Opinión. Que la crisis no la pague la cultura de Córdoba

Que los museos provinciales hayan reducido su horario y que todavía no haya director en el Teatro del Libertador San Martín muestran falencias en la Agencia Córdoba Cultura.

28 de junio de 2026 a las 08:56 a. m.
Que la crisis no la pague la cultura de Córdoba
Museo Evita - Palacio Ferreyra.

Estimados lectores, ustedes sabrán perdonar la anécdota autorreferencial con la que iniciaré esta columna.

Es domingo por la tarde, son las cinco y cuarto e intento entrar al museo provincial de Fotografía Palacio Dionisi para deleitarme con la muestra "Nino Migliori: 100 años de imágenes". Y cuando cruzo la puerta, la persona que se encarga de la atención al público me frena para decirme que están cerrando.

Pregunto si es por alguna situación en especial y me responde que se trata de nuevos horarios, que no se sabe bien hasta cuándo durarán.

En medio de la confusión, cruzo la calle y voy al museo Evita Palacio Ferreyra y la situación es la misma. Al parecer, todos los museos provinciales lanzaron un nuevo horario que arranca a las 10 de la mañana y concluye a las 17.30, cuando antes el cierre era a las 19.

Un cambio sin aviso

Lo primero por remarcar es que ni la prensa, ni mucho menos los ciudadanos en general, fueron advertidos de manera oficial de estos cambios de horarios, por lo que esta novedad debió tomar por sorpresa a muchas personas –como a mí– e imagino que muchos se habrán llevado un chasco al llegar al lugar y no poder entrar.

Varios días después, los horarios aparecieron cambiados en las redes de las instituciones, pero sin mención alguna a las razones de la alteración.

La Voz se comunicó con fuentes de la Agencia Córdoba Cultura para ratificar esta noticia y la respuesta fue afirmativa: los horarios se cambiaron, y no por razones estacionales (como se había especulado en un principio) sino por cuestiones presupuestarias.

Según las fuentes consultadas, el dinero no se ahorra en personal estable (que por otra parte ya está “pago”) sino en agentes de seguridad adicionales que los lugares requieren para poder funcionar. Aparentemente, según indicaron, el ahorro es tan sustancioso que no hubo lugar para la duda en medio de la crisis.

El cambio me llevó a preguntarme si mi caso particular, el de visitar los museos generalmente los fines de semana por la tarde, no es el de muchos otros.

¿Realmente hay gente que va a estos espacios por la mañana? ¿No sería mejor correr los horarios más bien a la tarde, para que más espectadores puedan acceder?

Esta segunda opción no parece una alternativa válida, si se toma en cuenta que lo que al parecer genera mucho gasto es la seguridad.

Pero si tenemos espacios que ya de por sí generan un gasto (aunque sabemos que la inversión en cultura no debería considerarse "gasto") y no hacemos lo suficiente para que la gente pueda acceder a esos espacios, entonces ese dinero –ahí sí– se habrá ido en vano.

El Teatro del Libertador, otra alarma

Los cambios y recortes en el área de Cultura no sólo se pueden advertir en la situación mencionada, sino que hay otra noticia que puso en alerta al sector: la renuncia del hasta hace poco director del Teatro del Libertador San Martín, Maximiliano Olocco.

En los próximos días se cumplirá un mes de la salida de Olocco y hasta el momento no hay novedades sobre su reemplazo.

Es más, desde adentro del teatro se advierte la peligrosa sensación de que a las autoridades de la cartera no les urge resolver este tema. “No hay ningún cambio; todo sigue como antes”, respondió una fuente del área ante la consulta de este medio.

Habría que recordarles que, aunque la programación siga, las cosas no están como antes desde que el máximo coliseo provincial, del cual dependen nueve elencos oficiales, quedó acéfalo.

Además, el propio Olocco reveló a La Voz que su partida tuvo que ver en parte, aunque no exclusivamente, con las cuestiones presupuestarias y las diferencias con el nuevo titular de la Agencia, Marcelo Rodio.

La sensación que hay en el sector de la cultura, ya sea en los órganos oficiales como en los actores que conforman la escena independiente, es de desamparo.

La crisis golpea a todas las producciones que intentan sostenerse con la venta de entradas y, ahora también, a aquellas que dependen de la inversión estatal.

En momentos de crispación y desprotección como el actual, en el que el mercado ha mostrado sus fauces, el papel de las políticas culturales se torna más necesario que nunca. No queda otra que recordárselo a aquellas autoridades que lo hayan olvidado.

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