Entrevista. Julieta Cardinali, protagoniza obra sobre el avance del odio y la intolerancia: Increíblemente actual
La actriz llega a Córdoba con No tiene un desgarrón, obra situada en la Viena de 1938. Habla sobre ella y sobre el vértigo de una profesión que le permitió ganar centralidad.
Este sábado y a las 20.30, el Teatro Ciudad de las Artes (Av. Pablo Ricchieri 1955) abrirá sus puertas para una única función de No tiene un desgarrón, una pieza teatral que no solo destaca por su excelencia interpretativa, sino por la profundidad de un texto que interpela de manera directa el presente sociopolítico.
La obra marca un hito de “debuts” cruzados: es la primera vez que la emblemática Rita Cortese se pone el guardapolvo de directora y representa el estreno absoluto en tablas de Vera Spinetta, quien comparte cartel con una Julieta Cardinali en estado de gracia.
Juntas, dan vida a una adaptación del primer acto de Heldenplatz (Plaza de Héroes), del autor austríaco Thomas Bernhard, uno de los maestros de la ficción contemporánea.
La trama nos traslada originalmente a la Viena de 1938, en aquel fatídico momento en que las multitudes aclamaron la llegada de Adolf Hitler. Sin embargo, la puesta que llega a Córdoba —con una estética visual deudora del lenguaje cinematográfico— propone un espejo incómodo sobre el avance del fascismo, las ultraderechas y la erosión de la tolerancia en el mundo actual.
Para hablar sobre el alcance y la relevancia de esta propuesta, Julieta Cardinali visitó La Voz en Vivo. Por supuesto, la actriz abordó otras cuestiones relacionadas a su profesión, que en tiempo presente la muestra hiperactiva y detentando centralidad.
“Con Rita (Cortese) somos muy amigas desde hace mucho tiempo. Hace dos años nos sentamos y dijimos: ‘Tenemos ganas de trabajar juntas, tenemos ganas de hacer teatro’. Rita me confesó que nunca había dirigido y yo le dije que nunca había hecho un texto clásico en el circuito independiente”, comenzó la actriz sobre el kilómetro cero de este proyecto.
Y luego precisó: “Así que nos propusimos ese desafío. Buscamos este texto de Thomas Bernhard y decidimos adaptar el primer acto, que es una pieza para dos mujeres”.
−Y para completar la dupla, apareció Vera Spinetta.
−Exacto. Necesitábamos una actriz más joven para el otro rol. Yo justo estaba viendo una serie donde participaba Vera y me impactó su presencia; tiene unas facciones poderosas, ese ADN Spinetta que en el teatro es muy fuerte, además de ser una actriz excelente. Rita la llamó, le propuso el proyecto y Vera aceptó antes de leer el texto. Fue un privilegio para nosotras que se sumara así.
−La obra remite a 1938, pero el público siente que se escribió hoy. ¿Cómo manejan esa vigencia tan cruda?
−La obra fue escrita originalmente en los años ‘80, pero cuando empezamos a ensayarla este año, no podíamos creer el nivel de actualidad. Invita a reflexionar sobre lo que nos pasa como sociedad: el avance de los discursos de odio, la falta de tolerancia, el ya no poder escucharnos. Toca temas como el fascismo y el resurgimiento de ciertas ultraderechas a nivel mundial. Es muy movilizante ver cómo la gente se queda después de la función esperando para conversar sobre lo que acaba de ver.
−¿Qué nos podés decir de los personajes que interpretan?
−Mi personaje es una mujer desclasada, que habla a través de la voz de su jefe; se está quedando fuera del sistema y, sin embargo, lo sigue defendiendo con garras y dientes. Por otro lado, el personaje de Vera representa a la juventud que no quiere entregarse, la que todavía cree que tiene que haber una esperanza, un vuelo diferente. Todo esto está dicho desde una poesía que es amable al oído, pero que te mueve las estanterías internamente.
