Recomendada. Confía en mí: el falso profeta, una docuserie sobre el poder y la traición

Esta docuserie revela los oscuros secretos de una comunidad religiosa de Utah tras la aparición de un nuevo líder que manipula a sus seguidores para su beneficio.

02 de mayo de 2026 a las 11:20 a. m.
Confía en mí: el falso profeta, una docuserie sobre el poder y la traición
"Confía en mi: el falso profeta", documental recomendado en Netflix.

Es común caer en la trampa de creer que el poder tiene una cara y un nombre. En realidad, el poder circula y se instala allí donde encuentra un lugar para alojarse y acumularse, hasta que alguien lo reclama como propio. Esta es una manera de describir la operación del líder de la docuserie Confía en mí: el falso profeta (Netflix, 2026).

En apenas cuatro partes, se describe a una pequeña comunidad de la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IFSUD) de Utah, a partir de la mirada de Christine Marie y su esposo Tolga Katas, un matrimonio dedicado que entabla una relación con algunas mujeres de la comunidad y documenta sus actividades cotidianas.

El primer acercamiento se produce cuando la comunidad atraviesa un momento muy crítico, luego de que su profeta Warren Jeffs termina en prisión por delitos sexuales contra menores. Esa ausencia deja a las familias desamparadas: sin dinero, ayuda ni contención espiritual.

Hasta que un día regresa Samuel Bateman, uno de los miembros al que nadie había visto en años. Anuncia que es el nuevo profeta por indicación de Jeffs, que, a pesar de seguir con vida, le habló desde algún más allá. Rápidamente, Bateman incrementa su patrimonio, los hombres lo admiran y le entregan sus hijas, con las que forma una familia de 20 esposas.

Christine sospecha que ese “profeta” comete delitos sexuales contra menores. Con su esposo deciden fingir que filman para un documental y cuando juntan el material suficiente, acuden al FBI.

"Confía en mi: el falso profeta", documental recomendado en Netflix.
"Confía en mi: el falso profeta", documental recomendado en Netflix. (Netflix)

Desde adentro

No es la primera vez que la IFSUD queda expuesta a través de hombres que aprovechan la rígida estructura de estas instituciones para cometer delitos.

La docuserie Sé dócil: oración y obediencia (Netflix, 2022) se centra en la figura de Jeffs y en la investigación que lo llevó a prisión. Estas mujeres son mostradas como víctimas en un sentido infantilizador cuasi incapacitante y sin agencia. Este retrato abreva en la conexión con los valores de su religión, como si las creencias fuesen responsables de los abusos cometidos y las mujeres demasiado ingenuas para ser “libres”.

La singularidad de Confía en mí radica en el modo en que Christine y, por extensión, la docuserie presentan a las mujeres manipuladas por el falso profeta. Aquí son trabajadoras, solidarias y están seriamente preocupadas por la economía de su comunidad.

Christine recoge esas necesidades y no les propone huir, sino capitalizar el conocimiento doméstico para abrir comercios y procurarse una fuente de ingresos. Les propone un plan afín a sus valores, una salida desde el amor sin fines de adoctrinamiento ni un “deber ser” ajeno a la identidad de esas familias.

Otros credos

Cuando el falso profeta es detenido, Christine llora por las mujeres que confiaron en ella y se sienten traicionadas. Se quiebra porque son sus vecinas y amigas, no el objetivo de una misión emancipadora en la que ella se asume como una leona que quiere despertar leonas.

La dimensión religiosa queda intacta después de la caída del falso profeta porque no es presentada en sí misma como debilitante del carácter de las mujeres. De hecho, una de ellas resulta una pieza clave para la detención de Bateman.

Confía en mí evita el universalismo ético y la acusación habitual de fanatismo religioso para tematizar los vínculos humanos y una dinámica en la circulación de poder. Cuando un líder desaparece, sus seguidores no se sienten liberados ni “despiertan” de ningún sueño dogmático: buscan a alguien nuevo que llene ese vacío.

En una dimensión secular como la política, no sucede nada diferente. No hay dioses ni profetas, pero sí la disposición a obedecer y a asumir un discurso que, por contradictorio y falso que sea, alcance ese bien mayor que también perseguían las esposas de Bateman: sentir que alguien los mire.