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Espectáculos - Cine y series

Polémica. Timothée Chalamet y el arte insignificante: qué reflexión nos deja su falta de compromiso

El actor quedó envuelto en una ola de repudios al referirse de manera despreciativa sobre la ópera y el ballet.

13 de marzo de 2026, 14:38
Timothée Chalamet y el arte insignificante: qué reflexión nos deja su falta de compromiso
Timothée Chalamet posa con el premio a la mejor interpretación masculina en una película, musical o de comedia por "Marty Supreme", durante la 83ª edición de los Globos de Oro. Fue el pasado domingo 11 de enero, en el Beverly Hilton de Beverly Hills, California.

A tan solo días de la entrega de los premios Oscar, Timothée Chalamet tropezó con un exceso de confianza que desencadenó una ola de repudio. Sus dichos sobre la ópera y el ballet no solo tuvieron una importante cuota de desprecio, sino que además mostraron la liviandad con la que ejerce su profesión.

Sus polémicas declaraciones se dieron en el marco de una charla del joven actor con Matthew McConaughey en la Universidad de Texas. El intercambio se da en un clima de evidente cortesía que les permite soltarse y hablar un poco de más.

Luego de actualizar la vieja controversia entre películas serias y películas que buscan entretener, Chalamet dijo considerarse en el medio. Ese “medio” es más o menos así: admira a los colegas que insisten en la importancia de mantener vivo el cine, pero no quiere trabajar en una disciplina en la que haya que militar su supervivencia.

Los ejemplos que dio fueron la ópera y el ballet, que “no les importan a nadie”, y remató con un falso lamento por los 14 centavos que ese comentario acababa de costarle.

¿Es imprudente, desconsiderado o cruel?

Ecos

Los primeros ataques a Chalamet llegaron, por supuesto, desde esas artes que no les importan a nadie. Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, señaló que el actor desconoce que el origen mismo del cine se debe a la ópera y al ballet.

Hasta el teatro Colón se sumó a la ola mundial de mostrar que esas disciplinas importan desde mucho antes que la existencia del cine.

Los dichos del joven actor refuerzan una idea que no es nueva en su contenido, pero sí lo es en boca de quien forma parte con orgullo: Hollywood no es el cine.

Con sus palabras manifiesta cierta distancia respecto a los colegas que ven con preocupación el vaciamiento de los cines en relación con todas las películas porque prefiere formar parte de proyectos cinematográficos de éxito casi asegurado.

Esta decisión sobre su carrera pertenece a la ideología hollywoodense, no al cine como disciplina artística.

Hay otra idea que asoma en esas declaraciones, especialmente importante en estos tiempos. La gestualidad que acompaña sus palabras muestra una suerte de hartazgo o de fatiga en tener que hablar sobre la necesidad de mantener vivo los cines, la ópera y el ballet.

Más que pertenecer a una disciplina u otra, deja claro que no quiere militar su arte, decir públicamente qué aporta a la conversación de la humanidad una reposición de El cascanueces o de Carmen.

Silencio

El segmento de la entrevista molesta sobre todo por la soberbia de Chalamet de creer que el cine de Hollywood es eterno y que no le debe nada de su existencia a otras ramas del arte. Esta liviandad del actor tiene una explicación ulterior.

Recuperemos a su interlocutor, Matthew McConaughey, actor experimentado que más de una vez mostró su preocupación por el cine.

Luego de los desafortunados comentarios de Chalamet, McConaughey le señala que es algo más que un actor que aparece en películas; remarca su estrategia de marketing, que consiste en diversificar los formatos de sus apariciones. De allí que Chalamet esté en todas partes: líneas de alta costura y ropa deportiva, perfumes, tecnología y música.

Con semejante talento polirrubro, ¿por qué se preocuparía por la supervivencia de algunos cines?

En realidad, Chalamet no desprecia la ópera y el ballet, desprecia lo que no es popular y le fatiga defender arte menos popular. Su silencio en asuntos políticos, en un contexto en el que la mayor parte de sus colegas ha hecho algún tipo de pronunciamiento, es parte de la misma cosmovisión descomprometida y despreocupada con la que ejerce su profesión.

Tal vez no sea moralmente repudiable, pero sí bastante antipático que un artista desestime con toda intención a quienes sostienen su fama más allá de los 14 centavos que representan.