Su palabra. “No merezco morir por esto”: el duro relato de la mujer de la “kiss cam” de Coldplay con Oprah Winfrey
Kristin Cabot, la ejecutiva filmada junto a su jefe en el show de la banda británica, relató el calvario de amenazas y acoso que sufrió tras el video. Además, confesó un dato impactante sobre su exmarido el día del show.
Lo que comenzó como una noche de música y distracción terminó por convertirse en una pesadilla de escala global para Kristin Cabot. La ejecutiva de Recursos Humanos, que se volvió el centro de una polémica mundial tras ser captada por la kiss cam de un recital de Coldplay junto a su jefe, el CEO Andy Byron, rompió el silencio en una entrevista exclusiva con Oprah Winfrey.
Durante la charla, Cabot detalló cómo un instante de exposición en las pantallas gigantes del Gillette Stadium de Massachusetts transformó su vida privada en un objeto de persecución y escrutinio público.
Según relató, el video alcanzó la astronómica cifra de 300 mil millones de reproducciones en cuestión de horas, lo que desencadenó una ola de odio digital que calificó como "desproporcionada y misógina"
La presencia de su exmarido en el estadio
Uno de los detalles más impactantes de su relato fue la revelación de que su exesposo también se encontraba en el estadio la noche del concierto.
Cabot explicó que, al ver su rostro en la pantalla gigante, su primer pensamiento fue para él, de quien se estaba divorciando en ese momento.
“Mi hija me dijo que él estaba ahí y pensé que sería raro cruzármelo”, confesó ante Oprah, agregando que en aquel momento sintió el peso inmediato del juicio social.
Pese al escándalo, Cabot aclaró que tanto ella como Byron estaban separados de sus respectivas parejas antes del evento. Sin embargo, admitió con autocrítica: “No debí haber salido con mi jefe, pero no merezco morir por eso”
El calvario digital
La protagonista describió las graves consecuencias que el video tuvo para su seguridad y la de su familia. Relató que la dirección de su casa fue filtrada por una radio local, lo que llevó a que personas desconocidas merodearan su casa y le gritaran desde la calle.
“Mi casa era mi lugar seguro, pero dejó de serlo”, sentenció al recordar las amenazas de muerte y los mensajes perversos que recibía constantemente en su teléfono.
Este hostigamiento afectó profundamente a sus hijos, de 14 y 16 años, quienes fueron testigos del miedo que atravesaba su madre.
La presión fue tal que Cabot se vio obligada a renunciar a su puesto, señalando una clara discriminación de género en el trato recibido: mientras su jefe recibió nuevas ofertas laborales, ella no ha podido retomar su vida profesional con normalidad-
Finalmente, Cabot hizo un llamado a la reflexión sobre la violencia en redes sociales, advirtiendo que los linchamientos digitales pueden causar daños irreparables. "Las historias no desaparecen en la era digital; resurgen y se repiten indefinidamente", concluyó.
