Musicales. La historia de Braian Mansilla: siete cirugías y un sueño llamado Billy Elliot
A sus 29 años, el bailarín de Bell Ville debutó en uno de los musicales más exigentes de la cartelera porteña. Por primera vez, habla de la cardiopatía que lo acompañó toda su vida y de la que nunca había contado por miedo a que lo vieran diferente.
Braian Mansilla está sentado en La Poesía, el bar notable de San Telmo, con la energía tranquila de alguien que aprendió a medir sus tiempos con más cuidado que la mayoría. Tiene 29 años, viene de Bell Ville, y desde hace algunos meses vive en Buenos Aires para ser parte de Billy Elliot, uno de los musicales técnicamente más complejos que se presentan hoy en la calle Corrientes.
Interpreta al Billy adulto, ese personaje que aparece en una de las escenas más emotivas de la obra, cuando el niño se imagina a sí mismo en el futuro y ambos bailan juntos, en un momento que deja al público con la mandíbula por el suelo.
Hoy, por primera vez, Braian va a contar algo que no había dicho nunca en público. Ni siquiera sus alumnas de toda la vida lo saben.

La audición
Todo empezó por redes sociales, en agosto de 2024. Braian vio la convocatoria para Billy Elliot y se anotó. Mandó el video, donde interpretó una variación del ballet Giselle, y esperó. Pasó un mes sin respuestas y casi lo dio por perdido.
Entonces llegó el mensaje: había sido preseleccionado. La audición presencial fue en el teatro Nacional. Ese día bailó ballet, jazz y tap, y también cantó, con apenas tres clases de canto encima. "Yo no soy cantante. Pero, bueno, después empecé a full y ya van seis meses", destacó.
La espera de los resultados fue en el hall del teatro. Pasó una hora parado con el resto de los audicionantes. "Salieron con una lista. Nombraron a todos los del ensamble, pero no nombraron a ninguno de los bailarines para Billy", recordó. Entonces, Braian se acercó a preguntar y ahí, sin anestesia, dijeron su nombre. "Lloré", destacó, como casi una obviedad.
Después vinieron tres meses de silencio, viviendo todavía en Córdoba, sin contrato firmado, con mucha ansiedad y sin poder contarle demasiado a nadie. Recién en marzo arrancaron los ensayos: siete horas por día, de lunes a sábado, primero en Canal 9 y las últimas semanas en el teatro Ópera, donde se presenta la obra.
Fue entonces cuando se mudó a Capital, con una amiga, después de meses de ahorros para poder hacerlo. Su escuela de danzas en Córdoba quedó con reemplazos. "No podía privarme de esta experiencia", dejó claro Mansilla.

Lo que nadie sabía
Hay algo que Braian cargó durante años, algo que decidió contar recién ahora, sentado en el bar, frente a La Voz. Tiene una cardiopatía congénita llamada tetralogía de Fallot, la cual le valió siete cirugías a lo largo de su vida, la más importante a corazón abierto cuando tenía apenas 1 año.
"Nadie sabía. Cuando me llamaron para esta entrevista, dije 'bueno, lo voy a contar', porque lo tengo escondido", comentó, y destacó que el miedo a contarlo venía de que lo condicionaran, de que no lo llamaran para trabajos, de que lo vieran por sus limitaciones antes que por sus virtudes. "Pero la realidad es que hoy en día estoy perfecto", subrayó.

Cabe destacar que ese camino hasta lo "perfecto" no fue fácil. De chico, los médicos aconsejaban a sus padres que no lo incentivaran a hacer deportes. A los 9 empezó a bailar en casa y su padre lo llevó a una academia dos veces por semana, una hora, "para sacarle las ganas". Hasta los 18, la danza le hacía bien al corazón.
El problema llegó después, cuando bailaba ocho horas diarias preparándose para el Prix de Lausanne, uno de los concursos internacionales de ballet más importantes del mundo.
"Un día no me podía levantar de la cama. Fui al médico y me dijo 'no sé cómo estás vivo'. Estaba muy mal. Tuve que hacer un año de reposo", contó, con un dejo de melancolía por lo que pudo haber sido. Pero, no se quedó de brazos cruzados. "Para mí era lo mismo a no poder caminar. En ese tiempo estuve mal", repitió. No obstante, su familia lo contuvo y lo incentivaron a dar clases, algo más tranquilo para el cuerpo. En marzo de 2016, a los 19, abrió su escuela de danzas en Córdoba.

Hoy baila con otra lógica, aprendida a fuerza de conocerse. "Voy midiendo. Si me siento bien, voy a una clase y al día siguiente descanso, respeto mis tiempos. Con los ensayos del teatro musical, las coreografías son mucho más 'tranquis', no se comparan con bailar un ballet completo", destacó, al tiempo que dejó claro que, por ejemplo, el teatro Colón, con su exigencia extrema, está fuera de sus posibilidades. Aunque, en contraposición, Billy Elliot, con todo lo que implica, no.
Billy y Braian
La conexión entre el personaje y su propia historia es indiscutible, y quizás lo más loco es que haya sido azaroso porque el equipo de producción no sabía nada de su cardiopatía cuando lo eligió.
Billy Elliot es un niño pobre, de una familia que no entiende su deseo de bailar, que crece en un contexto que no acompaña e igual lo logra. Braian creció en Bell Ville, empezó a bailar cuando ningún nene del pueblo lo hacía, y tuvo que aprender midiendo cada esfuerzo contra un corazón que no funcionaba como el de los demás. "La historia es muy parecida a la mía, sólo que mi obstáculo mayor no fue mi padre, sino aprender a bailar con ciertas limitaciones de salud", comparó el bailarín.
Trabaja con tres Billies titulares y con dos reemplazos, todos talentosísimos, cada uno con su manera de moverse. "Cuando bailo con cada uno, me tengo que adaptar a sus dinámicas, a su ritmo. Eso implica estar más atento a ellos", contó sobre la experiencia. La escena que comparten es la que más lo moviliza.

Y también al público, función tras función. Cuando esa escena, con la música de El lago de los cisnes, concluye, los aplausos no terminan. Braian es simplemente perfecto. La expresión de su cuerpo. Su línea fluida, continua e ininterrumpida sólo provoca placer visual y hasta lo hace parecer fácil, casi como si estuviera flotando. La poesía de la transformación del cisne, como la de su personaje, es la suya propia.
En cuanto a su futuro, lo imagina en movimiento: más canto, actuación frente a cámara, quizás una serie, quizás otro musical. Tiene en mente una audición para Billy Elliot en Madrid o en Londres. La historia, dice, todavía no terminó.
Para ver
Billy Elliot se presenta en el teatro Ópera (avenida Corrientes 860, Ciudad Autónoma de Buenos Aires) hasta el 2 de agosto. Las entradas pueden adquirirse a través de Ticketek.

