Hay gente que me conoce en la calle, voy a comer a un restaurante y me encuentro con exalumnas o modelos que me reconocen. No hay día que no me cruce con alguien, y eso me gusta.
Pero hay un aspecto que lo sorprende incluso a él mismo: la ausencia de hate. “Tengo una comunidad grande en redes, pero nunca tuve una situación rara o violenta, de las que veo con otras personas. Es raro, pero nunca me pasó. Y eso me da mucha paz y tranquilidad”, sostiene.
–La inteligencia artificial es percibida como una amenaza para muchos rubros. ¿Pero qué pensás que ocurre en el caso de oficios como el tuyo?
–Siento que hay una revalorización total de los oficios en este momento. A mí me pasó que en estos 23 años Argentina atravesó numerosas crisis y pese a eso veía que la escuela seguía funcionando. Al principio no entendía por qué, pero luego reparé en que mi escuela era un producto para situaciones de crisis. La gente iba a estudiar para poder tener un oficio, y encontrar una salida laboral. La inteligencia artificial llegó para reemplazar tareas sistemáticas, que tienen que ver con la administración, pero no va a reemplazar los oficios. En este sentido los revaloriza.
En un contexto de cambios tecnológicos y económicos, la escuela Arias Bazán se sigue manteniendo sobre una lógica constante: detectar oportunidades, ajustar la propuesta y sostener el oficio como herramienta de trabajo.

