En cines. Miradas opuestas a El día de la revelación, el filme de Steven Spielberg

La reciente producción cinematográfica del reconocido director es el centro de análisis por su intento de equilibrar acción, comedia y crítica social. ¿Está a la altura de sus obras maestras?

20 de junio de 2026 a las 11:00 a. m.
Miradas opuestas a El día de la revelación, el filme de Steven Spielberg
Pasaje de "Día de la revelación", el nuevo filme de Steven Spielberg. (AP)

A favor: Inteligencia y empatía

Roger Koza

En Tiempo y luz, título que reúne algunos textos de la filósofa María Zambrano sobre cine, se puede leer: “Y sólo cuando el arte es alimento cumple de raíz su función: abrir esa puerta cerrada que nos aísla de nuestra alma, de nuestro secreto universo: crear un sueño común”.

Es probable que a Spielberg le gustaría esa apreciación: después del imperativo que conmina a escuchar −que es exactamente lo último que se dice en El día de la revelación−, acaso se podría concebir un sueño común tras sustituir la pesadilla compartida en el presente. Más allá de que exista o no vida inteligente en algún otro recóndito lugar del cosmos, la pregunta indirecta de la última película de Spielberg es si existe aún vida inteligente en la Tierra.

El humanismo en las películas de Spielberg puede ser ramplón, a veces propenso al sentimentalismo, en ocasiones complejo y sofisticado, como en sus dos obras maestras Inteligencia artificial y Sentencia previa, pero siempre es un cine exento de cinismo.

Que en El día de la revelación los visitantes de galaxias lejanas reconozcan la empatía como una virtud cardinal y se desestimen el militarismo y las corporaciones de la cultura del secreto, de la dominación y de la violencia es decisivo.

Esta apelación se alinea a la retórica de El día que se paralizó la Tierra, sobre todo a la versión de 1953 de Robert Wise: solamente la irrupción de un acontecimiento cósmico podría detener la pulsión de muerte.

Todo esto se articula en un relato caleidoscópico no exento de grandes secuencias de acción y en algunos ingeniosos momentos cómicos, con algún pasaje donde irrumpe lo fantástico en clave infantil, modulaciones de tono que matizan el thriller conspiranoico que glosa el espíritu de nuestra época.

Que la notable Emily Blunt interprete a una periodista tampoco resulta una casualidad. Decir la verdad todavía importa o debería importar.

En contra: El rey está desnudo

Jesús Rubio

A medida que pasan los días, la nueva película de Steven Spielberg se va desinflando, como si al pensarla en retrospectiva sus problemas se acentuaran y de pronto viéramos con claridad una película fallida, sin la consistencia narrativa ni el cuidado por los detalles que tienen algunas de las obras maestras del director.

Una de las fallas de El día de la revelación es que la corporación WARDEX, empeñada en mantener en secreto la existencia de los extraterrestres, es una empresa privada y no una dependencia gubernamental, lo que deja en evidencia dos cuestiones: que Spielberg busca restarle responsabilidad al Gobierno estadounidense y que la premisa (que sea una empresa privada la que intenta mantener el secreto) no tiene suficiente peso para justificar la persecución de la película, sobre todo porque el único interés que se le atribuye a la compañía es de carácter humanitario, algo completamente inverosímil.

Pero el problema no termina ahí. En un momento, el líder de la empresa (Colin Firth) dice que Kellner (Josh O’Connor) tiene que entregar el dispositivo “por el bien de la nación”, como si él, el villano, fuera alguien del Gobierno o de un organismo de inteligencia.

Sin embargo, luego vuelve a apelar al “bien del mundo”, una oscilación en el discurso que delata el inconsciente de Spielberg, quien siempre fue como una suerte de director predilecto de la CIA, o una extensión en clave de entretenimiento masivo del relato conspiranoico de Estados Unidos para justificar su política exterior.

El día de la revelación parece más la obra de un artesano menor que la del maestro que filmó Jurassic Park, con baches narrativos imperdonables, personajes deslucidos y una aventura que nunca alcanza el encanto ni la solidez de sus mejores títulos. Y eso nos lleva a pensar que quizá la revelación del filme sea otra: que Spielberg también puede fallar.