Comentario. Jurassic World: La Experiencia llegó a Buenos Aires y es tan épica como suena
Una escenografía impresionante, animatrónicos hiperrealistas y una narrativa que atrapa desde el primer paso. La franquicia más famosa de dinosaurios cobra vida en Vicente López y vale cada minuto de la visita.
Hay un momento, al principio del recorrido, en el que, al levantar la vista, un braquiosaurio de tamaño real da la bienvenida. Su sonido, su textura, el movimiento del cuello, sus movimientos… la mente sabe perfectamente que es una construcción animatrónica, pero, el cuerpo, en cambio, reacciona como si no.
Ese instante resume bastante bien lo que es Jurassic world: La Experiencia, que desembarcó en el Complejo Alrío en Vicente López, Buenos Aires, y que se está convirtiendo en uno de los planes más convocantes del invierno porteño.

No es una película, tampoco es un parque de diversiones. Es, como su nombre lo indica, una experiencia inmersiva que toma el universo de Jurassic World y lo reconstruye físicamente con una producción que sorprende en cada sala.
Bienvenida al parque
El recorrido empieza como empieza todo en el universo Jurassic: con la promesa de algo grandioso y la certeza de que en algún punto algo va a salir mal.
Los visitantes suben a un ferry simbólico, atraviesan las puertas icónicas del parque y desde ahí la narrativa no para.

Hay guardaparques y científicos que actúan como guías del recorrido, y que están completamente comprometidos con el relato: responden preguntas, generan tensión, hacen que la fantasía se sostenga. Con los niños, en particular, la magia funciona de manera casi inmediata.
Lo primero que espera es el encuentro con el braquiosaurio, una de las criaturas más grandes que jamás caminaron sobre la Tierra, y la versión animatrónica que protagoniza esta sección no decepciona.
Los visitantes pueden acercarse y observarlo de cerca. Para los más chicos, es un momento de pura fascinación; para los adultos fanáticos de la franquicia, es una oportunidad de apreciar el nivel de detalle puesto en cada elemento de la puesta.
Desde allí, el recorrido lleva a diferentes momentos inolvidables, como el encuentro con los bebés dinosaurios. Un bebé Raptor, criaturas de distintas especies y, para quienes siguieron Jurassic World: campamento cretácico, la presencia de Bumpy, el ankylosaurus que se convirtió en uno de los personajes más queridos.

En varias secciones hay instancias interactivas donde los niños pueden tocar a los “cachorros” de dinosaurios con sus propias manos, y la reacción de los más chicos, que ya venían con los ojos abiertos al máximo, directamente se vuelve indescriptible.
Ciencia, fósiles y carnívoros
El ”Laboratorio de creación genética” es otra de las paradas que se destacan. Allí se explica, de manera accesible y visualmente atractiva, cómo los genetistas de Jurassic World extraen ADN de mosquitos atrapados en ámbar para devolver la vida a los dinosaurios.

La sección (como casi todo el recorrido) combina entretenimiento con información real sobre paleontología y genética, lo que convierte la experiencia en algo más que puro espectáculo. Es también una buena excusa para hablar de ciencia con los chicos sin que lo noten demasiado.
Hay también una zona de excavación donde los visitantes pueden ponerse en el rol de arqueólogos y usar pinceles para desenterrar fósiles. Es uno de los momentos más participativos del recorrido y uno de los que más tiempo retienen a los grupos. Ver a los niños concentradísimos y ansiosos desenterrando fósiles con un pincel pequeño, con la seriedad de quien está haciendo algo importante, es una de esas escenas que quedan grabadas.
El recorrido por el “Valle de la girosfera” suma otro punto de conexión directa con las películas. Hay una girosfera de tamaño real disponible para fotos, y la ambientación del espacio evoca fielmente las escenas que convirtieron a esos vehículos en uno de los íconos de la saga.

El clímax: los carnívoros
Todo lo que vino antes, por impresionante que haya sido, funciona como preparación para la segunda mitad del recorrido. El “Predator Pavilion”, donde habitan los carnívoros, sube la apuesta.
La observación de la Indominus Rex, el híbrido genético creado con ADN de Carnotaurus, T. Rex, raptores y organismos modernos, es uno de los momentos más logrados técnicamente. La criatura es inteligente, impredecible y visualmente imponente.
Luego, el momento más esperado: el Tiranosaurio Rex. Que haya una "falla de seguridad" en este punto del recorrido es parte de la promesa del principio. Lo que sigue es una “secuencia de escape” a través de senderos selváticos y recintos destruidos que combina movimiento, efectos de sonido, iluminación estroboscópica y niebla teatral para generar una tensión genuina.
Hay un paso bajo las fauces del T. Rex que es, sencillamente, épico. El juego de luces y sonidos que acompaña ese momento le da una escala cinematográfica al encuentro con el dinosaurio más famoso de la historia.
Los adultos salen comentando el nivel de la producción. Los niños salen queriendo volver. De hecho, algunos ya visitaron el lugar más de siete veces.

Los detalles que suman
Al final del recorrido hay un espacio de merchandising con remeras, buzos, tazas, peluches y objetos de decoración, pensado para quienes quieran llevarse algo del universo Jurassic a casa.
En cuanto a la logística, Jurassic World: La Experiencia funciona de miércoles a viernes de 14 a 20 y sábados, domingos y festivos de 10 a 20. La duración aproximada del recorrido es de 45 a 60 minutos, aunque sin límite de tiempo una vez pasado el ingreso.
Valor de las entradas
Las entradas arrancan desde $ 36 mil, con packs familiares que ofrecen descuentos del 10% al 15% para grupos de cuatro personas o más.
Para las vacaciones de invierno, es difícil encontrar un plan que combine entretenimiento, emoción, aprendizaje y producción de este nivel, pero Jurassic World: La Experiencia lo tiene todo, y, esta vez, el parque está abierto de verdad.