Teatro. Estrenan Spinoza, la herejía sin fin: un dispositivo contra la intolerancia

La obra se basa en la excomunión del filósofo en una sinagoga de Ámsterdam, en 1656, y cruza a Cheté Cavagliatto con Diego Tatián. En el Real.

08 de mayo de 2026 a las 11:38 p. m.
Estrenan Spinoza, la herejía sin fin: un dispositivo contra la intolerancia
Chete Cavagliatto dirige Spinoza.

En 1972, cuatro años después de haber fundado el teatro Goethe de Córdoba, la directora Cheté Cavagliatto estaba cursando una beca en Berlín. Entre las exigencias académicas, claro, pasear por la ciudad era una fija dentro de sus irrefrenables ganas de vivir la vida. Y así fue que un buen día se encontró caminando por la Spinozastraße (por la calle Spinoza) y el nombre le llamó la atención. A partir de entonces, investigó sobre el filósofo neerlandés al que le habían “alemanizado” el nombre; se fascinó con sus ideas, y le quedó la “espinita” de llevar una de ellas al terreno de la dramaturgia.

En los primeros ’90, el hoy doctor en Filosofía e investigador del Conicet Diego Tatián también había viajado a Europa para cursar una beca. En su caso, el destino fue Italia y el propósito trabajar un proyecto de filosofía alemana. Pero su director de tesis era Remo Bodei, un gran “espinosista”. Influenciado por él, leyó un libro del sujeto que disparó ese adjetivo y no sólo cambió el tema de su tesis, sino también su vida toda, ya que la obra de Baruch Spinoza se convirtió en su permanente objeto de estudio.

En 2026, Cheté Cavagliatto y Diego Tatián convergen en Spinoza, la herejía sin fin, la obra teatral que este sábado se estrenará en el teatro Real (San Jerónimo 66) y que repetirá funciones los próximos viernes 15 y sábado 16 de mayo.

Una presentación oficial de esta creación recuerda que, en 1656, la comunidad sefardita de Ámsterdam expulsó a Baruch Spinoza por cuestionar la autoridad de las Escrituras y proponer una perspectiva de Dios identificado con la naturaleza.

Luego destaca que la violencia de esa maldición colectiva contra sus ideas y su persona conmovió al judaísmo y produjo, desde entonces, intensos debates teológicos y políticos que se extienden hasta nuestros días.

Y finalmente, concluye que la aniquilación de personas y la persecución de ideas no se explican como un simple acto de intolerancia, sino que expresa algo más profundo: la inestabilidad que la libertad de pensamiento ocasiona en las identidades colectivas.

“¿A quién sacrificamos hoy para evitar confrontar nuestras contradicciones como sociedad?”, se (y nos) preguntan los impulsores de Spinoza, la herejía sin fin, que tendrá como relator desde este presente enrarecido y crispado a Marcelo Arbach, y a Andrés Malakkian interpretando al joven Baruch Spinoza. Hernán Sevilla hará del Rabino Morteira y Raúl Venturini, de El Músico.

Chete Cavagliatto.
Chete Cavagliatto. (Ramiro Pereyra/La Voz)

Cuatro intérpretes, entonces, para recrear El susurro del marrano (Spinoza en teatro), texto que Tatián escribió a cuatro manos con Jorge Eines y que Cavagliatto toma para “sacarse la espinita”. Y también para abonar a su tradición de acudir al teatro histórico para interpelar desde el pasado cuestiones candentes del presente, como violencia, intolerancia y crispación general.

“Realmente creo que es un filósofo que hay que leerlo y que hay que estudiarlo permanentemente porque, por momentos, resulta complicado. Sus ideas valen la pena el esfuerzo. Y sobre todo la que inspira este libro que me acercó Diego, la de la excomunión de Spinoza, que me da la posibilidad de decir que las cosas que están pasando hoy son similares a las padecidas por él en 1656”, dice Cheté Cavagliatto en contacto con La Voz.

“Es un poco lo que hago en mi trabajo; siempre elijo cosas que tengo ganas de decir y que tienen que ver con nuestra actualidad, con nuestra realidad sociopolítica y socioeconómica. En este caso, tomamos concretamente 1656, que es el momento en que lo echan a Spinoza de la comunidad judía. Es una excomunión tremenda por sus ideas y que puede relacionarse con la intolerancia ante personas que piensan diferente que se da hoy. Me pareció sumamente actual el libro de Diego y Jorge”, añade sobre lo que expone una “obra que tiene mucho texto y prácticamente muy poquita acción dramática”.

