Cine. Miradas opuestas de El último gigante, la película con Oscar Martínez que está entre lo más visto de Netflix

El filme dirigido por Marcos Carnevale ofrece un relato sobre la muerte y la reparación familiar. Dos miradas de la película. Contiene "spoiler".

11 de abril de 2026 a las 03:39 p. m.
Miradas opuestas de El último gigante, la película con Oscar Martínez que está entre lo más visto de Netflix
"El último gigante" lidera el ranking de películas de Netflix.

A favor: Dignificar el final

Brenda Petrone Veliz

Netflix estrenó la película argentina El último gigante, dirigida por Marcos Carnevale y protagonizada por Oscar Martínez y Matías Mayer. Ambos actores atraviesan dilemas éticos y filosóficos sobre la vida y la muerte digna en la piel de Julián y Boris, un padre y su hijo que se reencuentran en Misiones después de 30 años.

Los temas que atraviesa el largometraje fueron objeto de discusión en las redes, en especial el pedido que le hace el expiloto al guía turístico después de desaparecer de su vida para volver con su otra familia. No obstante, ese es el punto fuerte de la película.

Si bien el director le dijo a La Voz que “su intención nunca fue emitir juicio” sobre los personajes, al público se le hace inevitable. En consecuencia, se activa el debate y el verdadero sentido del filme: “Dignificar el final (de la vida) y que las personas que acompañan a quien se está yendo entiendan que hay una mejor manera de salir sin condenar”.

Que una película argentina ponga sobre la mesa la eutanasia, teniendo en cuenta que solo en Córdoba existen hoy más de 420 inscriptos en el Registro de Voluntades Anticipadas, es muy valioso. Hay algo ahí, y Martínez y Mayer saben interpretarlo, sin caer en la solemnidad de la muerte.

La emoción de la historia traspasa la pantalla y le pega de lleno al espectador. El último gigante es una película para llorar, pero también para aplaudir el trabajo de Inés Estévez, Silvia Kutika y Luis Luque. Si bien sus papeles son secundarios, acompañan la dureza de los temas de manera sutil y empática.

Por último, el rodaje en las cataratas del Iguazú aporta un signo poético que sigue el flujo de la historia, elevando la estética visual de la producción.

En contra: Floja y sin ritmo

Nicolás Lencinas

El último gigante es una película floja. El director no logra sostener el ritmo de la narración y la trama presenta algunos grises que atentan contra el relato.

Julián aparece en una excursión en Misiones 28 años después, para retomar el contacto con un hijo al que abandonó cuando era niño. Como era de esperarse, el protagonista lo rechaza. Entonces, el expiloto busca, por todos los medios posibles, hablar con él para contarle que va a morir a causa de un cáncer fulminante.

En ese contexto, se reencuentra con la madre de Boris, y ambos acuerdan, de manera tácita, que ella (Inés Estévez) lo ayudará a que su hijo ceda.

Esta situación se extiende durante unos 50 minutos: el desencuentro, la rabia de Boris y su negativa a ver a su padre. En el resto de las escenas, poco se le muestra al espectador de cómo son ambos. Solo sabemos que Julián era piloto, y nada más.

Las participaciones de Luis Luque y Yoyi Francella, como amigo y novia, respectivamente, resultan casi escenográficas. Aportan poco más que su presencia.

Algo similar ocurre con Silvia Kutika, la esposa de Julián, aunque tiene momentos destacados, especialmente cuando aparece en la clínica tras la golpiza que Boris le propina a su padre. Luego de un perdón inesperado –poco desarrollado en el relato–, Boris mantiene con su personaje uno de los mejores diálogos de la película. Silvia cuenta allí cómo tomó la noticia de la doble vida de su esposo.

Cuando Julián se recupera, se produce este esperado reencuentro cargado de rencores y reproches, y el filme cierra como debía: con el perdón de Boris. Sucede que no hay diálogos ni escenas que vayan tejiendo esa redención. Simplemente pasa.