Gesto. Homenajean a Carlos De Piano y Ricardo Verón, dos bajistas fundamentales del cuarteto cordobés

Este viernes, la tradicional pizzería Don Luis les entregará el premio Antonio Seguí, luego de que sean reconocidos por el Concejo Deliberante.

19 de marzo de 2026 a las 10:18 a. m.
Homenajean a Carlos De Piano y Ricardo Verón, dos bajistas fundamentales del cuarteto cordobés
Ricardo Verón y Carlos De Piano, sultanes del ritmo.

En el mediodía de este viernes 20 de marzo, en la pizzería Don Luis se realizará un homenaje a Ricardo Verón y a Carlos De Piano, dos bajistas del cuarteto cordobés. “A músicos fundamentales en la construcción del sonido del cuarteto, unos de los géneros más representativos de la identidad cultural de Córdoba”, precisa una presentación del tradicional comercio del centro.

Siempre de acuerdo a información oficial, durante el encuentro, el Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba distinguirá a los músicos citados, mientras que la pizzería Don Luis les entregará el premio Antonio Seguí.

“La actividad contará con la presencia de músicos, invitados especiales, autoridades municipales, en un reconocimiento al aporte y la trayectoria de quienes, con el bajo, sostienen el ritmo del cuarteto cordobés”, cierra la nota.

La historia musical de Ricardo Verón

Ricardo Verón es el bajista histórico de Carlos La Mona Jiménez. El primer encuentro con el mandamás lo tuvo a sus 18 años. “Resulta que yo tocaba en un grupo medio moderno, medio cumbiero, en una whiskería. Y un buen día llego para una actuación y estaba tocando el Cuarteto Berna. Recuerdo que un mozo me lo señaló cuando él estaba en escena y me dice: ‘¿Sabés quién es ese que está ahí?’. ‘No, no lo conozco’, le contesté sin imaginar que a partir de ahí haríamos historia juntos. Ese mozo nos presentó y nos fuimos saludando de lejos por mucho tiempo”, reconstruyó el hoy director musical de El Clan, a pedido de La Voz y en una nota de enero 2025.

“Carlos todavía no era identificado como La Mona Jiménez”, aclaró. Y destaca que “esta historia lleva 53 años, más o menos”.

“Eso puede haber sido en el año ‘70, porque ya en el ‘72 se desvincula del Cuarteto Berna y se junta con su tío Coquito Ramaló para hacer el Cuarteto de Oro. Yo empiezo a trabajar ahí el 20 de febrero del año 75″, complementa.

“El proyecto ya tenía como tres años y ya habían grabado como cinco discos. ¿Quién me hizo entrar al Cuarteto de Oro de Jiménez y Ramaló? A ver, ¿quién fue? ¡El gran Manolito Cánovas!”, revela.

–¿Cómo fue eso?

–Manolito tenía el Cuarteto Sucundín, que trabajaba en ese tiempo con los cuatro grandes del género: Cuarteto Leo, Carlitos Rolán, Cuarteto Berna y Cuarteto de Oro. La de Manolito era la orquesta de soporte que ellos tenían para hacer doblete o triplete. Entonces, él tenía buen vínculo con todos. Y pasó que Ramaló se distanció del bajista Raúl Rosell (padre de Martín Rosell, uno de los grandes músicos que tenemos en Córdoba) y lo llamó a Manolo para que le prestara el bajista de Sucundín. Manolo no lo creyó conveniente porque en su orquesta hacían otro tipo de repertorio, y me recomendó porque se acordó que yo tocaba en Seis Para El Ritmo, una orquesta característica que se le animaba a todo.

–¿Entonces?

–Manolo Cánovas vivía en Villa Azaláis, a una cuadra de donde yo ensayaba con Seis Para El Ritmo. Siempre me decía: “Venite a tocar con nosotros”, y yo le contestaba: “No, Gallego, yo estoy en una orquesta chica, voy de a poco”. Pero, aun así, hizo la conexión para que entrara al Cuarteto de Oro aquel 20 de febrero de 1975. Me acuerdo de que debuté en una matiné de la Sociedad Belgrano y que ahí nomás Ramaló me dijo: “Nos tenemos que ir a grabar mañana, ¿querés sumarte?”. Era muy sorprendente para mí porque nunca había grabado, no tenía experiencia, no conocía los temas. Pero Coquito insistió (“Vas a andar bien, ya vas a ver”), y acepté. Así que al otro día estaba viajando a Buenos Aires con el Cuarteto de Oro para grabar el primer disco de mi carrera. Fue Ñácate (1975), uno de los grandes éxitos del grupo. Abrí una puerta muy importante en mi carrera. Estuve del ‘75 al ‘84. Después de eso, nos desvinculamos todos para acompañar a Jiménez como solista, o en el trayecto que lo convirtió en el más grande de todos los tiempos.

El aporte de La Barra

Carlos De Piano fue uno de los miembros clave de La Barra, banda de armó con algunos de sus compañeros de Trulalá.

En la historia del cuarteto, La Barra es la banda que en los ’90 llevó al extremo el crossover que Chébere había insinuado en los ’80. Más que obsesionados con la aprobación del cheto, estos músicos buscaban viabilidad económica y superación artística. Lograron ambas cosas, destacándose en la segunda con un enfoque pop de big bang centroamericana con buenos caños, groove y una voz tan sedosa como entradora.