Competencia oficial. Federico Luis, en Cannes: cómo es Para los contrincantes, su nuevo corto
Para los contrincantes, de Federico Luis, participa en la selección oficial de cortometrajes del Festival de Cannes y tiene chances de ganar.
El cineasta argentino Federico Luis presentó Para los contrincantes en la competición oficial de cortos del Festival de Cannes 2026. Su presencia en el festival no es reciente. Dos años atrás, presentó Simón de la montaña, su primer largometraje, y fue uno de los puntos más altos de esa edición. Ahora, en menos de 15 minutos, Luis vuelve a demostrar su talento. Es un cineasta a secas.
Como en todas las películas de boxeo, quienes escenifican el ritual diferido por la lucha de la supervivencia son los mismos que fuera del cuadrilátero deben esmerarse para asegurarse el pan en la mesa. Los boxeadores no provienen de las clases acomodadas.
Tal evidencia sociológica es verificable con mayor nitidez si los pugilistas tienen menos de 10 años, como es el caso de Para los contrincantes, que transcurre en Ciudad de México. El relato empieza con la revisación médica del protagonista antes de la pelea y culmina después de conocer el veredicto de los tres jueces. Hay un plano fuera de ese universo, el último: el protagonista y algunos seres queridos caminan por la ciudad.
El barrio es Tepito, zona peligrosa de la ciudad, pero filmada por Luis con el respeto necesario para no adjudicarle a ese espacio la representación prefijada como madriguera de la delincuencia. De ahí viene su protagonista; es un chico de ese barrio.
El boxeo en el cine ha erigido un género al cual le debemos secuencias memorables. Están las películas de Chaplin, las de Tati. El género tiene sus grandes películas canónicas. Por mencionar una conocida, Toro salvaje; por no dejar afuera otra que es propia de la tradición vernácula y de la que Luis debe sentirse cerca, Gatica el Mono.
La clave estética consiste siempre en saber cómo filmar el cuerpo en movimiento y la relación de oposición entre dos boxeadores que solamente buscan el golpe perfecto que pueda dejar al contrincante en la lona.
La maestría de Luis se puede constatar en los cortes de plano en plena pelea. El concepto de raccord es magnífico: los saltos de continuidad son casi imperceptibles durante la duración del round. La fluidez predomina debido a las elipsis imperceptibles; es un devenir que lleva a que la experiencia resulte vívida.
Pero las proezas de los músculos no es lo que le interesan al cineasta, sino la angustia del alma de los boxeadores. La cercanía de la cámara y la predilección de planos cerrados que tienden a estar cerca del rostro del niño tratan lo imposible: plasmar el estado de ánimo durante el combate.
Las palabras que escucha el pequeño boxeador antes de subir al ring son temibles si se les presta atención y se examina la literalidad del mensaje. Lo que sucede inmediatamente después, mientras se espera el fallo también, prescinde del sentido de las palabras, porque son instantes dramáticos que reposan sobre la expresión del rostro y las emociones que se desprenden de él; no alcanza al verbo, ya que en los ojos vidriosos y en los ritmos de la respiración la propia gramática del espíritu habla sin la boca.
Notable película la de Luis, cineasta que seguirá filmando y prodigando gemas como la presente. En la ceremonia de clausura de este sábado 23, a las dos y media de la tarde, se sabrá si él es uno de los elegidos de esta edición. Vaticinar un premio mayor para él y su película es una apuesta que debería ser segura. ¿Se hará justicia? Son raros el rigor y la sensibilidad que sostienen Para los contrincantes.

