Netflix. Miradas opuestas a Envidiosa, temporada 4: ¿la disolución de la serie o la entrega más humana de todas?
La última temporada de Envidiosa llegó a la pantalla de Netflix con nuevos personajes y situaciones que darán cuenta de los aprendizajes (o no) de Victoria Mory.
A favor: Como la vida misma
Por Martina Bär
Es cierto que la cuarta y última temporada de Envidiosa no aporta casi nada nuevo a la historia, más que la aparición del hijo de Matías (Esteban Lamothe) y la adaptación de Vicky (Griselda Siciliani) a la rutina de un nene de nueve años.
Pero ¿no es acaso la temporada más verosímil de todas? ¿Quién tiene una vida con tantos sucesos fuertes y trascendentales?

Envidiosa es una serie que, en sus primeras entregas y desde la parodia, buscaba que empaticemos con la protagonista, exponiendo los sentimientos más oscuros y humillantes que todos tenemos por la simple condición de seres humanos.
Esta última parte no es la excepción. Aunque ya no nos ofrece una Victoria al borde de un ataque de nervios constante, nos muestra cómo intenta afrontar situaciones, viejas y nuevas, con las herramientas que tiene, proporcionadas por Fernanda (Lorena Vega), su psicóloga, durante todas las temporadas.
Vicky tiene que duelar y aceptar los acontecimientos de la temporada anterior que la llevaron a entender que su verdadero deseo no es ser madre, después de toda una vida anhelándolo.

También se encuentra en medio de la dura tarea de tener que perdonar a su mamá por los traumas de su infancia, sabiendo que Teresa (Susana Pampín) siempre hizo lo mejor que pudo con lo que estaba a su acotado alcance.
Aceptar que algunas de las cosas que deseamos nunca sucederán y que el tiempo no puede regresar para cambiar tantas otras es un escenario universal. Victoria Mory está más humana que nunca en esta última etapa.
Vemos a un personaje que se chocó contra la pared y aprendió de sus errores, aunque pueda volver a cometerlos. El proceso nunca es lineal. Esta temporada nos ofrece un vistazo de la parte, casi al final, de este recorrido terapéutico.
En contra: Verdaderamente, una lástima
Por Brenda Petrone Veliz
La cuarta temporada de Envidiosa cierra la historia de Victoria Mory de manera correcta, pero sosa y premeditada. En definitiva, es una extensión chiclosa y llena de relleno de la tercera para mantener la atención porque en sí no aporta nada nuevo.
La intensidad de la protagonista ya era insostenible en la etapa anterior, imagínense en esta. El condimento acá está en que la envidia, los celos, la inseguridad y la ansiedad van a parar al hijo de Matías, Bruno (Dante Barbera), ya que ella empieza a identificarse con su infancia. Todo muy forzado. Pero eso no es lo peor.
¿Cómo van a mostrar el regreso de Nicolás (Benjamín Vicuña) en el tráiler? ¡Cómo van a quemar así la sorpresa!

Verdaderamente es una lástima porque la historia arrancó expectante. Enganchó al público que podía identificarse con al menos una arista de la protagonista, tan compleja como genuina, pero el final nos dejó con sabor a poco.
Lo único rescatable de la serie argentina son las transformaciones por las que pasaron algunos personajes secundarios como la boda de Tere, la mamá de Vicky, o la crisis de pareja y maternidad que sufre Debi (Marina Bellati). En otros casos, se finge demencia.

¿En qué quedaron las decisiones que tomó Lu Pedemonte (Violeta Urtizberea) tras destacar al corrupto de su exmarido; la nueva vida de Melina (Bárbara Lombardo) tras anular su boda a raíz de los engaños de su novio; o la vida personal de la psicóloga luego de ver escenas con dibujos y juguetes infantiles?
Todas eran puntas de lanza atractivas que terminaron disueltas sin ninguna explicación.
Entonces, ¿Netflix arruinó todo o este final era de esperarse? Un poco y un poco. Hubiera estado bueno que la producción se arriesgara más en vez de caer en los lugares comunes. Envidiosa tenía todo para ganar, pero terminó perdiendo.

