Festival en marcha. Cannes 2026: del homenaje a Peter Jackson a la apertura con La Venus Électrique
La ceremonia inicial del festival destacó a varias figuras legendarias del cine, mientras abrió el telón con una obra cargada de matices emocionales.
El señor de los anillos fue una película propia de este siglo. La ambición de su concepción requería el auxilio de nuevas posibilidades técnicas. En efecto, la era del cine digital (industrial) empieza con las películas de Peter Jackson. Pero ¿es Jackson un autor característico de Cannes?
El cineasta recibió la Palma de Oro por su trayectoria. Acompañado por Elijah Wood, quien dirigió unas palabras de encomio antes de que el neozelandés subiera a recibir el premio, Jackson contó algunas anécdotas y mencionó a distintas personas que colaboraron con él a lo largo de su carrera.
Antes de que le dieran la estatuilla, un compendio de escenas de sus películas permitió situar el cine que representa: cine industrial de autor. Por esa misma razón, cuando agradeció el reconocimiento del festival declaró que solamente así podía obtener una Palma de Oro. Y es cierto.
Jane Fonda y Gong Li, otras homenajeadas
Después de Jackson, subieron al escenario dos actrices emblemáticas del siglo pasado: Jane Fonda y Gong Li. La abstracción siempre resulta conveniente si se pretende no herir susceptibilidades. Gong señaló la importancia del cine para el entendimiento. La parsimonia definió su oratoria.
No fue así cuando Jane Fonda tomó la palabra. Con 88 años, instó a creer en el cine como una herramienta de cambio. Era de esperar por su reconocido activismo que dijera las cosas por su nombre. Reconoció el desorden mundial que define el presente, pero omitió decir algo sobre sus autores, y menos todavía nombró los escenarios donde la sangre fluye mejor que el agua.
A continuación, se proyectó la película de apertura: La Vénus électrique, de Pierre Salvadori. En los festivales grandes hay dos opciones para la película de apertura: la opción condescendiente, esto es, agradar a todos y desechar el esfuerzo; la otra opción preferencial consiste en elegir un título que esté en consonancia con las calamidades del presente, pero siempre y cuando se trata de un artefacto que pueda tener la virtud de no ofender y reafirmar el punto de vista menos controversial.
La película de Salvadori transcurre en 1928 y todos sus vericuetos argumentativos están ceñidos a los meandros del deseo y el amor. Ninguna conexión posible con la actualidad, excepto por el tono amable, que no es menor: afortunadamente, el cinismo, que tanto seduce y suele pasar por “genial”, brilla por su ausencia.
La Vénus électrique cuenta la historia de un pintor talentoso que tras perder a su mujer ha perdido la pasión por pintar. Por pura casualidad, el atribulado artista, entregado al vino, se cruza con una mujer que trabaja en una feria de espectáculos. Esta, por conveniencia económica, se hace pasar por una médium capaz de contactarse con la mujer que aquel perdió; dada la desesperación, la canalización funciona.
También será rentable para quien vende los cuadros del pintor, que espera el regreso del artista a la actividad para volver a hacer dinero. Todo parece ser una cuestión de lucro, pero en realidad las cosas pasan por un andarivel distinto.
En efecto, a Salvadori le interesa, en verdad, indagar sobre las creencias y sus efectos en la conciencia. Ese interés mueve los hilos narrativos y prueba variaciones en torno a la voluntad de creer. La aparición de un diario de la esposa muerta introduce otro tema decisivo, el de la identificación, y a partir de ese efecto subjetivo entre la historia del pintor y el encuentro entre este y la falsa médium Salvadori saca provecho para contar varias historias de amor al mismo tiempo, a veces exagerando las derivas y lo inesperado, aunque sin traicionar lo que el propio film propone: entretener con inteligencia mientras se narra con placer.
Parece un esbozo de un filme de Christian Petzold sobre dobles y fantasmas, y hasta puede remitir en su esqueleto conceptual a Vértigo, de Hitchcock, pero sin ningún atisbo de originalidad. Es un pasatiempo que engrosa la tendencia anodina del cine del presente y nada dice sobre el estado de las cosas.

