Entrevista. El David Aguilar, antes de una minigira cordobesa de tres fechas: Tomo el camino de la exploración

El cantautor mexicano habla sin tapujos sobre las sensaciones que se presentan en la previa de una composición. Y ensaya una explicación de por qué su país vive una constante crispación.

28 de abril de 2026 a las 02:38 p. m.
El David Aguilar, antes de una minigira cordobesa de tres fechas: Tomo el camino de la exploración
El David Aguilar, un mexicano que aprende todo el tiempo de Argentina. (Prensa EDA)

El David Aguilar es un cantautor que zigzaguea entre lo emergente y lo mainstream. Esa consideración está más allá de sus propósitos y de su biografía, que amontona Grammys y otros mojones industriales. Más bien está sugerida por sus pregnantes canciones. Canciones que, por lo general, están surgidas de su guitarra criolla; empoderadas por una idea de colaboración permanente; que cuentan con una indisimulable influencia de la música popular mexicana ;y que por su encanto intrínseco se han convertido en populares o en objetos de veneración por una inmensa minoría.

Para corroborar la belleza y la profundidad del cancionero de este oriundo de Culiacán (Sinaloa) de 42 años, los cordobeses tienen tres posibilidades. La primera será el viernes, a las 21 y en La Sidrería de Villa General Belgrano; la segunda, el sábado en Pez Volcán de Córdoba capital (Marcelo T de Alvear 835); y la tercera, en el Buddhi Bar de La Cumbre.

A esos lugares, El David Aguilar llegará sólo munido de guitarra y pedalera, además de procedente de Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde ya ha ofrecido conciertos y se interrelaciona con músicos amigos. “La paso bien, maravilloso. Viene muy linda esta estadía. He aprendiendo de su gente y he disfrutado de este hermoso país”, diagnostica en el comienzo de su diálogo con La Voz.

–¿Y qué aprendes puntualmente?

–Pues, como he estado trabajando con diversos autores, he aprendido sobre todo perspectivas del arte, de la industria, de cómo ser, de la vida… De todo, la verdad.

–¿Y qué creés que tus amigos músicos o el público aprenden de vos?

–Pues creo que mi punto de vista sobre el arte, sobre las canciones. Me gusta la idea de pensar que pueden llevarse una energía, una manera de ser artística que, si bien no tienen por qué replicarla, algo les puede mover. La gente que me vio tocar en Buenos Aires estoy seguro de que algo se llevó de mi concierto, ¿no? Alguna idea, algún detonante, alguna inspiración para alguna canción. Fueron muchos músicos y artistas a verme.

Para sacarle máximo provecho a la entrevista contigo te pregunto: ¿cómo se hace una buena canción? En la pregunta están implícitas las ideas de seguir fórmulas o de desoírlas para fluir y que el encanto de la composición se imponga por sí mismo.

–Mira, creo que depende mucho cuál sea el objetivo, lo que sea que esté persiguiendo. Porque una cosa es industria, otra cosa es arte, otra cosa es espectáculo, otra cosa es dinero, otra cosa es éxito, otra cosa es público, otra cosa es el autodescubrimiento. O sea a veces todas están interrelacionadas, pero en otras ocasiones, no. Siempre vale tenerlo en claro para saber cuál es la prioridad. Si la prioridad es que funcione algo comercialmente, está muy bien, pero se tiene que decir con esas letras. Porque cuando dices “esto es arte, principalmente, a mí no me importa que lo que pase con esta canción”, y al mismo tiempo que eliges estribillos en función de las tendencias, hay tanta contradicción como deshonestidad.

–¿Cómo reaccionás ante eso?

–Yo siempre insto a los artistas que sepan muy bien qué es lo que desean. O sea, si se tiene una perspectiva más comercial, una visión más de que funcione el tema, de que se quede “pegado” como solemos decir en México, bueno, está muy bien. De hecho, es un reto maravilloso. Pero insisto, hay que decirlo con todas las letras, pues para la cuestión sí hay fórmulas que de pronto pueden funcionar. A veces no pasa, pero se puede perseguir una idea de prendar a un gran público desde ahí. A mí me gusta muchísimo más el camino de la exploración a partir de lo que uno va sintiendo con las canciones, como una cosa personal. Y creo que eso puede llevar a que una canción funcione, si bien no para una gran masa, sí para un grupo valiosísimo de personas que sabrían apreciarlo.

El David Aguilar tiene por delante un gira cordobesa de tres fechas. (Prensa EDA)
El David Aguilar tiene por delante un gira cordobesa de tres fechas. (Prensa EDA) (Prensa EDA)

–Siento a esta respuesta cercana a la idea de que, atendiendo a este impulso personal y prendando público permanentemente, al final llegás al mainstream para complotarlo desde adentro.