Chete Cavagliatto.
Chete Cavagliatto. (Ramiro Pereyra/La Voz)

“Hay que estar con la cabeza abierta para escuchar qué estamos diciendo”, advierte Cavagliatto, al tiempo que releva el fundamento de cada personaje.

“Son cuatro personajes. Uno de ellos es el Relator, que vendría a ser como una persona de los medios, alguien que está contando la historia y que está fuera de los personajes de la época. Los otros son Spinoza (de 23 años, cuando lo expulsan), el Rabino Morteira y un Músico, interpretado por Raúl Venturini, quien también es un gran músico en su vida personal”, detalla.

–¿El libro de Diego y Jorge ya tenía estatus de guion teatral o tuviste que desarrollar mucho en ese aspecto?

–En realidad, tiene algunas partes concretamente teatrales y otras que no tanto, pero el material es para que lo agarre cualquiera; se puede hacer en cine o en teatro. Tomamos lo que nos servía para el tema fundamental: la expulsión del pueblo judío por pensar diferente. Diego hizo una especie de dramaturgia nueva para esta obra, pero hay muchísimo más material en el libro. En cada escenita vas descubriendo algo; por ejemplo, las conversaciones con el músico tienen mucha teatralidad porque abundan en diálogo y permiten vislumbrar la personalidad de Spinoza.

Chete Cavagliatto.
Chete Cavagliatto. (Ramiro Pereyra/La Voz)

Escenario y trinchera

Luego de contar la anécdota de la Spinozastraße, rescatada para abrir esta nota, Cavagliatto suma que, a lo largo de los años, fue leyendo a Spinoza e interiorizándose sobre su pensamiento. En ese proceso, hubo otra idea del filósofo que la prendó: “Spinoza cuestiona a ese Dios inmortal para considerarlo una sustancia de la que todos formamos parte: la naturaleza, los seres humanos, los animales”, precisa.

“Esa idea de Dios era considerada atea. Los calvinistas también lo persiguieron por eso. En Ámsterdam había cierta libertad, mientras no surgiese algún ateo en su seno. No se soportaba a la persona que pensaba diferente, como ahora”, completa.

–Si se hace un relevamiento por tus contribuciones artísticas, se destacan las grandes puestas. “Spinoza, a herejía sin fin” se presume modesta en ese aspecto: no busca apabullar desde el montaje, sino guiar la reflexión desde la representación del texto. ¿Es así?

–Se trata de eso, precisamente, de reflexión. Al ser mucho texto y poca acción dramática, no fue fácil resolver cómo poner todo en escena. Hay partes que son prácticamente monólogos e intervenciones del Relator. El Relator es de nuestra época (2026) y cuenta la historia de alguien del 1600 que vamos a presenciar en el teatro. Quizás no sea de gran magnitud, pero la obra tiene puesta en escena acorde con textos que dan la posibilidad de jugar con la fantasía. La puesta en escena es compatible a una cosa más razonada, no tan fantástica. Busca disparar la reflexión más que deleitar visualmente. Jamás voy a renunciar a la puesta, que es un trabajo muy diferente a la dirección de actores. Las dos cosas me apasionan.

–Planteaste que con esta obra te sacás una “espinita”, lo que me da margen para preguntarte sobre cuentas pendientes en lo teatral. ¿Las tenés?

–No, porque lo pendiente es el día a día. Pasé dos años sin hacer nada porque estaba bastante apabullada con la realidad. Antes estrenaba todos los años porque siempre veía que tenía algo para decir, pero ahora es tanto lo que quisiera decir que debo seleccionar. Cuando me llegó esta obra de Spinoza, dije: “Esta es”. Si alguna vez me llega otra cosa que me sirva para usar el escenario como mi trinchera, lo haré.

Filósofo democrático

A su turno, Diego Tatián revela que con Cheté Cavagliatto venían hace un tiempo dándole vueltas a la posibilidad hacer algo juntos. “Habían salido otras ideas y justo produje este libro con un amigo a cuatro manos, un argentino que se fue en la época de la dictadura y se quedó allá en Madrid: Jorge Eines”, empieza el también docente universitario.

