
Coachella 2026: fotos; los shows centrales para revivirlos; y programa para este domingo
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Redacción La Voz
La edición 2026 de Coachella comenzó el fin de semana pasado y continuará en el que está por comenzar, siempre con la particularidad de que se replica su grilla artística casi en su totalidad. A lo sumo, puede salir Jack White para que entre Kacey Musgraves; es decir, un renacentista del rock & roll por una magnética hada folk.
Entre viernes y domingo pasados, nuestras redes se vieron inundadas de lo que iba sucediendo en el evento que desde hace años se desarrolla en Indio, California, con asistencia casi perfecta de celebrities de allá e influencers de aquí.
En general, el material redondeó una aproximación certera a la música del último tiempo, con escarceos de clásicos como el mismísimo White; como Nine Inch Nails reconfigurado como Nine Inch Noize por la suma del productor germano – iraquí Boys Noize; como Iggy Pop empeñado en burlarse de la muerte cuando empieza su espectáculo saludando con una de sus manos en un ataúd semicerrado.
Y como los ya veteranos (así fueron presentados en la previa por un sitio especializado, como veteranos) The Strokes, quienes clavaron un set más inspirado, ondeado y picante de los que suelen traer al Lollapalooza Argentina.
Pero la centralidad informativa se la llevó Justin Bieber, no sólo por el carácter nostálgico de su set del sábado sino también por su minimalismo.
Minimalismo de verdad, ya que hubo buzo holgado más joggineta en el look, escenario vacío, dos guitarras acústicas para afrontar el tramo inicial en plan fogonero y, atención, una laptop para chequear sus éxitos en YouTube y cantar sobre ellos, mientras batallaba con un wifi vacilante y era agigantado en las pantallas laterales.
En fin, una extrema renuncia a la espectacularidad que generó debates de todo tipo en la interacción de redes simultánea o posterior al show. Mucho más desde que extraoficialmente trascendió que cobró 10 millones de dólares por esta presentación.
Antes de tomar posición, un poco de contexto. El popstar canadiense volvía a los grandes escenarios después de la cancelación del Justice World Tour en 2023 por su padecimiento del síndrome de Ramsay Hunt, una infección viral que causa erupción dolorosa, parálisis facial, vértigo y hasta pérdida de audición.
Por eso, verlo programado con letras capitulares en el line up del Coachella había generado una expectativa enorme, a la que respondió del modo descripto arriba.
La BBC interpretó el gesto de la laptop –cliqueo de videos en YouTube– posterior interpretación a modo de karaoke como “un aparente homenaje a la plataforma en la que fue descubierto”, que, es oportuno agregar, es la que transmite este evento que en su nombre propio lleva el agregado de “Festival de Música y Artes”.
Variety, por su parte, expuso en su crónica que “es difícil recordar otra actuación de un artista importante que incluyera una parte del set dedicada a un karaoke en vivo por internet”. Y Billboard fue el medio más contemplativo con el pasado reciente del artista: “Para Bieber, parecía tratarse más de celebrar su paz ganada con esfuerzo”.
OK, se les toma el punto, lo que quieran, ¿pero se le puede permitir a un popstar llevar todo a ese nivel de simplicidad y de cero artificio?
Evidentemente, los organizadores de Coachella se lo permitieron, aunque no pueden dejar sin efecto una corriente de opinión (a la que este cronista suscribe) que señala que “ya fue todo” en el entretenimiento musical de gran escala.
Porque una cosa es un rapero tirando rimas de modo milimétrico sobre bases (tal como lo hicieron en el citado Lollapalooza Argentina Tyler, The Creator y Doechii), o una artista pop "performando" (Lali dixit) sin músicos (tal como lo hizo Addison Rae en nuestro Lolla y en el mismo Coachella), y otra, muy distinta, abrir la laptop con el objetivo de reproducir tu propio material audiovisual acumulado por años en tu canal de YouTube para cantar arriba de él.
Inconcebible para boomers y hasta para aquellos pertenecientes a la Generación X. Podríamos extender esta franja generacional hasta los millennials, incluso.
Lo cierto es que, más allá de algunas muestras de indignación del tipo “¡¿Cómo puede ser?!” expuestas en redes, Bieber salió empoderado tras su desvergonzado karaoke. Lo prueban la institucionalización Bieberchella como sustantivo temporal y un reciente sismo en Spotify: tras su show del sábado a la noche, en esa plataforma posicionó 21 canciones en el Top 200 Global y alcanzó el número 1 de la lista Global Top Artist, debido a que su catálogo superó los 77 millones de reproducciones en un solo día.
Otro aspecto a destacar de la presentación de Justin Bieber es que su minimalismo contrastó fuertemente con las puestas de las otras headliners, que fueron la estadounidense Sabrina Carpenter y la colombiana Karol G.
En la jornada de apertura, Carpenter llevó adelante una puesta maximalista entre Hollywood y Broadway, guionada con tanta precisión como chispa. Y en la de clausura, Karol G administró con maestría sensualidad, mensajes proinmigrantes más despliegue musical – técnico.
Ante ese nivel de disparidad, varios analistas concluyeron que las mujeres artistas ponen todo porque son más consecuentes con la resonancia del evento en el que expresan y porque a ellas se les exige más.
Y hasta se llegaron a preguntar de modo retórico qué hubiera pasado si, en lugar de Bieber, hubieran sido Carpenter o Karol G las protagonistas del karaoke youtubero.