Famosos. Emilia Mernes en Japón: cómo es la tradicional ceremonia del té que vivió en Kyoto
Durante su visita a la antigua capital japonesa, la cantante participó de uno de los rituales culturales más emblemáticos del país. La ceremonia del té combina estética, espiritualidad y hospitalidad.
Luego de su paso por la Semana de la Moda de Milán, la cantante argentina Emilia Mernes continuó su viaje internacional con una parada en Japón. Fue acompañada por Duki, visitó la ciudad de Kyoto, considerada uno de los centros culturales más importantes del país.

En ese escenario histórico, la artista tuvo la oportunidad de participar de una de las tradiciones más representativas de la cultura japonesa: la ceremonia del té.
Las imágenes compartidas por la cantante en sus redes sociales rápidamente captaron la atención de sus seguidores. En ellas se la puede ver vestida con un kimono floral rosa, sentada en posición seiza sobre el tatami, la postura tradicional japonesa que se realiza de rodillas, mientras participa de este ritual que combina hospitalidad, filosofía y estética.
Lejos de tratarse de una simple degustación de té, la ceremonia es una práctica profundamente simbólica conocida como Chanoyu, que puede traducirse como “agua caliente para el té”. También recibe el nombre de Sadō, que significa “el camino del té”.

Este ritual se desarrolló en Japón a partir del siglo XII y está estrechamente vinculado con la influencia del budismo zen, que promovía la concentración y la contemplación a través de actividades cotidianas.
Con el tiempo, la ceremonia fue perfeccionándose hasta convertirse en un arte con reglas y significados específicos. Uno de los grandes responsables de su forma actual fue el maestro Sen no Rikyū, quien estableció cuatro principios fundamentales que todavía guían el ritual: armonía (wa), respeto (kei), pureza (sei) y tranquilidad (jaku).
Estos valores buscan crear un ambiente donde anfitrión e invitados compartan un momento de conexión plena con el presente.

Cómo se desarrolla la ceremonia del té en la que participó Emilia Mernes
La experiencia comienza incluso antes de ingresar a la sala donde se realiza el ritual. Tradicionalmente, los invitados deben atravesar un pequeño jardín japonés diseñado para favorecer la calma y dejar atrás las preocupaciones del mundo exterior.
La ceremonia se lleva a cabo en una habitación llamada chashitsu, un espacio caracterizado por su sencillez. La austeridad del ambiente tiene un propósito: eliminar distracciones y colocar a todos los participantes en un plano de igualdad.

Una vez dentro, comienza el temae, la secuencia de movimientos que el maestro del té realiza para preparar la bebida. Cada gesto está cuidadosamente estudiado y forma parte de una coreografía precisa que se repite desde hace siglos.

El proceso incluye la purificación simbólica de los utensilios, que se realiza frente a los invitados como una muestra de respeto y transparencia. Luego, el anfitrión coloca el polvo de té matcha dentro de un cuenco llamado chawan, utilizando una pequeña cuchara de bambú conocida como chashaku.

A continuación, se añade agua caliente, generalmente entre 70 y 80 grados, y se mezcla con un batidor de bambú llamado chasen. El movimiento del batido, que suele hacerse en forma de “M” o “W”, permite generar una espuma verde uniforme característica del matcha.
Antes de beber el té, los invitados reciben wagashi, dulces tradicionales japoneses elaborados con pasta de poroto rojo conocida como anko. Estos bocados equilibran el sabor ligeramente amargo del matcha.

Cuando llega el momento de beber, el invitado toma el cuenco con ambas manos y lo gira suavemente en señal de respeto hacia quien preparó la bebida. Este pequeño gesto refleja el espíritu del ritual: cada acción está cargada de significado.
La experiencia adquiere un valor especial en Kyoto, ciudad que alberga algunas de las escuelas de té más antiguas de Japón y donde sobreviven numerosas casas de té centenarias.