“Además, él tiene una escuela de interpretación teatral –refuerza–. Es un tipo bastante reconocido en España y me propuso hacer este libro porque teníamos un amigo muy espinosista. Finalmente, salió el libro, y a Cheté le gustó”.

“Es un libro muy largo y junto con Cheté hicimos una adaptación que es más bien un recorte: seleccionamos algunas escenas y cambiamos el orden, pero no le agregamos nada por la situación. Nos juntamos varias veces y salió el texto que van a representar”, precisa Tatián, quien tiene claro que lo padecido por Spinoza en la sinagoga en 1656 fue una “excomunión” porque se decidió su “puesta afuera” de la comunidad.

“Cuando Spinoza tenía 24 años, no había escrito nada, por lo que toda la historiografía espinosista aún discute qué sucedió realmente. Tomamos ese episodio como núcleo central del libro y luego hay otros que giran en torno a la cuestión de la expulsión, la discriminación y la ‘puesta afuera’ de la comunidad”, analiza.

“Como dispositivo, eso vale para muchas otras cosas, no solamente la religión; la idea es tomar esa función para hacer algo más extenso”, revela.

Al igual que Cavagliatto, Tatián cree que la expulsión de Spinoza tiene “mucha actualidad y una vigencia muy grande si se la trae al presente”.

“Ya por fuera de la religión, se puede aplicar en la política o en situaciones sociales de las más diversas”, señala el investigador que, desde que nada por “el andarivel espinosista” (o desde que Baruch Spinoza se convirtió en su “objeto de estudio académico”), trabaja sobre su filosofía política.

“Y en particular, trabajo el espinosismo contemporáneo –apunta–. Porque Spinoza tiene mucha presencia no solamente en la teoría política, sino también en la psicología, las ciencias sociales y la religión”.

“Es mi objeto académico, pero más allá de eso también me interesan otras dimensiones no académicas de su figura y de sus ideas. Esta idea de llevarlo al teatro es también la posibilidad de volver más sensible a un público más extenso alguna cuestión vinculada a su legado y a su vida”, completa.

–Para resumir y para un ciudadano de a pie: ¿Qué es Spinoza? ¿Cuáles son sus ideas más potentes y las más asequibles?

–Para referirse a él, se usa una palabra que no existía en su época, pero con la que se lo vincula: panteísmo. Era un filósofo panteísta. Esto significa que no hay un Dios trascendente, sino que de alguna manera Dios se confunde con las cosas, con las personas y con todo lo que somos. Eso es desde el punto de vista general.

–¿Y desde algo más particular?

–Lo que tiene más actualidad es su filosofía política. Es uno de los máximos teóricos de la democracia. De hecho, la palabra democracia era bastante problemática para la tradición filosófica; los filósofos, en general, han sido enemigos de la democracia, desde Platón hasta acá. Me parece que es el primer pensador en la tradición que trata de fundamentarla filosóficamente. Sus ideas tienen mucha actualidad hoy, cuando la experiencia democrática está como desfondada, sin salida ni vitalidad, casi convertida en un dispositivo de dominación. La idea original de democracia tiene mucha fuerza y potencia. Sirve para reinventar esa palabra y hacerla significar algo nuevo, pero también para marcar que es algo viejo que se ha perdido. Por eso, Spinoza es un filósofo fundamental.

Para ver

Spinoza, la herejía sin fin se estrena este sábado en el teatro Real (San Jerónimo 66) y repetirá funciones los próximos viernes 15 y sábado 16 de mayo. En escena: Marcelo Arbach (Relator), Andrés Malakkian (Baruch Spinoza), Hernán Sevilla (Rabino Morteira) y Raúl Venturini (El Músico).

Realización de vestuario: Juan Carlos Nieva. Realización escenográfica: Lautaro Lazcano y Rodrigo Lazcano. Asistencia de producción y realización: Caita Barberán. Diseño sonoro: Raúl Venturini. Diseño lumínico: Franco Muñoz. Diseño escenográfico y de vestuario: Santiago Pérez. Texto original: El susurro del marrano (Spinoza en teatro) de Diego Tatián y Jorge Eines. Dirección: Cheté Cavagliatto. Duración: 70 minutos

Edad recomendada: + 16 años. Entradas: Plateas, $ 22 mil; 1° Nivel, $ 19 mil; y 2° y 3° Nivel, $ 16 mil. Disponibles en autoentrada.com y en boletería del Real.