Abro comillas. Miradas opuestas a Carísima, la serie de Caro Pardíaco: ¿valió la pena llevarla a Netflix?

La miniserie del personaje inventado por Julián Kartún resurgió más de 10 años después de ver la luz por primera vez. Ahora tiene su propio ciclo en Netflix, coproducida por Olga.

31 de mayo de 2026 a las 09:52 a. m.
Miradas opuestas a Carísima, la serie de Caro Pardíaco: ¿valió la pena llevarla a Netflix?
"Carísima", la serie de Caro Pardíaco.

A favor: Para los tiempos que corren…

Martina Bär

Cuando se anunció el estreno de Carísima, la nueva serie de y que tiene como protagonista a Caro Pardíaco, personaje interpretado por Julián Kartún, pensé que iba a ser un producto en formato vertical. Para mi sorpresa no lo fue (aunque tiene todos los condimentos de uno); punto a favor.

Caro es una especie de “celebridad” ficticia: la parodia del estereotipo de una porteña cheta desvinculada de la realidad, que tiene un papá con un montón de empresas y un montón de empleados.

La producción intenta ir más allá con el personaje, darle un trasfondo e insertarlo en un contexto fuera de lo que supo ser Cualca!, a partir de su resurgimiento en el canal de streaming Olga, que coproduce la ficción.

"Carísima", la serie de Caro Pardíaco.
"Carísima", la serie de Caro Pardíaco. (Instagram Netflix)

A pesar de que el humor es completamente absurdo, en el que los personajes no terminan de salir de un delirio místico para entrar en otro, hay una subtrama de thriller que podría funcionar muy bien si dejaran de lado la caricaturización constante, en la que se pierde el límite claro entre la ficción y la realidad.

Sin embargo, Carísima tiene todo lo necesario: un amplio abanico de figuras del espectáculo, regresos muy esperados, un fuerte romance y un misterio por develar que se presenta desde el primer momento como un peligro inminente. Sí, todo eso en poco más de cien minutos.

"Carísima", la serie de Caro Pardíaco.
"Carísima", la serie de Caro Pardíaco. (Instagram Netflix)

El mayor fuerte radica en el gancho final de cada episodio que no te permite despegarte de la pantalla, motivado por la adicción que generan los conflictos insólitos y los giros de trama para resolverlos.

Las miles de críticas sobre lo “quemada” que está la figura de Caro Pardíaco no impidieron que el público se devore los 10 capítulos de una sentada. Al fin y al cabo, el personaje creado por Kartún es entrañable y sigue generando risas.

En contra: El riesgo de forzar el nicho

Brenda Petrone Veliz

Si bien Caro Pardíaco demostró una capacidad asombrosa para atravesar redes sociales y plataformas de streaming, su transformación en una serie de ficción para Netflix se percibe, en muchos sentidos, como una apuesta ajustada con fórceps.

El principal problema de la serie radica en su falta de definición. Es una propuesta que no termina de convencer ni de explicar verdaderamente qué es o hacia dónde apunta.

Lo que en el formato de consumo inmediato de las redes sociales funciona como una genialidad de la comedia del absurdo, aquí se diluye en una estructura que carece de una lógica de elaboración y pensamiento narrativo audiovisual sólido.

Da la impresión de haber sido concebida más como un capricho para la comunidad de Olga que como una pieza cinematográfica con vuelo propio.

Quienes la defienden en redes sostienen que la gente no disfruta la serie porque "no entienden el humor" de sus protagonistas en sus respectivas plataformas. Sin embargo, sería bueno que una serie en una plataforma global no exija un manual de instrucciones o la pertenencia a un nicho específico para ser funcional.

Al depender tanto del conocimiento previo del espectador sobre el universo creado por Julián Kartún o el ecosistema de Olga, la obra se vuelve insulsa. Aunque Netflix realizó un despliegue cinematográfico de alta calidad, la narrativa no logra traspasar la pantalla.

La serie se queda en una zona gris: una comedia negra que por momentos no es graciosa ni divertida, y que falla al intentar trasladar un personaje cuya mayor potencia reside en su vinculación con lo real y no tanto con la ficción estructurada.

Quizás, el hábitat natural de Caro Pardíaco siempre fue el formato vertical y la interacción directa, y este escalafón en la plataforma, aunque exitoso en números iniciales, termina resultando conceptualmente pobre.