Muy buena. Caso 137, un gran thriller francés que deja un sabor amargo

La película de Dominik Moll se posa sobre el funcionamiento de las instituciones, con el foco en la policía, y el accionar de los humanos.

17 de abril de 2026 a las 02:39 p. m.
Caso 137, un gran thriller francés que deja un sabor amargo
Caso 137, un thriller potente sobre el funcionamiento de las instituciones.

A pesar de que el estatuto epistemológico de las imágenes se ha devaluado, todavía la existencia de una imagen puede establecer una prueba de un hecho y por consiguiente adjudicarle una relación con la verdad. Por ejemplo: en una protesta en las calles de Río de Janeiro, Budapest o Pekín, un periodista puede recibir un disparo en una calle casi despoblada, caer malherido, ser hospitalizado y permanecer lesionado por el resto de su vida.

¿Qué sucede si existe una imagen sobre ese instante? Puede ser de un trabajador cualquiera, un fotógrafo, un sindicalista, incluso un curioso. En la película de Dominik Moll, Caso 137, la víctima es un joven de Saint Dize que, junto con su hermana, un amigo y su hermana, viajaron hasta París para unirse a las protestas de los chalecos amarillos en diciembre de 2018. En el inicio se lee: “Esta película es una ficción inspirada en hechos reales”.

La extraordinaria Léa Drucker interpreta a una policía que investiga a policías cuando existen denuncias de abuso de autoridad y desempeño indebido. Tal vez porque Stéphanie es oriunda de la misma ciudad que el joven herido, ubicada a 287 kilómetros de París, más allá del compromiso con el que cumple su cargo de investigadora en la Inspección General de la Policía Nacional, la pesquisa se profundiza hasta reunir evidencia.

El avance de la investigación es un pequeño placer narrativo que depara la trama, porque se reconstruye cómo se investiga, se percibe la incidencia que tiene la palabra y la función que pueden cumplir las imágenes, como también se alcanzan a observar los vicios de las instituciones y su tallado en las conductas de sus miembros. Una institución es mucho más que un sistema de reglas determinadas por un objetivo; se piensa desde la institución o, más bien, la institución piensa por sus miembros.

El elenco elegido por Moll es variopinto y representativo, los detalles jurídicos son instructivos y los giros de la trama son suficientes para entrever la intersección de la vida privada de la investigadora y su pertenencia a la fuerza, incluso la relación de tantos policías con la clase trabajadora.

La visita de Stéphanie a sus padres en Saint Dize puede sumar un giro inesperado a las peripecias jurídicas, pero la importancia indirecta es conocer mejor la procedencia social de la investigadora. Los desvíos y la atención puesta en situaciones de una presunta intrascendencia son signos precisos de un orden simbólico.

Cuando el compañero de investigación de Stéphanie muestra el jabón de baño que se llevó sin permiso del hotel, donde la estadía diaria cuesta 2 mil euros, la breve escena parece una distracción simpática. Y no lo es porque para un policía, como para los manifestantes rurales, tales escenarios de lujo son apenas concebibles e inalcanzables: los enfrentados en las calles son los mismos, pero en situaciones sociales antagónicas. Pobres contra pobres.

Clase 137 triunfa pudorosamente en su didáctica social: el límite del individuo y su buena conciencia poco puede hacer frente al poder de las instituciones. La verdad poco importa, como la justicia, pues el óbice es en sí todo un sistema.

A su vez, Moll puede quedarse tranquilo como cineasta: la eficacia retórica es honesta de inicio a fin, el sentimentalismo ramplón brilla por su ausencia y la circunspección dramática conjura excesos de todo tipo.

¿Quién filmará entre nosotros el caso de Pablo Grillo? Seguramente, Moll no estará detrás de cámara. ¿Fonzi, Mitre? Son pocos los cineastas vernáculos abocados a estas materias, pero conocen su oficio y lo ejercen con seriedad.

Para ver

Caso 137 (Francia, 2025). En cartelera en el Cine Arte Córdoba (27 de abril 275). Dirigida por Dominik Moll. Escrita por D. Moll y Gilles Marchand. Intérpretes: Léa Drucker, Jonathan Turnbull, Mathilde Roehrich. Pascal Sangla. Calificación: muy buena