Economía circular. Qué pasa con las baterías cuando dejan de servir para los autos eléctricos

Lejos de convertirse en residuos, muchas conservan hasta el 80% de su capacidad y pueden seguir almacenando energía durante años.

24 de junio de 2026 a las 12:32 p. m.
Qué pasa con las baterías cuando dejan de servir para los autos eléctricos
Qué pasa con las baterías cuando dejan de servir para los autos eléctricos

La expansión de los vehículos eléctricos y de las energías renovables abrió un debate que va más allá de la movilidad sustentable: ¿qué ocurre con las baterías cuando terminan su vida útil?

La respuesta sorprende. En muchos casos, esos equipos todavía tienen mucho para aportar. Aunque una batería deje de ser adecuada para impulsar un automóvil, puede continuar funcionando durante años en otras aplicaciones vinculadas al almacenamiento energético.

Este concepto, conocido como “segunda vida”, se convirtió en una de las estrategias más prometedoras para mejorar la sustentabilidad de la transición energética y reducir el impacto ambiental asociado a la fabricación de nuevas baterías.

“El cambio está sucediendo y debemos estar atentos a este nuevo desafío tecnológico”, señala el ingeniero electricista electrónico Flavio González, quien destaca que la reutilización de estos sistemas forma parte de una nueva visión de la energía basada en la eficiencia y el aprovechamiento integral de los recursos.

Qué pasa con las baterías cuando dejan de servir para los autos eléctricos
Qué pasa con las baterías cuando dejan de servir para los autos eléctricos (Reciclaelectronic)

Cuando una batería deja el auto, no termina su historia

Las baterías de ion-litio utilizadas en vehículos eléctricos pierden progresivamente capacidad con el paso de los años y los ciclos de carga. Sin embargo, eso no significa que dejen de funcionar.

De acuerdo con especialistas del sector, cuando una batería conserva entre el 70% y el 80% de su capacidad original suele dejar de ser conveniente para la movilidad, donde tienen especial importancia las descargas rápidas (aceleración) y las cargas ultrarrápidas (estaciones de carga en carretera). Pero ese mismo nivel de rendimiento puede resultar más que suficiente para otras aplicaciones estacionarias.

En lugar de ser descartadas, estas baterías pueden reutilizarse para almacenar energía proveniente de paneles solares, alimentar sistemas de respaldo para viviendas, abastecer pequeñas industrias o contribuir a la estabilidad de redes eléctricas locales, donde los ciclos son más lentos y graduales.

“Es común que las baterías que ya no son eficientes para un vehículo se reutilicen como almacenamiento para energía solar. En esta segunda vida, su peso ya no importa y pueden seguir siendo útiles durante más de diez años”, explica González.

Una pieza clave para las energías renovables

La necesidad de almacenar energía es uno de los principales desafíos que enfrentan las fuentes renovables.

La generación solar depende de la radiación disponible durante el día, mientras que la energía eólica está condicionada por la presencia de viento. En ambos casos, la producción no siempre coincide con los momentos de mayor demanda.

Por eso, los sistemas de almacenamiento se vuelven fundamentales para garantizar un suministro continuo.

Las baterías reutilizadas pueden cumplir un papel importante en este escenario. Almacenan la energía producida durante las horas de mayor generación y la liberan cuando la demanda aumenta o la producción disminuye.

Este esquema no sólo mejora la eficiencia de las instalaciones renovables, sino que además permite extender la vida útil de equipos que de otro modo serían reemplazados prematuramente.

Diferentes baterías para distintas funciones

Aunque muchas utilizan tecnología de ion-litio, las baterías destinadas a vehículos eléctricos y las empleadas para almacenamiento estacionario responden a necesidades distintas.

Las utilizadas en automóviles están diseñadas para ofrecer la mayor cantidad de energía posible en el menor espacio y peso. La prioridad es maximizar la autonomía y responder rápidamente a las exigencias de aceleración y cargas ultrarrápidas.

En cambio, los sistemas estacionarios privilegian la durabilidad, la estabilidad y la seguridad. Como permanecen fijos, el peso deja de ser una limitación importante y el objetivo pasa a ser soportar miles de ciclos de carga y descarga durante muchos años.

Esta diferencia explica por qué una batería que ya no resulta ideal para un vehículo puede continuar prestando servicio de manera eficiente en instalaciones energéticas.

El desafío del reciclaje

Incluso las baterías reutilizadas llegan eventualmente al final de su vida útil. Cuando eso ocurre, el siguiente paso es el reciclaje.

La recuperación de materiales como litio, cobre, níquel, aluminio y otros componentes estratégicos aparece como uno de los grandes desafíos industriales de las próximas décadas.

El crecimiento del mercado de vehículos eléctricos anticipa que millones de baterías deberán ser procesadas en el futuro. Por eso, numerosos países y empresas trabajan en tecnologías que permitan recuperar una parte significativa de esos materiales para reinsertarlos en nuevos procesos productivos.

La ingeniería tiene un papel central en este proceso, ya que el desarrollo de sistemas eficientes de reciclaje será determinante para reducir la necesidad de extraer nuevos recursos naturales y disminuir el impacto ambiental de la industria.

Una oportunidad para la economía circular

La transición energética suele asociarse con paneles solares, parques eólicos o vehículos eléctricos. Sin embargo, detrás de esas tecnologías existe una cadena de innovación que busca aprovechar cada recurso durante el mayor tiempo posible.

La reutilización de baterías es un ejemplo concreto de cómo la economía circular puede integrarse al sector energético. En lugar de convertirse rápidamente en residuos, estos equipos pueden tener una segunda vida útil y continuar aportando valor durante más de una década.

A medida que crecen las energías renovables y la movilidad eléctrica, también aumenta la necesidad de soluciones inteligentes para gestionar el almacenamiento y el aprovechamiento de los materiales.

En ese camino, la ingeniería aparece como una disciplina clave para transformar un desafío tecnológico y ambiental en una oportunidad para construir sistemas energéticos más eficientes, resilientes y sostenibles.