En Netflix. Comentario de Mensajes de voz para Isabelle, la comedia romántica de la que todos hablan
La película mezcla humor y emociones en una historia que aborda el duelo y el amor, todo con la estética típica de las producciones de la plataforma. Calificación: buena.
Otra vez Netflix combina los ingredientes de siempre con la misma receta que tantas reproducciones le ha dado. Y está bien que así sea, porque ¿desde cuándo repetir una fórmula que funciona debería cambiarse en nombre del arte, de la originalidad o de cualquiera de esos argumentos un tanto pretenciosos que muchos esgrimen a la hora de defenestrar las producciones de la plataforma?
Netflix vuelve a hacer su habitual comedia romántica en Mensajes de voz para Isabelle, segundo largometraje de Leah McKendrick, con los necesarios toques dramáticos para aflojar un poco las lágrimas y con todos esos elementos que ya conocemos de memoria, distribuidos exactamente como siempre, incluida la canción pop pegadiza para levantar el entusiasmo tanto al inicio como al final (en este caso, otra vez, la infalible Dancing On My Own, de Robyn, que ya habían usado este año en Gente que conocemos en vacaciones) y las situaciones melosas que tanto nos gustan, sobre todo cuando se trata de una historia romántica bien cursi, bien liviana, bien pasatista, para ver de un tirón y disfrutar como se disfruta un chocolate en rama con un vaso de Coca-Cola.
Este tipo de películas son golosina pura, son irresistibles, no queda otra que darles play, y más si la protagonista es alguien que resuelve este tipo de personajes de taquito, como Zoey Deutch, que acá interpreta a Jill, una aspirante a pastelera que vive en San Francisco y trabaja para el exigente chef Bastien (Nick Offerman).
De qué se trata Mensajes de voz para Isabelle, la película romántica de Netflix
La película presenta primero la estrecha relación entre Jill e Isabelle (Ciara Bravo), su hermana menor, que padece fibrosis quística y vive en Austin, y a quien le cuenta todo a través de llamadas y mensajes de voz. Pero la repentina muerte de Isabelle deja a Jill devastada, y para intentar sobrellevar la pérdida continúa enviándole audios a su antiguo número, sin saber que ha sido reasignado a Wes (Nick Robinson), un agente inmobiliario de Austin.
A partir de ahí, Wes comienza a interesarse en la vida de Jill. Gracias a los mensajes que ella le deja a su hermana, la va conociendo poco a poco y descubre intimidades que luego utilizará para acercarse a ella. También se divierte con algunos de sus fracasos amorosos, como los que tiene con Arthur (Lukas Gage), un compañero de la escuela de repostería, y con Tyler (Toby Sandeman), un famoso conductor de pódcast.
Por supuesto, muy pronto Wes se da cuenta de que Isabelle ha muerto, de que no puede seguir escuchando mensajes ajenos y de que tiene que decírselo a Jill, tal como le aconsejan sus amigos Andy (Harry Shum Jr.) y Breeda (Leah McKendrick), que están comprometidos.
Hasta que finalmente Wes viaja a San Francisco para conocerla y decirle que estuvo escuchando los mensajes que ella le enviaba a su hermana.
El encuentro es en el puente Golden Gate, el refugio de Jill cuando necesita hablar con Isabelle o recuperarse de algún fracaso amoroso, porque ese es otro ingrediente característico del género: los múltiples desencuentros sentimentales antes de encontrar el amor verdadero.

Todo transcurre con esa fotografía prolija y nítida de Netflix. Todo resulta empalagosamente agradable (a pesar de algunos golpes bajos), en una suerte de mezcla, bastante efectiva, entre Bajo la misma estrella y Tienes un e-mail.
Deutch es una maestra para este tipo de películas, y Robinson no se queda atrás, aportando lo más importante que debe tener toda comedia romántica: química entre los protagonistas. En eso, Mensajes de voz para Isabelle no falla.
Para ver Mensajes de voz para Isabelle
Voicemails for Isabelle, Estados Unidos, 2026. Drama, Comedia. Guion y dirección: Leah McKendrick. Elenco: Zoey Deutch, Nick Robinson, Harry Shum Jr., Leah McKendrick, Ciara Bravo, Toby Sandeman, Nick Offerman, Lukas Gage, Megan Danso, Tanis Dolman y Gil Bellows. Fotografía: Julia Swain. Música: Este Haim y Amanda Yamate. Duración: 118 minutos. Apta para mayores de 13 años. En Netflix.

