En escena. Así es O!R, la obra que propone cerrar los ojos para volver a escuchar el mundo
Sin pantallas, sin escenario y en completa oscuridad. La creación sonora comenzó a gestarse hace más de 20 años y recorre la historia de la humanidad desde el big bang hasta el año 2000 únicamente a través del sonido.
En un tiempo en el que las pantallas parecen disputarse cada segundo de atención, hay una propuesta artística que apuesta exactamente por lo contrario: apagar la vista para que el oído tome el control.
Esa es la premisa de O!R, una obra sonora que invita al público a sentarse en una sala completamente oscura y dejarse llevar durante 70 minutos por un recorrido que va desde el big bang hasta el año 2000. No hay actores sobre un escenario ni proyecciones. Tampoco imágenes. El relato existe únicamente a través de voces, músicas, efectos y paisajes sonoros distribuidos en un sistema de audio envolvente.
"O!R es la percepción del sonido. Es narrar, solamente con sonidos, hechos de la historia de la humanidad", resume en diálogo con La Voz, su creador y director Fritz Latzina, quien comenzó a imaginar el proyecto en 2003 bajo el nombre Evolusound.
Aquellos primeros bocetos nacieron en el Laboratorio de Investigación y Producción Musical del Centro Cultural Recoleta, en Buenos Aires, donde realizó las primeras pruebas con un sistema de ocho canales independientes. Sin embargo, la idea permaneció durante más de dos décadas en el papel.
"Durante más de 20 años fue creciendo, siempre sin recursos", recuerda.
Cómo se hizo O!R
La posibilidad de concretar la obra llegó recién a fines de 2023, cuando el equipo montó un estudio en Tanti con un sistema de 17 canales independientes y dos subwoofers.
El desarrollo demandó más de 1.500 horas de trabajo y obligó a resolver desafíos tanto técnicos como artísticos. El sonido fue diseñado por Julián Caproli y Joaquín Lavilla Cointe, mientras que Federico Cavallero estuvo a cargo de las composiciones musicales, los climas y los efectos.
"No existe un software que haga todo esto. Hubo que desarrollar un sistema híbrido que combina dos plataformas distintas de audio para que la obra pudiera funcionar", explica.
A diferencia de otras propuestas que se apoyan en grandes despliegues visuales, O!R prescinde deliberadamente de las imágenes.
Para Latzina, la explicación está en la forma en que funciona nuestra percepción: "La vista es matemática, lineal. Vemos una vaca y todos identificamos una vaca. El oído es distinto: es sensorial, ocurre en 360 grados y cada persona completa la escena de una manera diferente".

Por eso –dice el director–, eliminar el estímulo visual no representa una limitación, sino una oportunidad. "La vista distrae al oído. En los momentos más importantes, cerramos los ojos: cuando recordamos, cuando damos un beso, cuando soñamos. El sonido deja que la imaginación trabaje", afirma.
Ese principio también marcó el diseño de la obra. Durante el proceso, Latzina y su equipo incorporan proyecciones y mapping, pero decidieron descartarlos.
"Las personas se quedaban mirando la luz. Distraía. También intentamos que el público permaneciera de pie, pero después de un rato perdía concentración. Terminamos diseñando un espacio con sillas reclinadas, apoyacabezas y apoyabrazos para que el cuerpo pudiera relajarse y la escucha ocupara el centro de la experiencia", comenta.
Un viaje distinto
Aunque todos escuchan exactamente el mismo recorrido sonoro, el resultado nunca es idéntico.
"Sobre los mismos sonidos las personas viajan a lugares distintos. El sonido es el mismo; la imaginación cambia", afirma.
La construcción de cada escena también exigió un trabajo minucioso de espacialización. Cada elemento debía ocupar un lugar preciso.
"Las aves tenían que sentirse arriba, un caballo debía relinchar a la altura de los oídos y los cascos, sonar sobre el piso. El oído nos da la distancia, la ubicación y hasta nos advierte si algo representa un peligro. Es nuestro cerebro el que termina construyendo las imágenes".
Aunque muchas producciones similares suelen promocionarse como "experiencias inmersivas", el creador de O!R evita esa definición.
"Hoy a todo se le pone inmersivo. El término se desgastó. Yo prefiero definirla como una obra sonora", dice.
Y asegura que esa ausencia de referencias visuales es precisamente lo que vuelve singular a la propuesta.
"Acá no hay imágenes y tampoco es un disco remezclado. O!R no tiene referencias".
Al momento de describir qué espera que ocurra con quienes atraviesen esos 70 minutos de oscuridad, el director vuelve a una idea que atraviesa todo el proyecto.
"Me gustaría que las personas perciban, imaginen, sientan y descubran en qué parte de la historia están. Que la vivan con los oídos y viajen a esos lugares. Que el sonido esté arriba, abajo, alrededor... y ellos, en el medio", concluye.
Para ir
O!R se presenta este sábado 25 de julio en Bela (Ángelo de Peredo 325). Entradas, desde $ 10 mil en venti. La capacidad es limitada.
Repiten el 1° de agosto, en el mismo lugar.


