25 aniversario. Grido, 25 años de momentos felices
Con una mirada estratégica y foco en el consumidor, Grido redefinió el negocio del helado, integrando producción,franquicias y tecnología para llegar cada vez a más personas.
Grido cumple 25 años desde que Lucas Oscar Santiago y sus hijos Lucas y Sebastián, pudieron resolver una demanda insatisfecha durante muchos años. En Córdoba, en Argentina, la gente quería consumir más helado, pero no podía.
Para quienes puedan remontarse a su niñez (o para que puedan imaginarlo), el helado se presentaba como algo reservado para pocas oportunidades.
Las heladerías estaban a una distancia considerable y el precio de un helado conformaba una barrera determinante para definir un hábito regular en la feliz costumbre que significa la experiencia completa de entrar a una heladería.
Pero esa lectura no fue casual porque la relación de los Santiago con el helado comenzó muchos años antes, cuando el padre homónimo de Don Lucas Oscar, ingresó a trabajar en Laponia, la marca de helados de Águila.
Desde Córdoba participaba con foco comercial en la inserción de la marca. Cuando llegó la edad de jubilarse, Lucas solicitó una zona para continuar, junto a sus hijos, comercializando los productos de Laponia. En ese acto se estaba trasladando el legado Santiago/helados a la siguiente generación.
Generación que años más tarde se conformó en proveedora de insumos para el mundo heladero. Eso le permitió a Don Lucas Oscar recorrer el país y conocer como pocos la realidad del rubro.

Una heladería propia en Alberdi
En la década del 80 habiendo pasado mucho helado bajo el puente, habiendo compartido mucha información, Lucas decidió abrir su propia heladería, la icónica Marvic de la plaza Jerónimo del Barco en el barrio de Alberdi. Allí se abrieron dos puertas muy importantes: la producción de helado y la creación de la experiencia con el cliente.
En esos años Don Lucas mantuvo una obsesión en entender cuáles eran las necesidades del cliente. Cuándo, quién y cómo se decidía la compra, en qué se trasladaba, dónde estacionaba, qué sabores prefería, dónde tomaban su vasito o su cucurucho, cuánto tiempo permanecían.
Sus hijos que en ese momento respiraban naturalmente ese aire de producción y servicio, años más tarde se sumaron a la mesa de decisión.
Una mesa real, de una familia normal de barrio en la que se fueron sumando datos, análisis y decisiones que fueron conformando el fenómeno heladero que llegó años más tarde. Había un número que los inquietaba, los argentinos consumían sólo 3 kilos de helado per cápita por año, poco comparado con países que llegaban a 25. En esa mesa se consensuó que había que escalar esta experiencia a otro nivel para que cada vez más personas, más cantidad de veces pudieran disfrutar de un helado cercano en distancia, precio y calidad.
Nacen las franquicias

El formato de franquicias fue el medio para canalizar ese sueño. Los Santiago pensaban en grande y ese sistema garantizaba la posibilidad de crecimiento junto a emprendedores estratégicos que se contagiaran con la idea de crecer con la nueva marca que estaba naciendo.
Corría el año 2000 la marca fue Criko y así se estampó en las cartelerías de las primeras franquicias. Sin embargo, una publicidad de Tinelli traería la noticia que esa marca ya estaba registrada por otra marca de helados. Había que cambiar fácil y rápido.
Cambiar dos letras fue lo más fácil y así nació Grido. Que por casualidad significaba Grito en italiano. La traducción quedó muy bien para lo que significó Grido en el mundo del helado. Otros dos hermanos se sumaron a la actividad diaria, Celeste y Gonzalo.
El crecimiento fue rápido, la demanda insatisfecha era real. Los barrios primero, las ciudades después y las provincias. De la heladería de Alberdi se pasó a una primera planta en barrio General Paz y pocos años después al Parque Industrial Ferreyra, donde hoy, 25 años después se producen 95 millones de kilos de helado, en una planta de 35 mil m2 que incluyen una cámara de frío para 15M de kilos, 7 líneas, una de ellas con 2 paliteras que producen 80 mil palitos por hora.
Grido cruzó las fronteras hacia Chile, Paraguay, Uruguay y Perú. Las franquicias pasaron las 2 mil. Muchos números podrían sumarse pero los más importantes son, sin dudas, los del impacto que generan en el ecosistema productivo del sector. Una región entera se desarrolla: tambos, productores de frutas, proveedores de insumos, de tecnología, de conocimiento, de servicios de los más diversos.
Son miles de proveedores de nuestro país, es una comunidad muy grande de personas que viven de lo que les apasiona hacer. En las 2 mil franquicias trabajan más de 10.000 colaboradores de franquicia y en fábrica mil colaboradores.
El impacto en las personas es un foco de Grido, por eso en el año 2019 crearon las Heladerías Sociales, un proyecto de Negocio Inclusivo que apunta al autoempleo, para que las personas puedan aprender a emprender con el hermoso oficio del heladero, de la mano de los propios franquiciados Grido. Más de 800 mujeres hoy son dueñas de su heladería en lugares donde el helado se disfruta de manera especial.
Conciencia ambiental

La conciencia ambiental también se genera desde los tambos donde la lechería climáticamente inteligente pone en acción 148 buenas prácticas, hasta el ecodiseño de los packaging.
Aquella cifra de 3 kilos ascendió a más de 9 kilos per cápita por año. De la mano de Grido el helado perdió estacionalidad, cientos de nuevas marcas fortalecieron la industria del helado, con mayor profesionalización, mejor tecnología.
Argentina se convirtió en uno de los mayores productores de helados del mundo. “La sonrisa que nos identifica se debe a lo lindo de nuestra historia, a la comunidad que conformamos, al impacto positivo que generamos y a la evolución constante que proyectamos”, dice un colaborador. Y quizás esa sea la mejor síntesis.