−La puesta en escena tiene una búsqueda visual muy particular, según adelantaste en otra oportunidad.
−Sí, cuidamos muchísimo que sea una experiencia integral. Traemos a Córdoba la misma escenografía espectacular que usamos en Buenos Aires. La iluminación es impresionante porque contamos con un director de fotografía de cine para diseñarla. No es solo ir a escuchar un texto, es entrar en un universo visual y sensorial.
Ser dirigida por Rita Cortese, una fiesta
−¿Cómo es Rita Cortese como directora?
−Rita trabajó con los mejores directores de la Argentina, así que tiene una experiencia inmensa. Cada ensayo durante los cuatro meses que nos llevó montar la obra fue como una clase de actuación para mí. Es una directora muy exigente, pero al ser actriz, puede volcarte toda esa experiencia de una manera muy clara. Fue una fiesta trabajar con ella.
−Hablás de la exigencia y de la adrenalina. ¿Qué es lo que más te cuesta de hacer teatro frente a la televisión o el cine?
−El teatro es lo más vivo que tenemos como actores. Tiene que suceder ahí, en ese preciso momento. A veces, antes de salir, estoy atrás del escenario muerta de nervios y me pregunto: “¿Por qué no habré estudiado otra cosa? ¿Por qué no le hice caso a mi mamá y trabajé en un banco?” (risas). Porque cada función es como un examen, estás muy expuesta y tenés que transmitir algo a la gente que está ahí esperando. Pero una vez que entrás al escenario, es como tirarse de una montaña rusa; empezás a jugar y a disfrutar de que cada función es distinta.
−Esa adrenalina es muy diferente a lo que viviste recientemente con el éxito de la serie “Envidiosa”, por ejemplo.
−Absolutamente. En lo audiovisual, como en Envidiosa —donde hice un personaje de una mamá que hace lo que puede y que pegó mucho en la gente—, todo es diferido. Si una toma no sale bien, se puede repetir. Hay edición, hay técnica. En el teatro no hay vuelta atrás; si te equivocás, tenés que salir sola en el momento. Esa adrenalina es adictiva.
−Hablando de personajes fuertes, no podemos dejar de mencionar tu trabajo en la película “Belén”, donde interpretaste a la odiosa abogada Beatriz Camaño.
−Fue un privilegio total trabajar bajo la dirección de mi amiga Dolores Fonzi. Ella se animó a transformarme estéticamente, a ponerme esa peluca y ese maquillaje para convertirme en otra persona. Estudiamos y ensayamos mucho para construir a esa mujer tan odiosa. La película fue una fiesta, ganó el Goya y estuvimos en Los Ángeles cuando quedó entre las 15 candidatas al Oscar. Fue muy importante que una película que habla de nuestros derechos como mujeres tuviera tanta repercusión en un momento donde esos mismos derechos vuelven a ser cuestionados.
−Ese compromiso también se ve en tu vida personal. Recientemente tuviste que poner en pausa tu emprendimiento de indumentaria por la situación económica.
−Sí, lo puse en pausa hace unos meses. Era un proyecto muy artesanal que mantuve durante 10 años, pero se volvió imposible competir. Las marcas chinas entran con otros costos y nosotros pagamos telas con muchísimos impuestos. Es una competencia desleal para la industria nacional. Me dio mucha tristeza, pero espero que las cosas se acomoden para poder retomarlo, porque me encanta apostar a lo nuestro.
−¿Y cómo vivís la exposición en redes sociales, donde a veces cualquier comentario genera una ola de críticas?
−Hay una hostilidad absoluta y un hate que parece no tener freno. Me pasó cuando mencioné justamente que la industria textil estaba siendo castigada; fue una avalancha de gente enojada por un dato que es una realidad descriptiva, no una opinión política. Me parece que no se construye nada desde el encasillamiento. Tenemos que empatizar más, porque viviendo todos en el mismo país, los discursos de odio no nos llevan a ningún lado.



