Historia de amor. La guardiana del mito: Viru, la compañera silenciosa del Indio Solari durante más de 40 años
La muerte del legendario líder de Patricio Rey y sus redonditos de ricota a los 77 años conmociona al país. Detrás del artista que movilizó multitudes impersonales, existió una historia de amor hermética, sólida y leal construida en la intimidad de Parque Leloir.
El dolor paraliza al país. Con la partida física de Carlos Alberto Solari, "el Indio", a los 77 años, la cultura argentina pierde a su máximo poeta urbano y al arquitecto de un fenómeno social sin precedentes.
Hoy las redes y las calles se inundan con sus letras, sus misas masivas y el recuerdo de Patricio Rey. Pero detrás de la leyenda de los anteojos oscuros, existió una vida real, humana y hermética. Y en el centro de ese universo privado estuvo, durante más de 40 años, Virginia “Viru” Mones Ruiz.

Mientras el Indio convocaba multitudes y se convertía en un mito viviente, Viru fue su cable a tierra. Su historia es el reverso silencioso del pogo más grande del mundo: un amor que eligió la discreción absoluta como bandera.
Del barro de los 80 a la paz de Parque Leloir
La relación comenzó en el verano de 1981, cuando los Redondos eran una banda de culto que remaba en la escena contracultural de La Plata. Virginia conoció al músico en una época de total incertidumbre, donde nadie imaginaba que ese cantante de voz penetrante terminaría llenando estadios.
A lo largo de las décadas, y a diferencia del común de las parejas del ambiente, ambos mantuvieron un pacto implícito de bajo perfil. Nunca alimentaron el juego mediático ni buscaron la exposición. Protegieron su cotidianeidad con uñas y dientes.

La llegada de Bruno
En el año 2000 nació el único hijo de la pareja, cuya crianza se mantuvo bajo el mismo manto de privacidad, priorizando la familia por encima del estallido del éxito.
Juntos encontraron el refugio en el Oeste, en su casa de Parque Leloir (Ituzaingó). Ese fue el búnker perfecto para vivir una vida sencilla y tranquila, lejos del ruido ensordecedor de la fama.
Sostén en la última batalla
Los últimos años pusieron a prueba la solidez del vínculo. Tras el diagnóstico de Parkinson que el propio Indio reveló en 2016 y que lo terminó alejando de los escenarios, Viru se convirtió en su cobijo absoluto. Fue su cuidadora, su mánager y la persona que adaptó el hogar para que el músico pudiera seguir creando en sus estudios de grabación a pesar de las limitaciones físicas.

Debido a su extremo hermetismo, las pocas veces que ella rompió el silencio en sus redes se transformaron en un faro para los fanáticos. En una oportunidad, Virginia definió su amor usando una canción de Los Chunguitos: "Nos conocimos promediando el verano del año ’81. Años después, cuando escuché por primera vez Me quedo contigo, encontré las palabras que describían mi amor. Hoy lo siguen haciendo".
Hoy, con la triste noticia de su muerte, esa frase cobra una fuerza desgarradora. El Indio Solari ya es eterno para millones de argentinos que lloran su partida, pero la historia recordará que, detrás del artista que movilizó a un país, hubo una mujer que eligió quedarse a su lado durante toda la vida. Y en su mundo, ese fue el verdadero triunfo.

