Entrevista. Marcos López: El fotógrafo es una especie de hipnotizador
El fotógrafo estará en Córdoba dictando una master class de retrato y exponiendo obras inéditas en Capital Feria de Arte. Antes, explica por qué se cansó de la etiqueta del pop latino y revalora el celular como herramienta para hacer fotos.
Los ojos miran como hechizados hacia la cámara, la lasitud del rostro delata un efecto misterioso, el cuerpo no está contraído sino expuesto en su volumen físico con toda honradez, no sonríe y en esa falta aflora un efecto renacentista de esas princesas rígidas y severas, pero, al contrario de esas princesas, esa falta de risa muestra felicidad o al menos complacencia, como sometida al juego de “esto soy y estoy orgullosa”.
La foto de una vendedora de trajes de rasgos norteños, impecablemente vestida, que posa con una ternura complaciente es uno de los tantos retratos de Marcos López, artista completo que hizo de la fotografía un modo de expresión reconocido en todo el mundo, con sus retratos teatrales y paisajes suburbanos con personajes que se meten en lo más hondo de la cultura popular argentina y latinoamericana.
Marcos López logró algo singular: frente a una imagen, no cabe duda de decir “es una foto de Marcos López”. Es lo que se llama el estilo, esa delicada operación de propiedad de un rasgo, una manera, un “no sé qué” en hacer que sea inmediatamente reconocible el autor. Un estilo que ofrece colores estridentes, ambientaciones teatrales, efectos kitsch sorprendentes por la coincidencia chocante entre lo cotidiano y lo exagerado, la baratija como el sucedáneo aspiracional de la clase media, la ironía finamente desplegada en decorados barrocos con personajes que se inscriben en prototipos reconocibles de la cultura popular nacional leídos a la luz de un concepto noble de arte.
En estos momentos, está febrilmente a punto de editar el libro colaborativo The Walking Conurban y de exponer una gran muestra antológica en la galería Larivière en Buenos Aires.

–Estás haciendo una retrospectiva que muestra 50 años de trabajo. ¿Cómo ves tu propia obra?
–Es muy movilizante y vertiginoso ver toda una vida colgada. Me resulta importante también para asumirme como fotógrafo, porque me estaba queriendo ver como artista, trabajando con la pintura, el dibujo, la escultura, hacer cosas como pintar pingüinos. Traté de concentrarme en mi profesión como fotógrafo y retratista en mis varias etapas, del blanco y negro en analógica, transición hacia el color, puestas en escena, teatralización. Mi fotografía me parece comprometida con la reflexión sociopolítica, porque la década del ‘80, después de la dictadura, era una época en la que parecía que no podía incluirse el humor. Y yo incluí el humor.
–¿El celular ha planteado una novedad en la fotografía?
–Para mí es un paso adelante porque la tecnología avanzó tanto que con un celular y Photoshop se pueden modelizar los pixeles, ajustar el foco, modificar el color, y se hace una copia de un metro por un metro o una tapa de Vogue. Uno se mimetiza mucho mejor entre la gente porque nadie se sorprende con el teléfono. Ya no uso la cámara salvo para producciones grandes. Ahora sólo llevo el teléfono.
–Siempre mostraste interés por la cultura popular, pero sin caer en la pobreza extrema.
–A mí siempre me gustó trabajar con sectores de clase media que tiene que ver con mis orígenes, sobre todo de retratos, y casualmente en esos retratos va a estar basado el curso que voy a dar en Córdoba explicando las distintas maneras de abordaje al retrato, ya sea documental o teatralizado, con puesta en escena, iluminación. Voy a mostrarle a la gente mis distintos abordajes al retrato desde los años '80 hasta mis fotos actuales hechas con el teléfono.

–¿Que ofrece el retrato como virtud, pensando en el retrato de Isabelle Huppert, que la captaste de una manera increíble?
–Teníamos 10 minutos para estar con ella y dejamos los escenarios ambientados y ella vino maquillada y vestida y le hicimos el retrato personificado como una cantante de tango. Una experiencia muy fuerte para mí estar plantado frente a frente con una actriz de semejante magnitud. Con el tiempo me fui dando cuenta de que cuando uno hace retratos se transforma en una especie de hipnotizador, y en un punto da lo mismo que sea una actriz importante o una vendedora de un mercado de una feria. Hay un momento en que se genera una energía entre el fotógrafo y el retratado, y algo de esa emoción que pertenece a los dos sale por los ojos, por eso en general todos mis retratos son mirando a cámara.
–También en la foto en Cabalango se ennoblece una situación cotidiana vuelta arte.
–De eso se trata, yo siento que he tomado cosas de grandes maestros, como August Sander, que trabajaba con la gente de su ciudad. Ahora siento que lo que tenía que decir con la fotografía ya lo dije. Pero a veces ando con el auto, veo algo, paro, saco el teléfono y hago un retrato de una persona que me interesa. Hoy casualmente fui a comprar una silla de ruedas usada para mi mamá a Temperley, y en la media hora que transité en el auto hice como 10 fotos del conurbano que me gustaron, y me dieron ganas de hacer un proyecto de libro sobre el conurbano, que es un gran tema porque habla de la Argentina, de las migraciones internas y de los países limítrofes, es un termómetro de nuestra identidad cultural.

–¿Tu fotografía tiene un mensaje social al rascar temas de la identidad cultural?
–Toda fotografía tiene que tener un mensaje social, porque, si no, no tiene sentido. La fotografía tiene que presentar un diálogo con el espectador, eso es un mensaje social. Me interesa que mi fotografía no sea hermética, que tenga un lenguaje claro, que se pueda entender y que no sea para un grupo sofisticado como un público del arte contemporáneo. Mi fotografía tiene más que ver con The Walking Conurban que con las galerías de arte.

–Te escuché decir que te cansaste de la etiqueta del pop latino.
–Sí, me cansé del pop latino, de alguna manera es un Frankenstein que yo inventé que me está devorando, me aburrí de la pelopincho, de las chancletas, siento que ya lo transité..., lo acepto porque lo inventé yo, pero me cansé. Por eso en los talleres transmito una experiencia, pero no me pongo en el lugar de recomendar y propongo un diálogo para desbloquear emociones, que mi proceso creativo sirva para que cada uno reflexione sobre su propio proceso.
Para ir
Master class de retrato por Marcos López, el viernes 13 de marzo en La Metro. Más info: @lafotosfera
Además, se presentará en Capital Feria de Arte, en Distrito Capitalinas, del 12 al 15 de marzo.

