Casas saludables. La revolución de la construcción sustentable cambia la forma de vivir

Los estándares Passive House implican menos consumo energético, mejor calidad del aire y un enfoque cada vez más centrado en la salud de las personas. ¿Qué hay detrás de este cambio y por qué empieza a ganar terreno en Argentina?

22 de abril de 2026 a las 06:28 p. m.
La revolución de la construcción sustentable cambia la forma de vivir
El estándar Passive House prioriza la eficiencia energética y la calidad del aire para crear espacios que cuidan la salud y el planeta.

Sentados en una esquina tranquila de la zona norte de Córdoba, el café tiene algo distinto. No se trata del aroma, su textura o gusto, si no del espacio que lo contiene. Y es que en ese cuadrado lleno de mesas y personas enfrascadas en sus conversaciones, no sólo la luz que entra es pareja sino que el silencio sorprende.

Hay una sensación difícil de explicar: el ambiente es estable, amable, confortable. No hay frío ni calor extremos. No hay humedad ni ruidos invasivos.

La observación no es menor, porque hace a la experiencia. El lugar cuenta con aislación de celulosa proyectada en su techo. Este nuevo y prometedor cafecito es un cliente de Emat que comparte una misma búsqueda: construir espacios más eficientes, saludables y conscientes.

En ese lugar estaba Evangelina Morello, una arquitecta que viene trabajando desde hace años bajo estándares de certificación Passive House junto a su estudio, Cuaranta Morello. Una profesional experimentada, de convicciones claras, que hace tiempo decidió qué tipo de arquitectura quería hacer y cuál no.

Amable, curiosa y profundamente comprometida, habla con la tranquilidad de quien no sigue tendencias, sino que construye desde una forma de pensar.

¿Qué es una casa Passive House?

El estándar Passive House Institute (Passivhaus) nació en Alemania y hoy es uno de los modelos más exigentes del mundo en términos de eficiencia energética y de calidad del aire interior.

Su objetivo es simple, pero ambicioso: reducir al mínimo el consumo energético sin resignar confort.

Este material de origen reciclado permite mejorar el confort de viviendas y comercios sin necesidad de realizar obras estructurales complejas.
Este material de origen reciclado permite mejorar el confort de viviendas y comercios sin necesidad de realizar obras estructurales complejas. (Emat)

El “ABC” de este tipo de construcciones se basa en cinco principios: aislación térmica de alto rendimiento, eliminación de puentes térmicos, carpinterías eficientes (herméticas), hermeticidad del aire (control de infiltraciones) y ventilación mecánica controlada con recuperación de calor.

El resultado es viviendas que consumen hasta un 90% menos de energía para climatización respecto a construcciones tradicionales.

Un estándar que crece

Aunque en Argentina aún es incipiente, el crecimiento de esta tendencia es sostenido. A nivel global, existen más de 80.000 edificios certificados Passive House y millones construidos bajo sus principios.

En Latinoamérica, países como Chile, México y Brasil vienen avanzando con proyectos certificados y formación profesional.

Mientras que en Argentina, si bien el número de certificaciones aún es bajo (decenas de proyectos), cada vez más estudios de arquitectura comienzan a trabajar bajo estos estándares.

Este crecimiento responde a una realidad difícil de ignorar: el sector de la construcción es responsable de cerca del 37% de las emisiones globales de dióxido de carbono, según el United Nations Environment Programme.

Construir mejor también es una cuestión de salud

P la arquitecta, hay algo incluso más importante que la eficiencia energética y no puede evitar responsabilizarse por el impacto y la huella que el sector deja a lo largo y ancho de nuestro planeta: “La construcción es un gran responsable del cambio climático que afrontamos y hay demasiada investigación con datos que lo confirman”.

“No podemos negar que lo que le hace mal al planeta también le hace mal al ser humano”, explica Morello. En ese punto, aparece un enfoque que muchas veces queda en segundo plano: la salud dentro de los espacios que habitamos.

Evangelina lo explica de esta forma: “Las construcciones que hemos hecho enferman a las personas y se supone que nuestros espacios de vivienda son esos lugares en donde nos debemos sentir acogidos y protegidos; hablar de construcción sustentable es también pensar en la salud de las personas”.

Hay problemas respiratorios, alergias y afecciones en la piel que se vinculan directamente con materiales de construcción y de decoración con emisiones nocivas, con falta de ventilación adecuada y con la presencia de humedad o moho.

“Estos materiales nuevos que nos deslumbran por su practicidad, muchas veces derivados del plástico, generan emisiones a niveles nocivos para sus habitantes”, confirma la especialista.

En este punto, el estándar Passive House vuelve a marcar una diferencia: no sólo busca eficiencia, sino también calidad del aire interior constante.

Diseñar con criterio: volver a lo esencial

Más allá de la tecnología, hay una idea que atraviesa toda la conversación. La arquitectura sustentable no empieza en los materiales sino en las decisiones. Y para tomar las elecciones correctas hay que estar informados.

La celulosa proyectada garantiza ambientes con temperatura estable y un silencio sorprendente, eliminando ruidos invasivos y humedad.
La celulosa proyectada garantiza ambientes con temperatura estable y un silencio sorprendente, eliminando ruidos invasivos y humedad. (Emat)

Contar con un equipo de profesionales (arquitectos y constructores) que entienda de estas necesidades es muy importante. Y a contramano del mito urbano que indica que lo sustentable equivale a costoso, hay decisiones que no cuestan nada: la orientación del terreno, el aprovechamiento del sol, el respeto por la vegetación nativa y la relación con el entorno.

Si ya construimos, ¿llegamos tarde?

La realidad muchas veces no permite mudarse, volver a construir o refaccionar desde cero, pero hay cambios constructivos que no necesariamente son tan drásticos o costosos. “Siempre hay opciones, porque la sustentabilidad puede ser de muy bajo costo y a veces se puede comenzar mejorando algunas cosas sencillas como la ventilación y el aislamiento”.

En esas decisiones es donde soluciones como la celulosa proyectada toman protagonismo: permiten mejorar la eficiencia térmica, acústica y el confort sin necesidad de intervenir estructuralmente toda la vivienda.

Una forma distinta de construir (y de elegir)

El trabajo conjunto entre Emat y estudios como Cuaranta Morello refleja una tendencia que crece y se multiplica: la de profesionales que no sólo diseñan espacios, sino que también piensan en su impacto a largo plazo.

“Lo que elegimos en nuestra vivienda, consumo o vestimenta incide en nuestra calidad de vida”, asegura la arquitecta.

En un contexto donde la construcción necesita transformarse, hablar de eficiencia ya no alcanza. Hay que hablar de salud, bienestar, responsabilidad y, sobre todo, de decisiones. Porque construir mejor no es sólo una posibilidad técnica, sino una forma de vivir.