Stop motion. Las Aventuras hacia Terraverde: el proyecto de una productora cordobesa que está en la mira de Netflix
El proyecto de animación cordobés, aún en desarrollo, desafía la lógica de la inmediatez con su técnica y explora problemáticas medioambientales.
Es un síntoma de esta época sentir que las 24 horas del día transcurren a una velocidad 2.0 en comparación con décadas anteriores.
Hoy no tenemos tiempo para escuchar el mensaje de un familiar o amigo sin acelerarlo. No tenemos tiempo para ver el capítulo de una serie o una película de principio a fin sin interrupciones. No tenemos tiempo para hacer aquello que realmente queremos porque estamos ocupados cumpliendo con otras obligaciones, para las que también sentimos que el tiempo nunca alcanza.
De alguna manera, cambió nuestra forma de percibir el tiempo. La ansiedad está a la orden del día y poder dedicarle horas a algo que nos guste, lo que sea, es visto muchas veces como una pérdida de tiempo o, incluso, como un lujo que no todos pueden darse.
Pero lo cierto es que los días duran lo mismo que antes y, en mayor o menor medida, todos tenemos la posibilidad de desacelerar si nos lo proponemos.
Poli Verrua, Mar Civetta y Yuliana Brutti de la productora cordobesa Pururú Studio, entienden esto y desafían la lógica de la inmediatez a través de una propuesta que reivindica los tiempos lentos: las animaciones en stop motion.
El stop motion es una técnica de animación que consiste en crear la ilusión de movimiento fotografiando un objeto cuadro por cuadro. Entre cada fotografía, el animador mueve apenas el objeto y, al reproducir todas las imágenes en secuencia, parece que el objeto cobra vida.
"Es una técnica que implica mucho trabajo con las manos, crear de manera tangible. En un momento del mundo en el que estamos tan digitalizados, con tanta inteligencia artificial y tantas cosas hechas por computadora, conectar con lo material y usar nuestras manos para crear estos pequeños mundos es, creo, lo que nos motiva a las tres a especializarnos en esto. Disfrutamos muchísimo el proceso. Crear estos mundos pequeños y darles vida es hermoso”, precisa Poli en diálogo con La Voz .
Y suma: “Y también, en una época atravesada por la ansiedad, es un proceso que te pone a prueba. Pero, al mismo tiempo, cuando una conecta tanto con el hecho de animar y con lo que está sucediendo en ese momento, todas las otras cosas y las ansiedades que nos rodean desaparecen un poco".
Recientemente, uno de los proyectos del estudio: Las Aventuras hacia Terraverde les valió ser seleccionadas para participar de la primera edición de Laboratorio Impulsar, un programa federal de la Academia de Cine Argentina en articulación con Netflix que finaliza en agosto y que, según cuenta Poli, tienen la esperanza de que les abra nuevas posibilidades que les permitan terminar el proyecto y ¿por qué no? que la serie pase a integrar el catálogo del gigante del streaming.
"Es una posibilidad, pero todavía no lo sabemos”, responde Poli cuando se la invita a imaginar ese escenario. “De todos modos, nuestro foco sigue siendo hacer crecer la serie. Más allá de esta oportunidad con Netflix, sabemos que existen otros caminos: hay productoras de distintos países interesadas en el proyecto y venimos trabajando desde 2022, como hormiguitas, para hacerlo crecer. Confiamos en que en algún momento va a encontrar su oportunidad”, precisa.
“Además, participar de este laboratorio no es excluyente. Podemos seguir buscando fondos y otras posibilidades de financiamiento en paralelo. El laboratorio no nos garantiza nada, pero nos da la oportunidad de presentar el proyecto, recibir acompañamiento durante el proceso y mostrarlo. El cierre será en agosto, para esa fecha viajaremos a Buenos Aires y ojalá después de eso tengamos novedades", apunta.
Se hace camino al andar
Antes de ser seleccionada en la primera edición de Laboratorio Impulsar, Las Aventuras hacia Terraverde ya había construido un sólido recorrido en el circuito de desarrollo de animación. El proyecto obtuvo fondos y concursos de desarrollo del Polo Audiovisual y de la Ciudad de Córdoba; fue seleccionado en laboratorios especializados como APA LAB, SMOF y Animarkt; y recibió mentorías de referentes internacionales del stop motion.

Ese camino también le valió múltiples premios y reconocimientos, entre ellos becas y apoyos para coproducción. En este punto, pueden encolumnarse el Programa de Mentorías para Creadoras Animation! de Ventana Sur y los premios RECAM y Greenpeace.
Además, despertó el interés de productoras de distintos países y derivó en una alianza de trabajo con la uruguaya Cuenco Cine.
La serie es una ficción animada de 10 episodios autoconclusivos (que aún se encuentra en etapa de desarrollo) y sigue el viaje de Guazú, Huillín y Chipi, tres animales autóctonos en peligro de extinción. Ellos son un aguará guazú, una nutria de río y un pudú y juntos emprenden una travesía guiados por un misterioso mapa en busca de Terraverde, una reserva natural donde esperan encontrar un futuro mejor. Pero, en el camino, enfrentarán distintos desafíos que pondrán a prueba su amistad y les enseñarán el valor de la cooperación, el respeto por la naturaleza y el trabajo en equipo.
"Yo tenía esta idea dando vueltas desde hacía tiempo. Quería hablar, principalmente, de los incendios forestales en Córdoba. Todos los años, cuando llegan octubre y noviembre, sabemos lo que sucede. Ese año habían evacuado la casa de mis papás, que viven en las sierras de Córdoba, por culpa de los incendios y estuvieron muy cerca de perderlo todo”, recuerda Poli.
“A partir de eso empecé a escribir esta serie, que aborda las problemáticas medioambientales, pero, sobre todo, los valores de comunidad que queremos transmitirles a las infancias. Es una historia que está pensada para niños y niñas de entre 3 y 5 años”, precisa.

–¿Cómo es un día de rodaje y, para poder dimensionar, cuántas horas de filmación se requieren para lograr un segundo de animación en stop motion?
–Los rodajes en stop motion son hermosos y muy distintos de lo que el público suele imaginar, porque hay muchísimo trabajo previo. Pensá que cada pequeño detalle que aparece en pantalla, la escenografía, la casita del personaje, el personaje mismo, está hecho con nuestras manos. Toda la etapa de arte lleva muchísimo tiempo y participan muchas personas para que todo quede impecable. Cuando finalmente empieza la animación, que es el rodaje en sí, hay una, dos o tres personas en el set, como mucho, y el trabajo es muy lento. Hay que mantener un estado casi zen, de mucha calma. Mientras el equipo de arte prepara el escenario, la dirección de fotografía ajusta la iluminación y todo queda listo, quien anima pasa ocho horas moviendo apenas los muñecos y tomando una foto tras otra. En una jornada de ocho horas, calculamos que se logran entre uno y tres segundos de animación.
En un contexto atravesado por la inmediatez, las pantallas y la inteligencia artificial, los tiempos del stop motion parecen ir a contramano de la lógica dominante. Sin embargo, el recorrido de Las Aventuras hacia Terraverde demuestra que todavía vale la pena tomarse el tiempo. Que algunas historias, cuando tienen algo para decir y están hechas con dedicación, encuentran su lugar.

