Inclusión. Discapacidad: cuando el Derecho y la Salud se unen para derribar barreras
El Colegio de Abogados de Córdoba y el Consejo de Médicos presentaron una guía interdisciplinaria para mejorar el acceso a prestaciones, reducir barreras en la atención y promover una mirada más accesible, integral y humana.
Hay barreras que no siempre se ven. Una guardia médica que no sabe cómo recibir a una persona con una discapacidad no visible, una familia que debe explicar una y otra vez la misma situación frente a cada profesional, una rampa mal diseñada, una historia clínica que no advierte que un paciente necesita otro modo de comunicación, menor tiempo de espera o un abordaje particular.
Con esa mirada, el Colegio de Abogados de Córdoba y el Consejo de Médicos de la Provincia de Córdoba presentaron el pasado miércoles 1º de julio la Guía de Pautas Básicas para la Prescripción, Autorización y Auditoría de Prestaciones en Discapacidad, una herramienta interdisciplinaria que busca ordenar criterios entre médicos, abogados, auditores y prestadores para garantizar un acceso más justo y efectivo a los derechos.
La actividad fue organizada por la Sala de Derecho de las Personas con Discapacidad, la Comisión de Articulación de Mujeres Abogadas hacia la Equidad de Género y la Comisión de Mujeres Médicas del Consejo de Médicos, en el marco del trabajo conjunto que ambas instituciones vienen desarrollando. Además, la jornada contó con una intérprete en Lengua de Señas, un avance significativo en materia de accesibilidad institucional.
Una herramienta para unificar criterios entre Derecho y Salud
El presidente del Colegio de Abogados de Córdoba, Eduardo Bittar, sostuvo que la discapacidad debe ocupar un lugar permanente en la agenda pública, profesional e institucional.
“Tenemos que seguir empujando para que la discapacidad sea realmente una asignatura vigente en los colegios profesionales, en la gente y en la Justicia. Así como la Justicia hoy está juzgando muchas cuestiones con perspectiva de género, también es un deber que analice y juzgue con perspectiva de discapacidad todos los casos que lleguen a su alcance”, afirmó Bittar.
Desde el Consejo de Médicos, su presidente, Héctor Oviedo, remarcó que “no hay salud real sin equidad” y destacó que la guía busca aportar herramientas concretas para derribar inequidades en el acceso a la salud y a las prestaciones. El documento parte de una idea central: la discapacidad no puede entenderse sólo como un diagnóstico médico. Desde el modelo biopsicosocial y de derechos humanos, se la comprende como el resultado de la interacción entre una persona y las barreras que le impone el entorno. Por eso, el objetivo no es sólo autorizar o auditar una prestación, sino acompañar proyectos de vida, autonomía y participación social.
Uno de los debates más importantes de la jornada fue la necesidad de incorporar la discapacidad en las currículas universitarias, no como materia aislada, sino como una perspectiva transversal en carreras como Medicina, Abogacía, Arquitectura, Ingeniería, Comunicación y Educación. “Buscamos profesionales que puedan atender y acompañar a cualquier persona de la sociedad, incluidas las personas con discapacidad”, se planteó durante el encuentro.
También se presentó una propuesta concreta: incorporar alertas o señalizaciones de ajustes razonables en las historias clínicas digitales. La iniciativa busca que, desde el primer contacto con una guardia, un consultorio o un vacunatorio, el sistema de salud pueda advertir si una persona requiere apoyos específicos de comunicación, adaptación del lenguaje, menor tiempo de espera o una atención diferenciada.

Aportes de expertos
La magíster en Psicopedagogía Magdalena Toledo subrayó la importancia de que las historias clínicas digitales incorporen información relevante para una atención adecuada, especialmente en aquellos casos en los que la discapacidad no es evidente a simple vista. “Es fundamental que conste en esa historia clínica el diagnóstico del paciente, la condición, la deficiencia o la discapacidad, porque hay deficiencias que no son visuales”, sostuvo.
Toledo explicó que muchas condiciones requieren que el equipo de salud pueda anticipar el modo de abordaje. “El médico tiene que saber, al entrar a la historia clínica, que se va a encontrar con un paciente especial, para preparar y adaptar su atención médica a ese paciente”, señaló. La especialista remarcó que esta información no busca etiquetar a las personas, sino facilitar una respuesta más humana y eficaz.
En ese sentido, advirtió que el tiempo de espera, la falta de información o una comunicación inadecuada pueden aumentar el malestar, la irritabilidad o la angustia de niños, jóvenes y adultos con determinadas condiciones. “La salud inclusiva es fundamental, y la historia clínica apuntando a una equidad también es fundamental. Es clave que contemos con este recurso”, remarcó.
Durante el encuentro también se destacó que la accesibilidad no beneficia sólo a las personas con discapacidad. Una persona embarazada, alguien con una fractura, un adulto mayor o quien lleva una valija pesada puede necesitar, en algún momento, un entorno más accesible. “La accesibilidad es necesaria para el 15% de la población, útil para el 40% y beneficiosa para el 100%”, se subrayó en el encuentro.
La jornada dejó un mensaje claro: la inclusión no empieza cuando una persona reclama. Empieza antes, cuando las instituciones diseñan sistemas capaces de recibir mejor a todos. En esa tarea, Derecho y Salud dieron un paso conjunto en Córdoba para construir una sociedad más accesible, más justa y más humana.

