Estreno. Comentario de Ojos extraños, una muy buena película de Singapur
Tras la misteriosa desaparición de su hija, una joven pareja recibe extraños videos y descubre que alguien ha estado filmando su vida cotidiana, incluso sus momentos más íntimos. Calificación: muy buena.
Decir solamente que Ojos extraños versa sobre la ubicuidad de las cámaras y la confirmación de la tesis de Alfred Hitchcock en Vértigo –de que somos una especie voyerista– es ser injusto con otra intuición indirecta de la tercera película de Yeo Siew Hua: nadie puede ser alguien si no existen algunos o muchos que observan.
El acto de ser presupone a alguien que puede ver y constatar que así es. No significa ser para los otros, pero sí que solamente el saberse visto por alguien constituye la condición para (poder) ser.
Lo dicho puede resultar demasiado filosófico para describir a un thriller singapurense, pero esa dimensión especulativa no es ajena a la formación del cineasta y menos todavía al compendio de situaciones ligadas a la mirada que propone el relato: están las cámaras en la calle y los negocios; están las cámaras de los voyeristas, como también las de los exhibicionistas que se filman a sí mismos y transmiten en directo.
Los últimos minutos de Ojos extraños son reveladores: la empleada de un parque de diversiones se ve en unos videos filmados por una persona desconocida a lo largo de unas semanas. Ve cómo la ve otro, pero, al verse así, ya no puede volver a mirarse de la misma manera.
En el inicio de Ojos extraños, en verdad, hay un drama de otra índole. La hija única de una pareja desaparece. Es todavía una niña; la angustia que adviene por la desgracia intensifica la crisis que viven desde hace un tiempo. ¿Fue secuestrada? ¿Tuvo un accidente? No se sabe.
El inspector de policía que investiga, sin embargo, cree que, con paciencia y con ayuda de las cámaras que están en todos lados, algo se sabrá. Pero Ojos extraños, sin abandonar este desgarrador drama familiar, toma un desvío narrativo al introducir unos misteriosos videos filmados por un voyerista que sigue sistemáticamente la vida de la pareja. ¿Quién es? ¿Qué quiere? Tal vez haya filmado el momento de la desaparición.
El relato avanza a medida que el voyerista tiene un rostro y es visto por el matrimonio. Quien interpreta al fisgón es el gran actor taiwanés Lee Kang-sheng, cuyo semblante es suficiente para transmitir por igual desamparo y perversión. De él poco se sabrá, apenas que vive con su madre ciega y algo más sobre su trabajo de guardia de un supermercado.
Hua saca provecho de la estrella de las películas de Tsai Ming-liang en cada plano que lo incluye. No es él el centro dramático, pero sin él la película en sí sería un poco menos, porque la vida de los protagonistas se modifica en relación con ese personaje enigmático. El repertorio de expresiones de Lee añade matices que ningún guion puede prever.
Pero Hua no es solamente un excelente director de actores. Como ya podía constatarse en Una tierra imaginada, el espacio es una categoría determinante para el cineasta de 41 años. La escala de los planos con que filma los edificios y las distintas elecciones de encuadre indican una inquietud formal consciente.
Existe un placer por filmar que no se restringe solamente al espacio: la luz y los colores en Ojos extraños también inciden sobre todos sus planos. Sucede que Hua es uno de los mejores cineastas emergentes del sudeste asiático de su generación. Como muchos otros coetáneos –entre ellos Daniel Hui y Anthony Chen–, toma prestados elementos de la tradición moderna occidental, pero hace otra cosa con ellos. He aquí una prueba.
Para ver Ojos extraños
Stranger Eyes. Singapur, Taiwán, Francia, Estados Unidos, 2024 Dirección: Yeo Siew Hua. Guion: Yeo Siew Hua y Jianhong Kuo. Con Lee Kang-sheng, Wu Chien-ho, Anicca Panna. En el cineclub municipal Hugo del Carril.