–Puede ser. Hay que ser honestos y a veces un poco experimentales, porque ni siquiera siguiendo las fórmulas está garantizado algo. Con un amigo mexicano, con el que producimos en conjunto, siempre decimos que todo está mal visto hasta que lo plantea un gringo. Como que hay recursos que parecen demasiado aventurados o que crees que no van a funcionar hasta que llega alguien de la industria estadounidense usándolos. Como ellos los legitiman, entonces dices “ah, bueno, ahora sí”. Por eso incitamos a los productores a que tomen riesgos, que sean realmente confrontativos con sus sistemas de creencias en relación a lo artístico. Porque, a veces, eso llama más la atención que ceñirse a las fórmulas.

–Tu última canción suena tan conmovedora como íntima. ¿Qué podés decir de “Lumbre”?

–Es una balada muy personal, que tiene que ver con algo íntimo, con algo que viví. Es una de esas baladas que uno escribe porque no puede evitarlo. Una balada de descarga y de confesión, de saciar la necesidad de imprimir un momento muy emocional en música. Ese es como mi modus operandi en el arte. O sea, escribo desde la necesidad de decir cosas, de iniciar un diálogo con las personas. Con el escucha, con mis amigos o con quien esté. O conmigo mismo incluso. Lumbre es eso, una confesión de ganas de actuar, de amar, de sentir, al mismo tiempo que evoca algo vivido en el pasado.

–Has compartido composiciones y canto con Natalia Lafourcade, Mon Laferte y con nuestra comprovinciana Daniela Spalla. Sos afín a una sensibilidad femenina, evidentemente.

–Es cierto que he venido colaborando con muchas mujeres. Con Silvana Estrada, con Mon Laferte, con Natalia… Con Julieta Venegas estoy ahorita, acabo de coproducir su disco último y de componer varias canciones con ella. Con Dani Spalla, como dices, a quien quiero mucho y de quien estoy perfectamente enterado de que es de Córdoba; también he compuesto varias canciones con ella. Hay algo de lo que dices, claramente. Hay algo de feminidad en mi música que no te sabría explicar. Pero soy afín porque conozco bien a las mujeres. ¿Sabes qué pasa?

El David Aguilar tiene por delante un gira cordobesa de tres fechas. (Prensa EDA)
El David Aguilar tiene por delante un gira cordobesa de tres fechas. (Prensa EDA) (Prensa EDA)

–Te escucho.

–Que tengo puras hermanas mujeres, tres. Es un montón, porque además dos son más grandes y una es más chica. O sea, jugué entre mujeres toda mi infancia o crecí entre ellas. Definitivamente tiene que haber algo de eso en mí, por más que también tuve amigos hombres en la cuadra y todo. Pero debe haber prevalecido el hecho de que tuve una condición como de hijo único o de hijo entre mujeres. Crecí entre mujeres, mis tres hermanas, mi mamá y mi abuela. Las conozco más allá de lo consciente. O sea, no soy tan consciente de eso, pero funcionan las mujeres conmigo. Como amigas, claro, no me ha ido tan bien en el amor romántico (risas). Conecto con las mujeres. He hablado poco de esto, así que me gusta que me lo preguntes. La cuestión me ha traído muchos frutos artísticos y laborales que aprecio mucho.

–Ya no vivís en Culiacán, ¿no?

–Mira, en Culiacán tengo mi abuela y algunos tíos y primos, pero de mi familia directa, padres y hermanas, ya nadie vive en el estado de Sinaloa. Estamos más concentrados en el centro del país, en la Ciudad de México. Y luego tengo una hermana en Miami, en Estados Unidos, y otra en Monterrey, en el norte del país. Pero tratamos de ir a nuestra tierra al menos una vez al año. Pero yo, la verdad, ya me siento gato chilango, llevo 24 años en Ciudad de México.

–¿Y por qué creés que la crispación de México siempre está en aumento?

–México pues es un país complicado, muy complicado. Social, política y económicamente siempre ha sido un país muy complejo desde el inicio de su historia. Hay cinco siglos de historia con muchos sabores en la experiencia social. Es un país demográficamente o etnográficamente tenso. O sea, es tenso porque hay mucha comunidad indígena y porque el indigenismo convive con el mestizaje y con la ascendencia más directa con España desde siempre. Y a eso, además de que es poco platicado, nuestra sociedad no lo tiene resuelto. Y lo ha llevado a desigualdades y a violencias que están articuladas incluso en el lenguaje de los mandatarios. Salvo López Obrador, que ha hablado de la cuestión sin dobleces, el resto de los mandatarios no versaban sobre ella. Tenemos que resolver eso pero, al mismo tiempo, nuestro legado cultural nos protege y nos da como incentivos. Es un país rico por todos lados´.